25 de enero 2008 - 00:00

"Gorda" que provoca carcajadas amargas

La actriz española Mireia Gubianas y Gabriel Goity en la buena versión dirigida por DanielVeronese de la interesante «Gorda» de Neil LaBute.
La actriz española Mireia Gubianas y Gabriel Goity en la buena versión dirigida por Daniel Veronese de la interesante «Gorda» de Neil LaBute.
«Gorda» de N. LaBute. Dir.: D. Veronese. Int.: G. Goity, J. Suárez, M. Socas y M. Gubianas. Esc.: A. Negrín. Dis. de luces: G. Córdova. Vest.: L. Singh. (Paseo La Plaza, sala Pablo Picasso.)

El último en celebrar la belleza de las obesas fue Federico Fellini, quien asociaba a esas mujeronas, maternales y voluptuosas, con sus primeras experiencias sexuales. Tanto él, como muchos otros artistas a lo largo de la historia fueron absorbidos por la misma fantasía de sumergirse en esas voluminosas topografías. El esplendor de la carne fue celebrado como fuente de placer, abismo y refugio; pero un día los cánones de belleza cambiaron y hubo que descartar todo lastre adiposo.

Hoy la gordura es considerada la más execrable de las perversiones. Así lo entendió el dramaturgo, guionista y cineasta Neil LaBute, famoso por su cruel enfoque de las relaciones humanas y por poner en boca de sus personajes aquello que nadie se atreve a decir.

«Gorda» es una comedia que intenta demostrar, a través de situaciones muy concretas e incluso irritantes, cuán peligrosa puede ser una sociedad que condena a los diferentes, y para ello parte de una cuestión más específica aún: ¿puede un hombre atractivo y con cierto status enamorarse de una gorda?

El hombre en cuestión es Tommy (Gabriel Goity) un ejecutivo de nivel medio, muy inseguro en cuestiones amorosas, que un día conoce a Helena (la española Mireia Gubianas), una bibliotecaria muy simpática e inteligente y queda seducido por su desparpajo, su inesperada afición a las películas bélicas y su curioso sentido del humor: ella es la primera en hacer bromas sobre su gordura. Tommy cree haber encontrado al amor de su vida, pero todo se complica cuando su insoportable amigote de oficina Nacho (Jorge Suárez) empieza a hostigarlo y a burlarse de él por salir con una gorda. Para empeorar más las cosas, la elegante y delgadísima Juana (María Zocas) con quien Tommy salió por un tiempo, cree enloquecer cuando se entera de quién es su reemplazante.

El texto de LaBute tiene varios momentos desopilantes, entre los que se destacan el primer encuentro entre Tommy y Helena, la escena en que Nacho los descubre en un restaurante o cuando le roba a Tommy una foto de su amada. En cambio, resultan menos convincentes los reiterados reclamos de Juana o cuando Nacho justifica su rechazo a la obesidad con un traumático recuerdo de infancia.

La puesta de Daniel Veronese cuenta con muy buenas actuaciones, empezando por Gubianas, quien ya protagonizó la obra en Barcelona. Su interpretación tiene encanto y naturalidad. También hay que reconocerle que ha sido muy valiente al exponer su cuerpo en situaciones que no dejan de resultar agresivas para una actriz. Por más que se trate de una ficción, todo el tiempo se está denostando en el escenario algo que es absolutamente real y que forma parte de ella, su obesidad. La escena de sexo que juega con Goity está muy bien jugada y resulta inquietante, pero tratándose de un apasionado encuentro sexual quizás hubiera sido más apropiado que estuvieran desnudos.

Más allá de la subjetividad de estas apreciaciones, es justo señalar que en esta segunda incursión Veronese por el teatro comercial -luego de «El método Gronhölm»- ha sido un acierto. El dramaturgo y director transformó una obra algo esquemática en una comedia entretenida y con personajes muy creíbles, como el de Suárez, quien brinda aquí una actuación memorable.

El continuo cambio de locaciones que pide la pieza («Gorda» tiene la estructura de un script de cine) se resolvió mediante una escenografía móvil que permite agilizar el pasaje entre escena y escena. Veronese subrayó el dilema del protagonista sin descuidar ningún detalle; así muestra, paso a paso, cómo Tommy va dejándose arrastrar por los prejuicios de su entorno hasta el pánico final cuando se da cuenta que aquello que más desea puede condenarlo a la exclusión.

Sin ser una gran obra, «Gorda» logra que el público disfrute de su comicidad mientras siente escalofríos.

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