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30 de agosto 2007 - 00:00

Indagación más allá de los dos demonios

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En «M», el director Nicolás Prividera investiga la desaparición de su madre en los 70 sin dejar títere con cabeza.
«M» (Argentina, 2007, habl. en español). Guión y dir.: Nicolás Prividera. Documental.

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La bióloga Marta Sierra trabajaba en el INTA de Castelar, participando asimismo en actividades sindicales y en cursos de alfabetización de vecinos pobres, a cargo de lo que entonces se llamaban « organismos de superficie» de los Montoneros. Cinco días después del golpe de 1976, fue detenida en su lugar de trabajo. Nunca más se supo. Su hijo Nicolás Prividera tenía apenas seis años. Ahora, que cumplió la misma edad de su madre al desaparecer, hace este intenso y extenso requerimiento documental en busca de datos, y de responsables. Y no deja títere con cabeza.

Militantes, militares, vecinos, colegas, burócratas del actual gobierno, y hasta algún pariente, todos caen bajo sospecha, son indagados ante cámara, y perentoriamente puestos a juicio. Lo interesante es que carga parejamente las tintas contra el gobierno militar y contra sus adversarios armados. Pero no tanto porque adhiera a la teoría de los dos demonios, sino porque evidencia que, más que demonios, muchos «montos» eran imbéciles. Unos por perejiles, otros por cobardes, que después de tanto alardear escabulleron el bulto dejando indefensos a los de superficie. La gloriosa juventud pierde su gloria ante los ojos de sus descendientes.

El resto tampoco queda bien parado, desde Jorge Zorreguieta, entonces secretario de Agricultura y hoy consuegro de la reina de Holanda, para abajo. Y desde los empleados de aquel tiempo, que se lavaron las manos, hasta los burócratas de ahora, que, alimentados a discursos, repiten frases hechas. En la volteada también cae la viuda de un guerrillero suicida que rehizo su vida con «un represor». ¿Qué queda para respetar? Solo la ilusión inocente y la dedicación generosa de los militantes de base («Qué buen vasallo fuera, / si hubiera buen señor», recordaba el final de «Cazadores de utopías»). Prividera inquisidor, se pone delante de la cámara. Los tiempos cambiaron mucho desde que, hace justo veinte años, Carlos Echeverría hizo el documental «Juan, como si nada hubiera sucedido», minuciosa investigación sobre la suerte de un amigo, que era también una riesgosa investigación, como queda evidenciado en muchas tomas donde se ve cómo algunos entrevistados amenazan y hasta agreden al periodista Esteban Buch. Ahora, el agresivo es el propio documentalista, que, un poco altanero, se lleva a unos cuantos entrevistados por delante, con un resentimiento que parece agrandarse, y no siempre se justifica.

Obra, de todos modos, interesante y muy señalable, más allá de su extensión y de algunas reiteraciones (y de la arrogancia de ponerle a su film el mismo título de un clásico de Fritz Lang, pero eso es otra cosa). Productores ejecutivos, Pablo Ratto («El último confín») y Vanesa Ragone.

P.S.

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