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27 de agosto 2024 - 13:45

Juan Carrá: cuando la épica del western encuentra a lo gauchesco

Diálogo con el autor de la recientemente publicada "Cuatro caballos negros", novela ambientada en la Pampa, durante la llegada del ferrocarril, y en la que resuenan diversos géneros literarios.

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Juan Carrá acaba de publicar su nueva novela, "Cuatro caballos negros"

La tensión narrativa del policial duro, el western y la novela gauchesca se funden en “Cuatro caballos negros” (Negro Absoluto) de Juan Carrá rescatando y actualizando una gran tradición de nuestras letras. Carrá lleva publicados nueve libros. Distinguido en “Creación literaria” con el premio Alfonsina, es profesor en la Universidad Nacional de las Artes.

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Dialogamos con él.

Periodista: ¿Buscó recuperar la épica subversiva de la literatura gauchesca con su novela?

Juan Carrá: “Cuatro caballos negros” es un cruce entre el western y la gauchesca que transcurre en la Pampa en el momento que se está extendiendo el ferrocarril, alterando el mundo de los gauchos y volviéndolos sujetos desplazados. En la gauchesca el protagonista es perseguido por un Estado que, a la vez, permite que el delito prospere. Ese territorio sin ley, ese universo de acción y violencia, une a los gauchos matreros, pendencieros y corajudos, con los cowboys de los westerns.

P.: ¿Por qué sus grandes protagonistas son cuatro mujeres?

J.C.: Esas mujeres son sujetos tan sometidos, sojuzgados y desplazados como los gauchos. Provienen de distintos orígenes y son oprimidas de distintas formas, y se vuelven sujetos activos en buscar liberarse del sometimiento que sufren. Las estadounidenses Ethel viene escapando de la justicia, Nancy del racismo, La Polaca de la prostitución, la india Muda, del hombre que le cercenó la lengua.

P.: ¿En qué considera que se parecen el western y literatura gauchesca?

J.C.: Las coincidencias son muchas. El western aparece en Estados Unidos junto con la expansión hacia el oeste con colonos y aventureros. En Argentina la situación de los gauchos cambia cuando el ejército avanza hacia el sur buscando ampliar los territorios productivos, haciendo levas y exterminando las tribus que estaban allí ubicadas. Son dos narrativas coincidentes. El Saloon es el espacio de reproducción social del western, la Pulpería el del criollismo. Lugares de alcohol, juegos de naipes o de taba, de uniones y enfrentamientos, de tiros y cuchilladas. En la gauchesca la mayoría de las veces el protagonista es perseguido por un Estado. El territorio sin ley une a los gauchos matreros, pendencieros y corajudos con los cowboys de los westerns. “Cuatro caballos negros” une esas dos tradiciones, es un western en nuestras pampas, enlaza la tensión dramática que es la gran protagonista de esas dos literaturas.

P.: ¿Es el caso de ese payador que le canta a un gaucho que nunca se baja del caballo?

J.C.: Es un homenaje a Antonio Di Benedetto. Lo que canta el payador Santos Vega en la pulpería son versos míos sobre el gaucho penitente del cuento “Aballay”, donde Di Benedetto unió la literatura estadounidense con la nuestra. Y que luego a Fernando Spiner le sirvió para filmar un western y hacer una historieta,

P.: El dueño del prostíbulo, que regentea La Polaca, es Arturo Haffner, el Rufián Melancólico, el personaje de Arlt. ¿Buscó hacer una precuela de “Los siete locos”?

J.C.: No. En mi novela Haffner no es aún un rufián melancólico, es un explotador de mujeres. El de Arlt es un personaje cálido, un teórico que planea una revolución social. Me interesaba mostrar, trayéndolo, como a través de Arlt la gauchesca tiene su continuidad en la novela social y criminal que recupera los personajes que van quedando en las orillas del mundo urbano. En ese sentido, Mempo Giardinelli sostiene que las novelas de vaqueros prefiguran la novela negra posterior.

P.: Ethel, la millonaria que se vuelve estanciera ¿es Ethel Place la mujer de Sundance Kid?

J.C.: Cuando empecé esta novela iba a escribir sobre el famoso grupo de Butch Cassidy, Sundance Kid y Ethel Place en la Patagonia, pero un amigo me contó que Miguel Ángel Molfino estaba escribiendo “Pampa del infierno”, una novela sobre Butch Cassidy. Me decidí a hacer una transformación, cambiar mucho y quedarme con algo, por ejemplo, con Ethel, la pistolera de Estados Unidos, que perseguida se viene a la Argentina con tanta experiencia como dólares. En su viaje, ella que está sola, empieza hacerse de amigas. Nancy, bella joven negra cantante. La Polaca, para Haffner demasiado linda para ser una puta común, eso me permitió jugar con la primera red de trata que hubo en el país. Después el drama me trajo la hija de esta tierra que es enmudecida.

P.: ¿Qué lo llevó a incluir en la Pampa una cantante negra?

J.C.: Me di el gusto de poner en la novela todo lo que en algún punto me gusta. Nancy es un personaje de la literatura sureña, la de Faulkner, Flannery O’Connor, Carson Mc Cullers, Lecturas que me marcaron. Así es como en “Cuatro caballos negros”, una novela de acción, de aventuras, de territorio, peleas de colt o facón, de amor y odio, de ritmo implacable, no deja de lado esa tensión social, de denuncia, típica de la tradición de la literatura del género.

P.: ¿Por qué hace intervenir un narrador en los momentos cruciales?

J.C.: Él hace posible que lenguajes tan cruzados, con personajes tan disímiles, se integren en el relato. De otro modo, con tantas voces, hubiera sido un collage poco posible. Tenía que contar con un cronista que va a contarnos algo que ha investigado. Lo que él piensa y lo que le dice un sentenciado a muerte. El narrador interviene para marcar el tiempo de lo que sucede. Cuando estaba concluyendo “Cuatro caballos negros” sentí que acaso era el comienzo de una saga. La idea está.

P.: ¿En qué está trabajando ahora?

J.C.: Justamente, tengo bastante empezada la continuidad de “Cuatro caballos negros”, y muchas intrigas sobre lo que va a suceder, lo que pasa con la banda que se ha formado, con a que se refiere el narrador cuando dice que tiene muchas otras cosas que contar de esa gente. Aparte, ahora estoy trabajando en un libro de no ficción sobre una familia víctima de la dictadura. Es un hecho real que se vincula con mi libro de cuentos “Ojos al Ras”, la novela “Agazapados”, y la novela gráfica “ESMA”, es una línea narrativa sobre temas de la dictadura.

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