12 de marzo 2014 - 00:20

Karin Lechner abre mañana temporada sinfónica del Colón

Karin Lechner, además de pianista también directora de orquesta: “Aún no me doy cuenta del efecto de dirigir tocando el piano, es un poco pronto y necesitaría más experiencia como directora”.
Karin Lechner, además de pianista también directora de orquesta: “Aún no me doy cuenta del efecto de dirigir tocando el piano, es un poco pronto y necesitaría más experiencia como directora”.
Mañana a las 20.30 se inicia el tradicional ciclo de conciertos de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires (que este año serán 18) en el Teatro Colón. Con un programa integrado exclusivamente por obras de compositores alemanes (la poco transitada obertura "Fausto" de Wagner, el Concierto para piano número 1 en sol menor opus 25 de Mendelssohn y la Sinfonía número 2 de Brahms), el concierto tendrá como director al norteamericano Ira Levin, y como solista a la pianista argentina radicada en Bruselas Karin Lechner. Dialogamos con ella:

Periodista: El concierto que interpretará es poco habitual. ¿Qué que lo que motivó su elección?

Karin Lechner: Cuando fui invitada a tocar me pidieron que mandara una selección de conciertos que querría abordar. Yo mandé los dos de Brahms, el de Gershwin que toqué hace algunos años, Beethoven, y otros que en este momento no recuerdo. Enrique Arturo Diemecke [Nota: director titular de la Filarmónica], sugirió un Mendelssohn, que podría ir bien en el programa. El segundo de los conciertos de Mendelssohn es raro, aunque muy bello, de manera que preferí el primero. Es muy Mendelssohn: tiene muchas notas pero también mucho lirismo, y la orquestación es muy buena.

P.: Al margen de su carrera como pianista, usted tiene experiencia en dirección orquestal. ¿Qué aporta esa disciplina a su desempeño como instrumentista?

K.L.: Aún no me doy cuenta del efecto de dirigir tocando el piano, es un poco pronto y necesitaría más experiencia como directora. La diferencia principal está en la forma en que mis oídos y mi cerebro perciben la música, en los colores. También en la anticipación, eso que es tan típico de la dirección, yo lo aplicaba en el piano sin darme cuenta, pero ahora tomo conciencia de eso. La diferencia en la orquesta es que hay que tener una idea muy clara de lo que se quiere y tomar decisiones al respecto, pero si en el momento del ensayo no resulta como uno lo pensaba hay que poder cambiar. Todo eso es muy interesante, y en el piano eso no es tan así. Dirigir innegablemente enriquece.

P.: Y en el sentido inverso, ¿qué parte de su bagaje como pianista enriquece su tarea en el podio?

K.L.:
De eso sí soy más consciente. El año pasado dirigí los "Nocturnos" de Debussy en Caracas (nota: en el marco de un festival que incluyó actuaciones junto a su hermano Sergio Tiempo, a su hija Natasha Binder y a su madre, Lyl Tiempo), y antes de los ensayos mis amigos me decían que no tenía que tener miedo, porque yo sabía lo que quería con la música, y eso me iba a dar la clave para dirigir bien. Si uno es músico, hace música en el piano, o dirigiendo, y si sabe lo que quiere lo puede transmitir a los músicos de una manera más clara. En los ensayos yo cantaba, expresaba lo que quería. También dirigí en esa oportunidad a Natasha en conciertos de Liszt y Ravel, y ahí mi ventaja era que yo conocía lo que ella hacía, y eso no siempre ocurre entre director y solista. No es frecuente.

P.: ¿Qué director de aquellos con los que colaboró a lo largo de su carrera le dejó un recuerdo especial?

K.L.:
Mi padre, Jorge Lechner, pianista y director, me dirigió en dos oportunidades, y ése es un recuerdo muy vívido y muy emotivo.

P.: Evidentemente cada regreso a Buenos Aires debe ser significativo para usted.

K.L.:
Cada vez que vuelvo es una excitación nueva. Lo que más extraño es la gente y su calidez. Buenos Aires me recibió con un sol pleno en todos los sentidos. El Colón era mi segundo hogar cuando yo vivía aquí, mi papá me llevaba al Teatro, donde él trabajaba, yo conocía a todos los empleados. Yo estaba inmersa en el mundo de la ópera desde niña, y él me guiaba en ese recorrido. Tuve esa suerte porque esa riqueza de estar en un mundo de música diferente es un privilegio. Hay cosas que cambiaron en el edificio, como la puerta de Cerrito, o los ascensores, pero la mística del Colón está intacta.
Entrevista de Margarita Pollini

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