La novela como sumo saber de lo humano

Espectáculos

Milan Kundera «El telón» (Barcelona, Tusquets, 2005, 202 págs.)


"Lo único que nos queda ante esta irremediable derrota que llamamos vida es intentar comprenderla. Esta es la razón del arte de la novela", sobre esta melancólica apología de la novela como la forma más alta de comprensión, el modo de extraer la belleza de la banalidad, de la reiteración, de lo abrumadoramente cotidiano, trata el nuevo ensayo de Kundera. La novela es para el autor de «La insoportable levedad del ser» la forma mas eficiente de conocer la realidad. Considera que a diferencia de otros modos interpretativos -los de la ciencia, la política, la historia, la filosofía, la psicología o la sociología- es la forma de llegar «al alma de las cosas». Explica que el narrador presenta hechos absteniéndose de abrir juicios morales sobre sus personajes. En esto Kundera coincide con el filósofo René Girard que en su libro «Mentira romántica, verdad novelesca» muestra como el novelista expresa verdades esenciales que están más allá del contenido superficial de su relato. Dado a encontrar el origen de ese saber, Kundera lo establece en tres hitos: las sagas islandesas, «Gargantua y Pantagruel» de Rabelais, y «Don Quijote de la Mancha» de Cervantes. Si Islandia marca el margen desde donde nace la narrativa occidental, afirma que «un telón mágico, tejido de leyendas, colgaba ante el mundo, cuando Cervantes envió de viaje a Don Quijote y rasgó el telón y el mundo se abrió ante el caballero andante en toda la desnudez cómica de su prosa». Esa apertura a la realidad hace que se unan la tragedia y la comedia, que «la prosa de la vida» permita que los «héroes» cuenten, por ejemplo, de sus dolores de dientes y no dejen de cabalgar por «el gran enigma del tiempo».

Esta es la tercera obra que el gran escritor checo dedica a reflexionar sobre su oficio. Si en «El arte de la novela» indagó los modos de novelar de Thoman Mann, Robert Musil, Hermann Broch y Gustave Flaubert, y en «Los testamentos traicionados» examinó, entre otras cosas, los procesos morales contra el arte del siglo, de Maiakovski a Céline, en éste «ensayo en siete partes» sube el telón para mostrar la gran escena humana que han sabido iluminar las novelas y a esos constantes pioneros que tratan siempre de nuevo «ver lo que otros no han visto y decir lo que otros no han dicho».

M.S.H.

Dejá tu comentario