3 de enero 2006 - 00:00

Más del Hitchcock desconocido

Acaba deaparecer enespañol lanueva biografíade AlfredHitchcock,«Vida deluces ysombras», enla que elescritorPatrickMcGilliganescarba ensus aspectosindiscretos.
Acaba de aparecer en español la nueva biografía de Alfred Hitchcock, «Vida de luces y sombras», en la que el escritor Patrick McGilligan escarba en sus aspectos indiscretos.
Barcelona (La Vanguardia) - Una biografía considerada canónica, «Alfred Hitchcock. La cara oculta del genio», de Donald Spoto, así como las entrevistas al cineasta realizadas por François Truffaut y recopiladas en un libro publicado por vez primera en 1966, y luego ampliado, constituyen dos pilares básicos para adentrarse en la enigmática personalidad y la obra fílmica de Alfred Hitchcock (Londres, 1899-Los Ángeles, 1980). A partir de ahora habrá que sumar «Alfred Hitchcock. Una vida de luces y sombras», de Patrick McGilligan.

Publicado originalmente en 2003, su traducción castellana (realizada por Josep Escarré) acaba de ser editada.

McGilligan
es un biógrafo contumaz: ha escrito interesantes libros sobre George Cukor, Fritz Lang, James Cagney, Jack Nicholson o Clint Eastwood. La biografía de este último, «Clint: la vida y la leyenda», le supuso una demanda por parte del actor y director por develar zonas oscuras de su existencia.

En su exhaustivo estudio sobre Hitchcock, McGilligan contaba con una ventaja inicial: haber coordinado los tres volúmenes de la serie «Back Story» (publicada aquí por Plot), lo que le permitió entrevistar a guionistas supervivientes del Hollywood clásico, incluyendo a algunos colaboradores de Hitchcock.

McGilligan
suele hablar de tres y hasta cuatro «hitchcocks», como si formaran una unidad. No es que todos fueran la misma persona, sino que Hitchcock, muy probablemente, no habría alcanzado sus cimas de popularidad y creación artística sin el concurso de otras personas, siempre próximas y leales. Tan próximas como, por ejemplo, su esposa y colaboradora, Alma Reville, con quien se casó el 2 de diciembre de 1926.

Cuando se conocieron, Alma era más famosa profesionalmente que su futuro marido, en calidad de montadora, guionista de continuidad y jefa de producción. La trinidad hitchcockiana se haría realidad mediante el concurso de otra persona, una joven de 26 años licenciada por la Sorbona, Joan Harrison, que desde 1933 se convirtió en ayudante personal del cineasta y en la persona, tras Alma Reville, con mayor influencia sobre él.

El cuarto Hitchcock era un guionista de cabecera, que se encerraba con la trinidad hitchcokiana para hilvanar la historia de cada película. Más tarde, otro guionista -ajeno al círculo íntimo- solía desarrollar aquel primer guión.

• Los inicios

Hitchcock contaba sólo 26 años cuando su película muda titulada «The lodger», («El inquilino», 1927) lo convirtió en el joven prodigio del cine británico y en pieza codiciada de productores norteamericanos de primera línea, como Samuel Goldwyn, Walter Wanger y David O. Selznick, quien acabó llevándoselo.

Selznick
estaba demasiado enfrascado en la posproducción de «Lo que el viento se llevó» (le pasó una bobina del film a Hitchcock y éste emitió un concienzudo y devastador informe sobre lo que había visto), así que dejó cierto margen de libertad a Hitchcock en la filmación de «Rebecca», su triunfal debut en el cine norteamericano.

En realidad, el primer proyecto hollywoodense del director británico debía ser
«Titanic», y Hitchcock trabajó algún tiempo en su desarrollo. Como los censores eliminaron del guión de «Rebecca» cualquier sugerencia -como ocurría en la novela de Daphne du Maurier- sobre algún posible vínculo sentimental entre la señora Danvers y la primera señora De Winter, Hitchcock coló planos como el de Judith Anderson (Danvers) acariciando la lencería de Rebecca.

Aunque fiel a su restringido círculo de amigos y colaboradores,
Hitchcock era temido por sus terribles bromas. Mc-Gilligan enumera muchas en su biografía. Porque «las bromas también eran una manera de estar por encima de los demás». Según su ayudante Michael Powell, luego ilustre cineasta («Peeping Tom») sería uno de sus títulos míticos, el día que acudió como fotógrafo al set y vio a Hitchcock, su impresión fue que «era el joven más gordo que había visto» (...) «Me miró de reojo, con esa mirada de cerdito hundida sobre sus regordetas mejillas. A Hitchcock se le escapaban pocas cosas con esa mirada de cerdito». Además, «le encantaba decir obscenidades. Era una forma de compensar un físico obeso y torpe».

Según McGilligan, a Hitchcock «le gustaba decir que sólo había practicado el sexo una vez, para concebir a Pat (su hija), y que la mecánica de éste le resultaba desagradable. ´¡Estaba tan gordo que tuve que concebir a mi hija con una carga de tinta!´: ésta era una broma que le encantaba hacer, incluso en presencia de su esposa Alma». Aludiendo a periodos anteriores, McGilligan dice que Hitchcock, «a los 23 años, aún seguía siendo virgen. Desconocía la mecánica del sexo». De hecho, el cineasta confesaría que (por entonces) «nunca había estado con una mujer y no tenía la más mínima idea de lo que debía hacer una mujer para tener un hijo».

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