ver más

Ya superaste el límite de notas leídas.

Registrate gratis para seguir leyendo

30 de enero 2008 - 00:00

"Miss Potter"

ver más
La excelente Renée Zellweger encarna a la inglesa Beatrix Potter, escritora e ilustradora (además de pionera del conservacionismo, entre otros méritos).
«Miss Potter» (G. Bretaña-EE.UU., 2006, habl. en inglés). Dir.: C. Noolan. Guión: R. Maltby jr.. Int.: R. Zellwegger, E. McGregor, E. Watson, B. Flynn, B. Paterson, Ll. Owen, L. Boynton, J. McDonald, M. Gibbs.

El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

El australiano Chris Noolan se toma su buen tiempo entre película y película. Hizo «Babe, el chanchito valiente», y nos dejó esperando. Pero valió la pena esperarlo, porque «Miss Potter» es una delicia. Aclaremos, es una delicia de otra clase, ya que no cuenta una fábula, sino una parte de la vida de Beatrix Potter, autora de fábulas. Fuera de eso, claro, nadie va a confundir a la señorita Potter con el chanchito Babe, aunque ambos amaban la vida de campo y las ovejas.

En efecto, la película no lo dice, pero Helen Beatrix Potter (1866-1943) fue la primera mujer presidenta de una asociación británica de criadores de ovejas Herdwick, y ostentaba una buena cantidad de premios en exposiciones. Asimismo fue una pionera del conservacionismo, llegando a comprar y mantener hasta 14 granjas para evitar urbanizaciones, y en su testamento donó 4.000 acres al National Trust, para la creación del bellísimo parque nacional de Lake District, donde, naturalmente, se filmó una parte de esta biografía. Que no se ocupa de ovejas, insistimos, sino de animales más pequeños: conejos, gansos, sapitos, esos bichos. Y de madres, maridos, editores, y chaperonas.

Los conejos y anexos corresponden a su mundo de escritora e ilustradora de cuentos infantiles, en lo que también fue pionera, y sigue siendo modelo artístico y empresarial, porque asimismo impulsó todo eso del merchandising, vigilando no sólo la edición de sus libros para niños, sino además la fabricación de muñecos basados en sus personajes. En cuanto a los otros bichos más grandes, eso corresponde a su vida personal, y conforma la sal y el dulce de la película, preciosamente ambientada en el Londres encorsetado de 1902 y en las laderas de los lagos de Cumbria.

Así aparecen unos padres controladores, atentos a las normas sociales de la época, una nodriza germánica, unos editores que sospechan de la mujer artista, un posible candidato, una cuñada que dice y contradice ciertas apreciaciones muy femeninas sobre los maridos, una vieja inolvidable con un trabajo típico de antaño (vigilar a las niñas), y aparece, sobre todo, una mujer frágil y terca, sensible y aguantadora, muy gratamente encarnada por Renée Zellweger, que realmente habla como una inglesa, y luce tan encantadoramente desmañada como una inglesa. Entre ella y el resto del impecable elenco se desarrollan entonces ciertos conflictos más o menos eternos «de género», como hoy se dice, pero expuestos con habilidad y simpatía, construyendo una historia hermosa, apacible, deliciosamente ambientada y suavemente emotiva.

Memorable, la escena en que el candidato canturrea el viejo «Let me teach how to dance» y amaga declararse, y la siguiente escena, y la siguiente. Y cuando la película parece que va a estirarse más allá de lo conveniente, cierra justo. Lo dicho, una delicia.

Últimas noticias

Dejá tu comentario

Te puede interesar

Otras noticias