5 de marzo 2008 - 00:00

"Muerte en un funeral"

Losinconvenientesde habertomado unalucinógeno enun funeral, unode losmomentosbrillantes de lacomedia deFrank Oz.
Los inconvenientes de haber tomado un alucinógeno en un funeral, uno de los momentos brillantes de la comedia de Frank Oz.
«Muerte en un funeral» («Death At A Funeral», Gran Bretaña, 2007; habl. en inglés). Dir.: F. Oz. Int.: M. Macfadyen, K. Hawes, R. Everet, A. Nyman y otros.

"Muerte en un funeral" es una comedia a la vieja usanza: nada de sutilezas ni minimalismo sino un festín de gags (incluyendo algunos gruesos), concentración de situaciones desopilantes, abundante humor negro y hasta un toque de absurdo. El libro no se toma un solo respiro, como si se propusiera no darle tregua al espectador para que termine de reír con el remate de una escena antes de iniciar la sucesiva.

Habría que remontarse a los años '60 para encontrar un modelo parecido a este film con la firma Frank Oz: ejemplo típico de alocado «british humour» (con esa mezcla de elegancia y perversión más o menos reprimida), «Muerte en un funeral» carece de la refinada inocencia del cine de comedia que producían los legendarios estudios Ealing en los '50 y se acerca más al desparpajo de los films con Therry Thomas un tanto posteriores.

Por supuesto, es difícil contar algo sobre su desarrollo si se pretende no estropear el placer de disfrutar y sorprenderse con cada una de sus ocurrencias (es más, hasta se puede dejar de leer en este momento): un funeral, el de un respetable padre de familia inglés, organiza la historia como punto de partida y eje central.

A medida que van llegando los familiares, incluyendo a Robert, el hijo escritor de éxito que vive en Nueva York (Rupert Everet) y que es foco de la envidia de su frustrado hermano
Daniel (Matthew Macfadyen), empiezan a salir a la superficie las miserias, rencores, odios y amores ocultos sobre los que se sustenta esa familia, y cuya reunión integral en muchos años, por fuerza de esa circunstancia, hacen estallar. También, además del sacerdote, circula entre los deudos un enano gay al que nadie parece haber invitado: sólo hay que esperar el momento en que se descubra qué está haciendo allí.

No menos eficaces, aunque su disparador argumental sea remanido, son las escenas que complican a Simon (Alan Tudyk, visto hace poco en «El tren de las 3:10 a Yuma»), cuando su novia Martha (Daisy Donovan) intenta relajarlo con un Valium sin advertir que se trataba de una poderosa pastilla alucinógena, sin que las consecuencias de su conducta en el funeral parezcan afectar a un antiguo pretendiente de Martha, que no cesa de acosarla en los momentos más incómodos.

Si bien con alguna escena casi escatológica como la que complica al Tío Alfie (Peter Vaughan), «Muerte en un funeral» no tiene nada que ver con lo cloacal de tantos films americanos de los '90. Si hubiese que buscar un parangón en los EE.UU. el ejemplo sería «La fiesta inolvidable», con la diferencia de que aquí no hay un protagonista excluyente como Peter Sellers sino un elenco parejo, brillante y no demasiado famoso (el rostro más conocido es el de Everet), en donde cada uno tiene su momento de gloria. Hasta se le puede disculpar al libro que, al final, tenga un breve «mensaje al corazón» que desentona con la catarata de situaciones desternillantes que se veían viendo hasta ese momento. La brevedad y concisión es otra virtud, muy apreciable por estos tiempos de películas que no se resignan a bajar de las dos horas o más.

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