24 de septiembre 2007 - 00:00

San Sebastián: Auster mostró su film (es mejor que escriba)

San Sebastián - «Reclaim your Brain», o «Free Rainer», con ambos títulos se presentó a competir ayer en San Sebastián la nueva comedia antisistema de Hans Weingartner («Los edukadores»), ahora con un ejecutivo de TV curiosamente enfrentado a los métodos de manipulación del rating. Buen film, que dice al modo leve de estos tiempos lo que «Network. Poder que mata» gritó en los suyos, y que, pobre consuelo, señala que la televisión alemana es casi tan berreta como la nuestra.

También ayer, «The Inner Life of Martin Frost», de Paul Auster, confirma que Auster, como cineasta, es un buen escritor. Presentada fuera de competencia, su nuevo antojo cinematográfico es una fantasía de viejo cuño, donde un escritor se enamora de su musa inspiradora, pero ella va muriendo a medida que él concluye su novela. Para conservar su amor, quemará la novela. Eso no es todo, aunque, tal como está hecha, la película es casi nada. Quizá la pátina del tiempo beneficie sus buenas intenciones, y sus saludos a Poe, Cocteau, Orfeo y Eurídice, pero por ahora lo único apreciable de la película son Irene Jacob y la hija del escritor, Sophie Auster, que canta un par de canciones. Inquieta un poco pensar que semejante hombre esté hoy al frente del jurado.

Por su juicio pasará en pocas horas la argentina «Encarnación», con Silvia Pérez, y ya pasaron «Promesas del Este», que abrió el festival, «La maison», calma y agradable, con Sergi López y la parisiense Berenice Bejo (nacida en Buenos Aires, hija del cineasta under Miguel Bejo), «Mataharis», de Iciar Bollain, sobre mujeres que hacen seguimientos para esposas desconfiadas de sus maridos y empresas desconfiadas de sus empleados (pero no es policial, sino una reflexión sobre el respeto a la vida privada, y tiene una música de Lucio Godoy, el mismo de «El aura», que la directora alabó públicamente), y pasaron asimismo, pero quedaron como preferidas del público, «Buda explotó de vergüenza» y «La batalla de Hadhita».

La primera es una típica película iraní sobre un día especial en la vida de una niñita. En este caso, la nena quiere ir a la escuela, vende dos huevos para comprar un cuaderno, hace lío metiéndose en aulas indebidas, y (ahí está el detalle) como es una niñita afgana, que vive en las cuevas cerca de los restos de la estatua de Buda que reventaronlos talibanes, en el camino se cruza con niños que juegan a los talibanes, y entonces apredrean niñas que van a la escuela, o juegan a los americanos, y entonces atacan posibles niñas terroristas. «Hacete la muerta, así te dejan en paz», le recomienda otro chico.

El simbolismo es claro, y la obra es graciosa, tocante, y bien hecha, sobre todo considerando que la directora Hana Makmalbaf tiene apenas 19 años.

La batalla de Hadhita», del inglés Nick Broomfield, es otra cosa. Muy fuerte, hecha en partes como si fuera el registro en crudo de material para un noticiero, escenifica un episodio de locura en Irak, donde, al verse emboscados, unos marines reaccionan de forma excesiva sobre los habitantes de un pueblo. «Esto sucedió, lo descubrió el corresponsal del 'Time' en Irak, cotejando los informes oficiales (sólo 8 muertos) y los informes de los hospitales vecinos», comentó Broomfield, que ahora aguarda el estreno en EE.UU., «donde la gente todavía no sabe nada, porque solo ve los noticieros de FoxNews».

Pero algo debe saber, la gente, viendo «In the Valley of Elah», de Paul Haggis, con Tommy Lee Jones como un sargento (RE) de la policía militar, que investiga la muerte de su propio hijo, recién vuelto de Irak. Cine americano clásico, preciso, circunspecto, con un actorazo notable (y Charlize Theron ayudándolo en la pesquisa), pone sobre el tapete dos preguntas ya universales, muy graves: ¿cómo los dejamos jugara esto? ¿cómo reelaboraron nuestros valores morales? Muy buena obra, lástima que no haya venido el director, Paul Haggis, que antes hizo los guiones de las tres últimas películas de Clint Eastwood.

En suma, lo mejor visto hastaahora en el festival. Pero lo más emotivo fue el viernes, cuando Carlos Saura presentó su nuevo documusical, « Fados», en el recuperado y hermoso teatro Victoria Eugenia, en un acto que empezó con la entrega de un premio muy especial para Saura (premio que antes solo había recibido su maestro, don Luis Buñuel, lo que es mucho decir), y culminó con un recital de los fadistas Mariza, Camoné y Carlos do Carmo, que terminaron por los pasillos, cantando con el público. Y ni que hablar de la película, hecha en el formato de «Tango» y «Sevillanas», verdadero deleite de música popular digna de quedar en el tiempo. A propósito, una copla que canta la fadista Argentina Santos en el film: «Deus, cómo pasa o tempo,/dicemos de vez en cuando./Mais o tempo sempre fica (queda)/. A gente es que va pasando». Hay una milonga campera con el mismo concepto filosófico.

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