23 de enero 2008 - 00:00

"Ser popular y escribir con humor está mal visto"

Magnus: «Si bien vengo disfrutando los beneficios del premio, que me permitió viajar en business a varios países, me ha convencido de que eso es muy lejano a mi idea de la literatura».
Magnus: «Si bien vengo disfrutando los beneficios del premio, que me permitió viajar en business a varios países, me ha convencido de que eso es muy lejano a mi idea de la literatura».
A Ariel Magnus no le gusta que lo relacionen con la literatura de Cortázar y Aira, prefiere considerar que tiene capacidad para contar, con un humor que le es propio, del testigo argentino, de un chino pirómano y la de su abuela en Austchwitz. Con «Un chino en bicicleta», elegida en forma unánime por el jurado integrado por el colombiano Santiago Gamboa, la española Nuria Amat, y el argentino César Aira, ganó el Premio de novela «La otra orilla 2007» que entrega el grupo editorial Norma y Proartes (30.000 dólares y una gira por Iberoamérica).

Periodista: Así que el «chino en bicicleta» lo llevó de viaje.

Ariel Magnus: No fuimos a tantos lados. Fui a Cali a recibir el premio. Después hice una gira por Quito, Lima, Bogotá, Ciudad de México, Guadalajara, Madrid y Sevilla. Ahora voy a Cartagena y vuelvo a la Patagonia. Es cierto, un chino me dio la posibilidad de esperar en el VIP, viajar en Business y descansar en hoteles de por lo menos cuatro estrellas. Si bien lo vengo disfrutando, me ha servido para convencerme que eso es tan lejano a la literatura, o mejor, de mi idea de la literatura. Salvo algunas Nobeles excepciones, los rockeros, los músicos son los que viajan en Primera (Chico Buarque, que ahora es escritor, es un buen ejemplo), los escritores van en Turista y duermen en hoteluchos.

P.: ¿Qué experiencia le deja su primera gira como escritor?

A.M.: Es muy cansadora, se está todo el tiempo respondiendo lo mismo a distintos periodistas. No se alcanza a ver nada.

P.: ¿Qué cuenta en «Un chino en bicicleta?

A.M.: Partí de un hecho real, el de aquel chino, conocido como «Fosforito», al que acusaron de incendiar mueblerías, y lo terminaron condenando por el intento de incendio de una sola. Yo fui a ese juicio porque mi idea, al principio, era escribir un libro sobre la inmigración china en la Argentina, basado en historias de algunos personajes chinos, públicos o no. Uno era «Fosforito». La idea de ese conjunto de crónicas la presenté en un par de editoriales y me la rechazaron. La comunidad china no causaba demasiado interés. Una cosa que me sorprendió, cuando volví en 2005 de estudiar Literatura en Alemania, fue la cantidad de chinos que hay y lo presente que están en la vida de los porteños. Un crecimiento exponencial.

P.: ¿Por eso pasó lo que sabía a la ficción?

A.M.: Un día, al salir del juicio a «Fosforito», me pregunté qué pasa si me secuestra el chino y me lleva al barrio chino. Me pareció un buen punto de arranque para una novela. Tenía cierto resquemor de partir de un tema periodístico, pero me mandé. Escribí el primer capítulo y la historia me fue arrastrando. Terminé haciendo una novela de nuestro imaginario sobre los chinos.

P.: ¿Cómo surgió su protagonista, Ramiro Valestra?

A.M.: Está inspirado en un muchacho que fue a declarar en el juicio oral como testigo de alguien que inició un incendio y escapó. Sentí que alguien así, con un grado cero de « chinitud», me servía. Entraba en el barrio, se adentraba en esa cultura y terminaba enamorado y conviviendo con una muchacha china.

P.: ¿Qué hizo: crónica, novela de humor o novela de amor?

A.M.: Novela de amor terminó siendo. El humor se fue dando. Cuando comencé a meter todo lo chino de mi imaginación, me fui yendo hacia el humor. Además me siento códebomodo con el humor. Me lancé con todo. Bueno, mi novela anterior «La abuela», aún cuando cuenta de Auschwitz, tiene mucho humor. Derrapo por ese lado. Había capítulos que al escribirlos me reía a las carcajadas.

P.: ¿No temió mandar su obra a un concurso, tomando en cuenta que el humor en literatura tienen mala prensa?

A.M.: Un periodista colombiano me dijo: «Hay mucho humor en la novela, ¿por qué? Me mató. ¿Por qué no? Es cierto el humor es mal visto, pone en un lugar de no literatura, y eso es doloroso para un escritor. Y ese género es una tradición. Borges tiene relatos que llevan a reír. Con Saer me pasa lo mismo.

P.: Y Soriano, que padeció ser cuestionado por su humor.

A.M.: Ser popular y escribir con humor, provoca la reacción de los profesionales de las letras. A mí me interesa que tiene un cierto riesgo formal ligado a lo aventurezco. Yo quise hacer una novela aventurezca y no me salió, acaso porque me quedo más en la escena, los juegos de palabras, las reflexiones, que es lo que mas me gusta. El humor de Soriano es buena vertiente, aunque después Beatriz Sarlo no me invite a la facultad.

P.: A usted lo han criticado por ganar un concurso con una novela humorística contada en capítulos brevísimos.

A.M.: Me pegaron duro. Yo no estoy acostumbrado a la exposición pública y en blogs me pegan, me matan, es increíble. El humor impone un desafío al lector, lo lleva a pensar. Por lo pronto ¿Este es un idiota o me está diciendo algo? ¿Cómo leer «La conjura de los necios» de Kennedy Toole? Esas criticas no se las hacen a quienes proclaman que trataron los grandes temas desde la literatura. Y comúnmente son nabos que dicen cosas obvias.

P.: Es curioso, usted vivió en Alemania, ahora reside en la Patagonia, y escribe sobre el barrio Chino de Belgrano.

A.M.: ¿Cuánto tiempo de mirar necesita un escritor para contar de un lugar? ¿Un par de horas? Son las que yo usé para recorrer nuestro barrio Chino, lo demás fue fantasear, poner a los personajes en acción y divertirme para poder divertir. En Chubut donde vivo, recibí el llamado que me informó de que había ganado el premio, ahora hay quienes creen que después de que lo gané me fui a vivir a la Patagonia tan de moda.

P.: Y más, luego de ganar otro premio.

A.M.: El de novela corta Juan de Castellanos, que se creó porque Bogotá es la capital del libro este año. Yo mandé la única nouvelle que tenía, «Muñecas», y gané. La historia ocurre en Alemania y trata con humor -como siempre en mi obra, pero no tanto como en un «Un chino»- sobre la soledad. Recuerdo que cuando fui a recibir el premio, habían elegido a un finalista, con renombre y muchos libros publicados, que había escrito especialmente para el concurso una cosa colombiana. Exactamente lo que pedía el concurso, lo mío nada que ver. El jurado tuvo que encontrar argumentos para explicar por qué le habían dado el premio a un argentino treintañero que contaba algo que ocurría en Berlín. Los concursos son una lotería.

P.: ¿Qué está escribiendo ahora?

A.M.: Un libro que transcurre en la selva. Estuve en el Amazonas, entré por Ecuador y me gustó como escenario.

P.: ¿Tiene que ver con que está traduciendo del alemán un libro sobre el film « Fitzcarraldo» de Werner Herzog?

A.M.: Sí, se junta, seguro que tiene que tener que ver, tanto como que desde que empecé la gira estoy escribiendo un diario de viajes, de la naturaleza. Cuando llegué a la Patagonia me di cuenta que podía escribir un diario de la nada, porque no pasa nada ahí, sólo el viento y las vacas.

Entrevista de Máximo Soto

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