9 de febrero 2006 - 00:00

"Syriana"

GeorgeClooney, unode losreferentesmás fuertesde la corrientecontraria aWashingtonen Hollywood,protagoniza«Syriana»,sobreactividades dela CIA enMedioOriente.
George Clooney, uno de los referentes más fuertes de la corriente contraria a Washington en Hollywood, protagoniza «Syriana», sobre actividades de la CIA en Medio Oriente.
«Syriana» (EEUU, 2005, habl. en ingl., ár., farsi, urdu, fr.). Dir.: Guión y Dir. : S. Gaghan. Int.: G. Clooney, M. Damon, A. Siddig, J. Wright, M. Munir, Ch. Plummer; K. Novak, A. Waked.

Corresponde explicar qué significa el título, porque en el film su explicación queda más que perdida, igual que otros cuantos detalles, lo cual hace algo confusa la historia. En la jerga de los hombres de Washington, Syriana es cualquier estudio de situación destinado a elaborar planes para una posible reforma del Medio Oriente y sus cercanías, siempre que éstas tengan petróleo, o mantengan enemigos de las empresas petroleras americanas. La Syriana que elabora el grupo anti-Washington encabezado por Stephen Gaghan (guionista de «Traffic», sobre el negocio de las drogas) y sus productores Steven Soderbergh y George Clooney (también protagonista) procura tener una visión distinta de la oficial, considerando las cosas desde diversos ángulos.

Procura también mostrar los componentes con franqueza, y, al mismo tiempo, ofrecerle al público no solo esa visión distinta, sino también un espectáculo entretenido.

Buen espectáculo es, en principio, ese de la franqueza, donde vemos ciertos empresarios y funcionarios diciendo lo que realmente piensan sobre la corrupción y sobre las expectativas de negocios en Iran. Y para el común de los espectadores, que entiende el problema a través de cintas televisivas como «El poder del Islam», también hay un par de explosiones, un par de uñas arrancadas a un prisionero, niños muertos en accidentes o atentados, árabes perversos, etc.

El asunto es más complejo de lo que pinta la TV, eso ya se sabe. Ilustrando el particular, «Syriana» combina las experiencias de un experto de la CIA en trabajos sucios (que traspapela un misil al comienzo de la película), un abogado experto en hallar desprolijidades antes que las vea el gobierno, un asesor de empresas en trato con un príncipe democrático de dudoso futuro (precisamente por democrático), y un joven inmigrante pakistaní despedido junto con su padre cuando la empresa en la que trabajan es pasada a manos de unos contratistas chinos. Desocupado y sin mayor futuro, el muchacho será captado por una escuela fundamentalista, y, dentro de ella, por un activista egipcio de ojos azules (que sabe dónde está el misil).

Con esos componentes se escribe la historia, que convence a los convencidos, confunde algo a quienes no están del todo en el asunto, o retiraron un segundo la vista de la pantalla para buscar los pochoclos, y, eso sí, entretiene bastante y da para charlar y discutir. Del elenco se destaca el ya veterano Christopher Plummer, como el aristocrático jefe de un estudio de abogados, desdeñoso hasta para darle la mano a su empleado negro, no sabemos si por subordinado o por negro, pero lo deja al otro con la mano extendida.

P.S.

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