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24 de octubre 2007 - 00:00

Trastienda romana

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RECETA. Jane Fonda dio en el Palacio del Cine, junto a las actrices Shirley Knight y Cloris Leachman, la «clase magistral» para los estudiantes y el público. Como siempre, no pudo evitar preguntas sobre Vietnam y la relación con su padre. Lo más sabroso estuvo en una de las preguntas referidas a un viejo trabajo suyo junto a Jean-Luc Godard. «Es un misógino, un miserable», dijo. «Espero no encontrármelo nunca más en la vida». Pero lo mejor fue cuando se le preguntó por su magnífica figura a los 70 años. «No hay misterios ni recetas mágicas. Sólo sexo. Mucho sexo».

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ELOGIOS CULPOSOS. El atentado contra la Fontana di Trevi, a la cual un manifestante tiñó íntegramente con anilina roja el pasado viernes para protestar contra el lujo del Festival, sigue siendo uno de los temas favoritos de los romanos. En los últimos días se sumaron varias personalidades para opinar sobre el hecho. El músico Ennio Morricone dijo que «sin duda ese tipo merece una multa, pero... ¡Qué idea genial! Le ha hecho una publicidad magnífica a Roma». Oliviero Toscani, el polémico diseñador de Benetton, pidió una entrevista personal con el acusado Graziano Cecchini, que continúa negando haberlo hecho. «¡Al fin!», dijo Toscani. «La fuente roja, la fuente maravillosa. Un rojo de sangre que no es violencia sino amor. Roma continúa menstruando, Roma no llegó a la menopausia, Roma es fértil todavía». Y hasta el filósofo del «pensamiento débil», Gianni Vattimo, tuvo su opinión: «El problema de nuestras ciudades es el gris. La gente es triste y gris. Por eso mismo, no me pareció una mala idea. ¡Y pensar que el manifestante que lo hizo es de derecha!».

LO QUE FALTABA. Pocas películas, hasta ahora, han merecido demasiados elogios de la crítica. Sin embargo, el elemento escándalo nunca falta. El último en llamar la atención fue el cineasta español Julio Medem («Los amantes del círculo polar», «Lucía y el sexo»), quien en el film que presentó a concurso, «Caótica Ana», protagonizado por Charlotte Rampling en el papel de una mecenas, se atrevió a dos escenas fuertes. Una de ellas, una « subjetiva de pene» (un acto sexual desde el punto de vista del miembro viril, claro), y la otra, más chocante sin duda, incluye una escena de coprofilia como protesta contra la guerra en Irak.

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