27 de noviembre 2016 - 00:26
Especialistas advierten por avance de vigilancia y espionaje estatal en la región
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Analistas y expertos en informática expresaron su preocupación debido al incremento y el desarrollo de las políticas de vigilancia, control social y espionaje por parte de los gobiernos en Latinoamérica.
La irrupción de las cámaras de video vigilancia también tiene su réplica en México y Colombia: el primero con un total de 25.600 dispositivos; el segundo con un plan de instalar más de 7 mil dispositivos, con el foco puesto en Cali donde ya hay cerca de 1200.
En el caso de Argentina, Chaparro comentó a este medio que "aún no parece haber una doctrina pública de vigilancia ya que históricamente la actual AFI se manejó como un organismo extorsivo a través de los `carpetazos´". La comparación con Brasil pareciera estar lejana. Sin embargo, en los últimos meses, el espionaje por parte de la Agencia Federal de Inteligencia de correos electrónicos a los periodistas Gustavo Silvestre y Mauro Federico abrió una nueva ventana. Otros ejemplos, como el llamado "Proyecto X" con el cual el kirchnerismo realizó "inteligencia" a organizaciones sociales o la resolución firmada por Marcos Peña para utilizar la base de datos privados de los ciudadanos de ANSES, agrega preocupación entre los especialistas.
• Un nuevo paradigma de vigilancia
A partir de la caída de las Torres Gemelas en 2001, y con el crecimiento exponencial del uso de internet, la información de los ciudadanos en la red se transformó en un elemento preciado para los Estados y las corporaciones privadas. La revelación realizada por el exagente informático Edward Snowden sobre el espionaje de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA), en conexión con diversas empresas, sacó a la luz aquello que era la sospecha de numerosos especialistas: las prácticas de vigilancia de Estados Unidos hacia sus ciudadanos y numerosos mandatarios mundiales.
La era digital se transformó en poco tiempo en la base de la pirámide de la vigilancia que se lleva adelante en gran parte de los países del mundo. "Los estados de vigilancia dependen de entidades comerciales como internet y empresas telefónicas que proporcionan datos a las Agencias de inteligencia, gracias a órdenes judiciales por muchos años", señaló el sociólogo escocés David Lyon, exponente en el IV Simposio Internacional de la Red Latinoamericana de Vigilancia, Tecnología y Sociedad organizado por la Fundación Vía Libre y el Área de Tecnología, Cultura y Política de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA en el Centro Cultural San Martín.
La sociedad actual muestra un nivel de desarrollo técnico que permitió avances en telecomunicaciones como nunca en la historia. Pero dichos avances sacan a relucir una contradicción, como señaló el mismo Lyon en su libro "Vigilancia líquida": "Por un lado estamos más protegidos que cualquier generación anterior, y por otro ninguna generación anterior experimentó como la nuestra la sensación cotidiana de inseguridad". La aceptación de vivir en una "cultura de la vigilancia" es un punto central para el sociólogo ya que "es un aspecto que damos por sentado" y además en su gran mayoría "se cumple sin cuestionarla", apuntó durante el Simposio.
Por otro lado, existe un discurso que busca legitimar la vigilancia, el cual no es actual, explicó la investigadora Laura Lacaze. La concepción de que se enfrenta "a la mayor amenaza de la historia" se repite tanto "en los discursos de Bush en el 2000, en los de Obama con el surgimiento del Estado Islámico y también en el Malleus Maleficarum del siglo XV con el que la Iglesia organizó y perpetró el mayor genocidio de mujeres en la historia", escondido bajo la excusa de la "caza de brujas". En esos discursos, "siempre se enuncia que se va a impedir algo y se desarrolla como una intervención anticipada", agrega Lacaze, con "argumentos idénticos a lo largo del tiempo".
En 2014, se estimó que estaban en funcionamiento unas 245 millones de cámaras alrededor del mundo: el "panóptico" de Jeremy Bentham parece estar más presente que nunca. Su concepción teórica pensada para ámbitos privados llevada a la práctica en lo público encontró su máximo nivel de expansión hasta ahora de la mano de la era digital.
Londres es actualmente la ciudad con mayor despliegue de cámaras en el mundo con cerca de cuatro millones. La mayor parte son privadas pero la Policía tiene acceso completo. Sin embargo, una investigación desarrollada para el Ministerio de Interior británico, sostuvo que esto no contribuyó a reducir el delito. A propósito, Chaparro concluyó que "tener un ojo en cada lugar no contribuye a la seguridad" y agrega: "Ese control microscópico del espacio público no tiene incidencia en la reducción de la criminalidad, no sirven para reducir los casos". La solución, al parecer, está por otro lado.



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