Monseñor Ubaldo Calabresi, nuncio apostólico durante 19 años en la Argentina, falleció ayer en la ciudad de Roma, a los 79 años, tras una larga enfermedad. Un hombre clave cuando a horas de desatarse una guerra entre la Argentina y Chile, el Vaticano decide mediar a ambos lados de la Cordillera a través del cardenal Antonio Samoré. El conflicto sería resuelto años después en un plebiscito, convocado por Raúl Alfonsín, donde se aceptó el arbitraje vaticano que entregó a Chile las islas Picton, Lennox y Nueva en el canal de Beagle. También estaba en Buenos Aires cuando el papa Juan Pablo II visitó Buenos Aires en 1982, en plena guerra con Gran Bretaña por las islas Malvinas.
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Cuando llegó a la Argentina en pleno Proceso Militar, Calabresi manifestó que estaba «feliz» de su destino porque en el país existía «una verdadera paz y no como en mi país», Italia, dijo, donde entonces persistía el clima del accionar de las Brigadas Rojas. Esto le ganó las críticas de los entonces exiliados argentinos en Italia que hablaban de la paz de los cementerios.
Nunca ocultó ante sus amigos el desprecio que sentía por las acciones terroristas o subversivas, en la sociedad civil o religiosa. Carlos Menem lo condecoró con la Orden del Libertador en 1998. El fallecimiento de Calabresi causó «cierta sorpresa» en la Curia porteña, porque el domingo al mediodía habló por teléfono con el arzobispo de Buenos Aires y primado de la Argentina, cardenal Jorge Bergoglio, a quien le confió que «celebró una misa y se sentía feliz», agregaron voceros. El ex nuncio -nacido el 2 de enero de 1925 en el pueblo de Sezze Romano-debió ser internado de urgencia el domingo por la noche en el sanatorio San Raffaele de Roma, donde murió. Los restos de Calabresi, quien fue ordenado sacerdote en marzo de 1948, son velados en ese sanatorio. Las exequias se celebrarán mañana en la iglesia de la Madonna del Soccorso en la céntrica Via Giulia.
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