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1 de diciembre 2006 - 00:00

Kirchnerismo impuso a un radical en la Magistratura

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Carlos Kunkel
Finalmente, el nuevo Consejo de la Magistratura logró elegir a su presidente. Tras el fracaso de la primera sesión, Pablo Mosca fue proclamado como máxima autoridad de ese organismo reformado por iniciativa del gobierno a principios de año. Mosca, uno de los representantes de los abogados se impuso por siete votos contra seis al camarista penal Luis Cabral. Los cinco miembros del bloque oficialista prestaron su acuerdo para que el pergaminense ascendiera a la cumbre del criticado consejo de jueces. Como vicepresidente fue designado, en forma unánime, el hiperkirchnerista Carlos Kunkel.


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La elección de ayer, además de ser una demostración de poderío y disciplina partidaria, tiene un significado mayor: la administración Kirchner cierra un proceso que inició en junio de 2003 cuando en un discurso fuerte y de alto contenido político el Presidente les pidió a los legisladores la decapitación de Julio Nazareno.

Anoche, 40 meses después de ese discurso por cadena nacional, el Congreso aprobó un proyecto de Cristina Kirchner que restituye a la Corte Suprema a su histórico formato: cinco miembros. Quizás para aventar la memoria de Carlos Menem, el gobierno coronó ayer (con éxito) otro esfuerzo: la reforma del Consejo de la Magistratura. Ahora, tendrá en sus manos el nombramiento y la destitución de los jueces.

  • Complicidad

  • Paradójicamente, para materializar su propósito el oficialismo contó, en ambos casos, con la complicidad de la oposición. Lo cual demuestra que conseguir poder político no es arte sólo del oficialismo sino obra de los opositores a la hegemonía.

    El peso específico del kirchnerismo se notará en la década que sigue. La reformulación de la justicia de afinidad ideológica con su gestión gravitará en la vida pública, la economía y la política.

    Precisamente, en un acto por el bicentenario de San Andrés de Giles (donde nació Héctor Cámpora), Néstor Kirchner remarcó la construcción de una nueva Justicia a partir de hechos como «la conformación del Consejo de la Magistratura» y la ley para reducir la cantidad de miembros de la Corte Suprema.

    Un dato incontrastable: la semana que viene el nuevo consejo tendrá que acelerar la selección de magistrados para cubrir la vacante de 90 tribunales. En lo que va de su gobierno, el patagónico lleva designados más de 170 jueces y otros 144 renunciaron.

    La elección de las autoridades del Consejo, había quedado trabada hace una semana por presión del oficialismo, cuyos representantes faltaron a la primera reunión. La pelea por la presidencia enfrentó a jueces, que impulsaban la candidatura de Cabral, contra abogados y políticos que querían a Mosca en el cargo.

    El voto de los abogados había sido transparentado por Santiago Montaña, que siempre se opuso a que un juez presidiera un proceso donde los mismos magistrados estarían siendo juzgados. Ayer no hizo más que cumplir con ese postulado cuando plegó su voluntad a la obediencia del oficialismo.

    Casi una venganza para algunos entendidos. Sucede que la nueva ley dejó a los abogados fuera de la comisión de selección. Por lo tanto, no pueden siquiera opinar sobre la calidad de un futuro magistrado.

    Mosca, propuesto por el abogado Montaña, fue apoyado por los legisladores kirchneristas Nicolás Fernández y María Laura Leguizamón. Los diputados Kunkel y Diana Conti y la representante del Poder Ejecutivo, Marcela Losardo, más su propio sufragio.

  • Adhesiones

    En tanto, Cabral, además de su propio voto sumó las adhesiones del también camarista penal Luis Bunge Campos, el juez federal de San Juan Miguel Angel Gálvez, el senador radical Ernesto Sanz; el diputado Federico Storani, y el representante académico Mariano Candioti.

    Antes de la votación el experimentado «Fredi» Storani postuló al académico Candioti para la presidencia. Fue una jugada desesperada para obligar al peronismo a salir de su disciplina partidaria. Pero el bloque oficialista respondió con lealtad: mantuvo la postulación del abogado Mosca hasta su proclamación.

    Al asumir la presidencia -un cargo casi protocolar- y apenas sentado en el sillón de cabecera de la mesa ovalada construida especialmente para las reuniones del cuerpo, Mosca agradeció a sus pares y dijo que el Consejo «va a sesionar con absoluta libertad y armonía».

    Remarcó, además, que su nominación se produjo «sin condicionamientos».

    Kunkel, el vocero de las pretensión del oficialismo de quedarse con dos cargos claves del Consejo y motivo de la pelea con el juez Cabral, fue quien desistió de esa intención y propuso ratificar la continuidad de Cristina Akmentis en la Administración del Poder Judicial.

    En una nebulosa quedó la permanencia de Pablo Hirchmann como secretario general del Consejo.
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