El esfuerzo que puso el gobierno en modificar el Consejo de la Magistratura casi naufraga por la impericia de sus leales. La corporación de los magistrados con el apoyo de los radicales estuvo a punto de quitarle el control del organismo encargado de seleccionar y destituir jueces. Hubiera sido una tragedia para la Casa Rosada después de la embestida que hizo para que el Congreso aprobara la ley que redujo de 20 a 13 el número de consejeros pese a la cerrada crítica de todo el arco opositor. Ninguno de los cinco representantes del kirchnerismo asistió a la primera reunión del consejo de jueces a sabiendas de que en ese cónclave se jugaba el reparto de cargos clave. La ausencia facilitó el armado de una alianza que amenaza rebelarse contra el instinto naturalmente hegemonista del kirchnerismo. ¿Para esto pagó tantos costos el gobierno?
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Carlos Kunkel
El azar jugó a favor del oficialismo que estuvo a punto de quedarse ayer sin ningún cargo en el Consejo de la Magistratura. Un error de estrategia del senador Miguel A. Pichetto casi permite que una alianza entre jueces y radicales se alzara con la presidencia de la Magistratura y con las comisiones clave de ese cuerpo colegiado. No sería extraño que alguna cabeza ruede para pagar la arriesgada jugada de no enviar ayer a ningún representante del kirchnerismo a la primera reunión del debutante consejo de jueces, ahora de 13 miembros.
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Al juez del tribunal oral, Luis María Cabral le faltó sólo un voto para convertirse en presidente del renovado organismo, que finalmente debió pasar a cuarto intermedio con la presidencia provisoria del académico de la Universidad del Litoral Marcelo Candioti.
El plenario arrancó con siete consejeros presentes de los 13: estaban los jueces Cabral, Luis María Bunge Campos y Angel Gálvez, el abogado Pablo Mosca y el académico Marcelo Candioti. Por el Congresofue el senador Ernesto Sanz y el diputado Federico Storani.
Faltaron los senadores kirchneristas María Laura Leguizamón y Nicolás Fernández y los diputados Diana Conti y Carlos Kunkel, además del representante del Poder Ejecutivo, Marcela Losardo, que acató la estrategia oficial.
Blanqueo
Fue el camarista Cabral quien blanqueó la pretensiones de su sector: la presidencia del Consejo. De ahí para abajo todo era negociable. El argumento fue sencillo, la titularidad del cuerpo le correspondía porque los jueces habían perdido una silla como consecuencia de la nueva ley que reformó el Consejo.
Un cansino Fredi Storani avaló las palabras del juez y hasta consideró que estaban dadas las condiciones legales para elegir a Cabral. El reglamento dice que el presidente debe ser elegido por la mayoría el cuerpo. En una mesa de 13 miembros siete es mayoría.
«La sociedad toda está mirando a este organismo, y no se lo puede paralizar por la ausencia de otros integrantes», evaluó el radical y propuso votar.
Justo cuando las manos empezaban a elevarse hizo su aparición el abogado Santiago Montaña, a quien algunos han bautizado como el «okupa» del consejo de jueces porque tomó posesión para sí y sus asesores del piso 11 del edificio de la calle Libertad.
El desembarco de Montaña armó un descalabro total. El letrado ratificó que su sector no votaría como presidente a un juez en un organismo cuya función es designar, sancionar y promover los juicios políticos de los magistrados. Por lo tanto, impulsó para ese puesto a su colega Pablo Mosca.
No podrían haber imaginado el juez Cabral y el abogado Mosca que deberían recurrir a una maniobra tan criticada por la sociedad. Es decir, hacer «la gran (Julio) Nazareno»: votarse a sí mismo para alcanzar la mayoría. Un horror para un debut que la Casa Rosada había imaginado distinto.
Hubo una primera votación con seis votos a favor de Cabral y dos para Mosca. Luego una segunda y hasta una tercera. En ambas el resultado se repitió. Ni el juez Cabral ni el abogado Mosca llegaron a la mayoría de los votos y se debió postergar una definición para el jueves 30. Provisoriamente y que para el nuevo consejo no quedara vergonzosamente acéfalo se nombró al académico Candioti como presidente provisorio.
La notable ausencia del bloque K tuvo dos interpretaciones muy contrarias entre sí:
Si no hubiese sido por la aparición de Montaña el oficialismo hubiera asistido a la derrota más dura desde que empeñó todos sus esfuerzos en modificar el Consejo de la Magistratura.
La falta de racionalidad en la estrategia (mandar a que falten todos) puso en riesgo el funcionamiento de la Magistratura y poco estuvo de hacer cumplir la profecía de que el Consejo no sirvepara nada.
La moraleja es que el gobierno deberá tener más responsabilidad y trabajar para buscar un acuerdo. Este Consejo fue armado a medida de la Casa Rosada y ayer estuvo a punto de perderlo infantilmente.
La visión positiva (de algunos pocos) es que la situación de ayer mostró que la unión de jueces, políticos opositores, abogados y académicos pueden dejar en desventaja (8 a 5) a los políticos oficialistas. Esgrimen, que ese escenario muestra que el gobierno no tiene el «poder de veto» ni pretensiones hegemónicas como se asegura.
Afirman que la ausencia del bloque K, fue una muestra de fortaleza política. El gobierno quiere tener un hombre de confianza, de un perfil distinto a Cabral. Esperará hasta el martes, día en que se realizan las elecciones de la Asociación de Magistrados. Si se impone la lista de Claudio Kiper ( contraria a Cabral) entonces prestará el jueves sus votos para nombrar como presidente de la Magistratura al camarista Luis María Bunge Campos, hermanastro del canciller Jorge Taiana.
Ese plenario demostrará quién tiene el control dentro del Consejo: si el bloque de la corporación judicial al que se suman los radicales díscolos o el bloque del kirchnerismo.
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