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La lección de Vietnam

LUEGO DE AÑOS ENCERRADO EN EL MUNDO COMUNISTA, LA APERTURA TRAJO GRAN PROGRESO AL PAÍS - Un país que venció a dos potencias y hoy se reconvirtió económica y socialmente. Los costos de un desarrollo repentino.

Las viviendas son inusualmente angostas y altas, en parte por una cuestión impositiva y en parte porque la gente es muy menuda. Abajo viven los ancianos para evitar escaleras, luego los padres y en el piso superior los nietos. Sólo en el extremo norte, cerca de China, conocen el frío. El resto del país es cálido y en el sur permanente verano. El francés lo hablan los bisabuelos que vivieron la época colonial; los jóvenes aprenden inglés para conectarse mejor con el mundo. Desde que terminó la guerra han muerto 20.000 personas y más de 100.000 quedaron discapacitadas por pisar minas terrestres o por bombas sin estallar. Los estadounidenses retiran minas y bombas a su costo, aunque no admiten “reparaciones de guerra” sino “inversión”. Luego de nueve años de conflicto contra Francia y de diez contra el imperio americano, Vietnam quedó destruido, con millones de víctimas, viudas, suelo y ríos contaminados, y lo peor, nació una camada de chicos deformes por el gas naranja y las defoliaciones contaminantes. El país se encerró en el mundo socialista y comerciaba con la Rusia soviética, China y Cuba, quienes lo ayudaron durante la confrontación.

De 1976 a 1986 fueron los peores años del país según recuerdan todos, sin nada para comer, al punto que inclusive debían importar arroz, el alimento nacional número uno. Camboya invade el delta del Mekong al sur tras el triunfo de la guerrilla comunista del Khmer Rouge y China invade el norte. La paz no llegaba nunca. Cuando se produce la apertura de la Unión Soviética de Mijail Gorbachov con la ‘Perestroika’ y la ‘Glasnost’, el Gobierno comunista de Vietnam se abre también al comercio mundial, y a partir de 1995/96 Estados Unidos levanta el embargo que mantenía desde la derrota. Entonces se produce el despegue del país, que alcanza hoy un notable progreso: unos 93 millones de vietnamitas producen 250.000 millones de dólares en bienes y servicios, aunque no ha de resultar fácil estimar este PBI porque la economía informal se encuentra muy difundida. Ahora es el tercer exportador mundial de arroz y el segundo de café luego de Colombia. Las bicicletas masivas que llamaban la atención del mundo en los años 70 fueron reemplazadas por scooters, que suman 50 millones en la actualidad.

El tránsito es un verdadero caos, que provoca 25 muertos por día en accidentes. Audi, Ford, Porsche, Mercedes-Benz, Toyota, Land Rover y Hyundai se destacan, edificios de 400 metros de alto en Saigón, cines con proyección 3-D, shopping con las mejores marcas europeas como Zara, Vacheron-Constantin, Christian Louboutin y Maseratti, hoteles de playa superexclusivos, negocios privados y tierras en manos de campesinos, una televisión moderna y de excelente imagen -aunque los nueve canales pertenecen al Estado-, y sobre todo, la libertad de viajar al exterior y regresar o recibir visitas del extranjero si el visado los autoriza. Esa es la característica de la vida en Vietnam hoy. El haber derrotado a dos potencias mundiales con un costo terrorífico da una fuerza tremenda a esta sociedad, que no se detendrá ante nada. “Nosotros no olvidamos ni olvidaremos nunca lo que nos hicieron. Pero ya pasó, no rechazamos a nadie”, repiten las gentes. Celulares, iPad, fútbol, juguetes Lego, Hard Rock Café y novelas de Harry Potter traducidas. Las mujeres se jubilan a los 55 años y los hombres, a los 60, y en general todo el mundo tiene dos trabajos. El desempleo es de sólo 4 por ciento, el sueldo mínimo de 300 dólares y han conseguido bajar la inflación a menos de 20 por ciento anual, que persistió alta durante un tiempo y dejó el cambio en 23.000 dongs por dólar. “Acá no hay seguro de desempleo ni subsidios para nadie, el que no trabaja no come. Los ciegos pulen palitos y los niños huérfanos aprenden oficios, pero no se da ayuda gratis a nadie”. La inversión extranjera en el marco de la estabilidad y la apertura es notable en la Construcción y en el Comercio minorista, así como en hotelería para el turismo. Vietnam está promocionándose como destino de golf con Gregg Norman de embajador internacional.

La presidenta del parlamento es mujer y se permite el voto de representantes, dentro del férreo control del Partido Comunista. Predomina el budismo moderado, aunque hay libertad religiosa. Igual que en todo el sudeste asiático, no se ven vehículos que echen humo por el caño de escape ni en malas condiciones de luces ni neumáticos. Tampoco la gente arroja basura al suelo. Otro aspecto caótico sí son los cables de la electricidad, que se enmarañan en las esquinas en forma increíble. Hay restaurantes de carne argentina, vinos argentinos y chilenos, comida italiana, sushi o tai, y la corriente es de 220 watts. No se ve a nadie pidiendo limosna en las calles ni realizando acrobacias o jueguitos, salvo alguna inmigrante camboyana con bebé, su vecino pobre. Aceptan dólares en cualquier parte y tarjetas de crédito internacionales. Rige pena de muerte por asesinato, tráfico de drogas y corrupción grave contra el Estado, lo cual consiguió un nivel muy bajo de delincuencia. Los vietnamitas pagan su educación y las atenciones médicas en hospitales, aunque las empresas dan cobertura como parte del salario. La implementación de dos hijos máximo por pareja contribuyó desde 1986 a contener el crecimiento poblacional. Comparten con Japón y el sudeste en general el gusto por el karaoke, el bonsái y la manía de usar barbijos por cualquier motivo. El aborto es legal aunque no recomendado. Se ven escasas viviendas muy precarias junto a ríos que el Gobierno intenta erradicar mediante pago. El luto es blanco, los carros funerarios multicolor y los cementerios muy agradables con pequeños monumentos pintorescos.

A diferencia de sus vecinos Laos, Camboya y Birmania, se abrió al mundo Vietnam sin perder el control estatal; la política está restringida, pero la economía es libre, como en China. Otros prolongan los experimentos comunistas o populistas sin asumir que jamás prosperó ningún país socialista en el mundo. Si bien se han generado ricos y pobres, esto es un proceso inevitable en las economías competitivas. No hay más discusiones ideológicas. Lo importante es que la sociedad progrese y se produzcan inversiones extranjeras, que es lo que en definitiva hace crecer a un país. Y la prueba son los 90 dólares per cápita de renta anual en los años ochenta versus los 2.500 de la actualidad.

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