11 de septiembre 2012 - 23:48

A 39 años de su muerte, la justicia chilena ratificó que Allende se suicidó

Activistas de Derechos Humanos recuerdan a Salvador Allende, a 39 años del golpe militar que lo derrocó y lo llevó al suicidio.
Activistas de Derechos Humanos recuerdan a Salvador Allende, a 39 años del golpe militar que lo derrocó y lo llevó al suicidio.
La justicia chilena cerró definitivamente la investigación que acreditó la causa de muerte del presidente socialista Salvador Allende y ratificó su suicidio.

El gobernante se quitó la vida hace justamente 39 años cuando el palacio de La Moneda ardía en llamas por el bombardeo ordenado por las fuerzas militares golpistas.

La Tercera Sala del tribunal de alzada confirmó el cierre del sumario decretado en diciembre pasado por el juez instructor, Mario Carroza, rechazando la petición que hizo el 16 de enero de este año el abogado Roberto µvila, por el Movimiento Socialistas Allendistas.

Los testigos de la muerte de Allende escucharon una ráfaga de metralleta después del grito "no se rinde, carajo!".

Sin embargo, no había una verdad judicial, la que quedó establecida tras exhumarse los restos de Allende en junio de 2011 y un equipo multidisciplinario de peritos del Servicio Médico Legal, apoyado por expertos extranjeros, concluyó tras los análisis: "Forma médico legal de la muerte: suicidio".

Los médicos forenses concluyeron que las lesiones en el cadáver de Allende son atribuibles a dos proyectiles de fusil: "lesión perforante de la cabeza por proyectil de arma de fuego de alta velocidad, a contacto".

El perito balístico británico David Pryor detalló que Allende apoyó el fusil AK-47 en su mentón y disparó dos balas que tuvieron la misma trayectoria.

La senadora socialista Isabel Allende -hija menor de Allende- recordó a su padre en una emotiva y extensa columna publicada en radio Cooperativa. "En los primeros días de septiembre de 1973, mi padre, preocupado por las inundaciones y un terremoto que había sufrido México, nos pidió que fuéramos a ese país con Tencha (su madre Hortensia Bussi) para expresar nuestra solidaridad. Regresamos el domingo 9 de ese mes y nos fue a buscar en un ambiente cargado de tensión", rememoró.

Al repasar la noche del 10 de septiembre, relató que "fui a cenar a Tomás Moro (la casa del mandatario) y llevé muy orgullosa mis regalos traídos desde México. Entre ellos, dos chaquetas de verano. Mi padre interrumpió la conversación que tenía con sus asesores para probárselas en el baño. Espontáneamente dijo: "Espero alcanzar a usarlas". Me sorprendí al oírlo y apenas logré musitar: "¨Tan mal estamos?" El Chicho (sobrenombre del Presidente) intentó tranquilizarme".

La parlamentaria abundó en sus recueros y contó que "todos discutieron el plebiscito que pensaba anunciar el Presidente -el mismo día 11- para salir de la grave crisis política que vivíamos. Intentamos que la cena fuera normal, pero varias veces fue interrumpida por diferentes llamadas con datos alarmantes de desplazamientos de tropas y otros rumores. Al despedirme de mi padre me llamó la atención que pidiera que me escoltara un coche, pues sabía muy bien que andaba siempre sola y sin protección. Me fui en mi propio auto, el mismo que al día siguiente ocupé para ir a La Moneda".

Su relato prosigue con los pedidos de su padre para que junto a su hermana Beatriz -embarazada de siete meses- se fueran: el bombardeo de Tomás Moro, donde estaba sola su madre; la muerte de su padre; su entierro; su exilio a México y su retorno en
1988.

Isabel Allende concluye que "Salvador Allende no es un mito sino una fuerza que está viva, si así somos capaces de asumirlo de cara al siglo XXI" y añade que "pese a las pasiones que aún hoy existen en nuestro país, nadie puede negarle a Allende la
calidad de un demócrata consecuente, defensor acérrimo de los más desposeídos y coherente hasta el sacrificio personal. Sus últimas palabras, con su voz tranquila agradeciéndole a los más humildes su apoyo y señalando su confianza en Chile y su
destino, representan su estatura moral, la de un Presidente que prefiere morir por sí mismo que rendirse o entregarse".

Sin embargo, en la Cámara de Diputados cuando un parlamentario pidió un minuto de silencio en homenaje a Allende y los caídos del Once, el diputado de la derechista Unión Demócrata Independiente (UDI), Ignacio Urrutia, gritó ofuscado: "A los cobardes que se suicidaron ese día también le vamos a rendir homenaje? ¨Al cobarde que se suicidó ese día también? No puedo creerlo, presidente", espetó al presidente de la Cámara de Diputados, Nicolás Monckeberg (del también derechista partido Renovación Nacional, que en medio de la tensión en el hemiciclo accedió a la petición.

Mientras los partidos Socialista y Comunista depositaban ofrendas florales a los pies del monumento de Allende, ubicado a un costado del palacio gubernamental de La Moneda y en la noche se encendían velas en lugares emblemáticos como el estadio nacional -convertido en campo de concentración tras el golpe militar- la Villa Frei, la Villa Olímpica, la Villa Francia, San Bernardo, Recoleta, puntos custodiados por un fuerte contingente policial.

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