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2 de junio 2006 - 00:00

Decisivo voto en Perú el domingo

Difícil elección para el pueblo peruano: en la segunda vuelta deberán optar (de eso se trata) entre un ex militar nacionalista (Ollanta Humala) fuertemente influenciado por la ideología chavista y cuyos allegados exhibieron un discurso rayano en el racismo, y un ex presidente (Alan García) que llevó al país al borde del abismo con hiperinflación e hiperdesempleo. Todas las encuestas (prohibidas desde el domingo pasado) favorecen por entre diez y veinte puntos a quien a ojos de la sociedad peruana aparece como el mal menor, o sea García. Quienes lo elijan «tapándose la nariz» lo harán para preservar la democracia. Sin embargo, podría torcer el resultado un posible «voto oculto» a favor de Humala, quien en las últimas semanas decidió despegarse de Hugo Chávez: el venezolano no ahorró insultos contra García y el actual presidente Alejandro Toledo.

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Lima - Este domingo, 16,4 millones de peruanos elegirán a quien será su presidente por los próximos cinco años, poniendo fin a una campaña extremadamente agresiva, marcada por los ataques personales, por la injerencia de Hugo Chávez, por el temor a desbordes violentos y por el futuro mismo de la democracia.

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Son dos hombres polémicos los protagonistas de esta segunda vuelta: el ex presidente Alan García, quien llega como favorito y cerró ayer su campaña con un acto multitudinario en el centro de Lima, y el nacionalista Ollanta Humala, vencedor de la primera vuelta y que eligió el Cusco, su bastión de la sierra.

García cerró su campaña ante una multitud en el Paseo de los Héroes Navales de esta ciudad. Números musicales, la llegada incesante de columnas organizadas y una expectativa creciente de un público en buena medida juvenil eran la constante, mientras se esperaba el comienzo del discurso del candidato, que siempre seduce con su carisma.

Humala, en tanto, hacía su demostración de fuerza en el Cusco, donde reiteraba los principales ejes de su alocución del miércoles a la noche en el barrio limeño de San Juan de Lurigancho. Volvió a cargar contra la corrupción de la clase política, definió a su nacionalismo como apegado a la democracia y criticó con dureza a su rival. Fue su último intento de despejar los temores que genera su figura, una pesada mochila que él mismo eligió colgarse con sus erráticas y ambiguas definiciones.

García es candidato por la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA), signado por el desastroso legado de su primer gobierno (1985-1990), con hiperinflación, caos económico y el paroxismo de la violencia terrorista; el segundo, de Unión por el Perú (UPP), se caracteriza por su prédica antisistema, un discurso económico estatista y por dichos de sus familiares y allegados, que han llamado a fusilar a políticos y hasta homosexuales.

Las últimas encuestas mostraron fuertes divergencias. La ventaja que adjudican a García oscila entre los 10 y los 20 puntos porcentuales, lo que refuerza las sospechas de muchos, que sostienen que, igual que muchas encuestadoras hicieron en la primera vuelta con Lourdes Flores, salieron esta vez a «instalar» el favoritismo de García en desmedro de Humala. Mientras, un simulacro de la respetada firma Apoyo, realizado en condiciones de secreto similares a las que imperarán el domingo, redujo hace cinco días esa diferencia a escasos 4 puntos, cerca del margen de error de cualquier muestra.

  • Acechanzas

    Ante esto, los analistas hablaron de la posibilidad de un «voto oculto» o « vergonzante» a favor de Humala, que no figura en las encuestas tradicionales. Esa no es la única acechanza para García: el centroderecha y las fuerzas moderadas, derrotadas en la primera vuelta del 9 de abril, sugirieron un tímido apoyo a su candidatura simplemente para «salvar la democracia», amenazada, dicen, por Humala. Pero no está tan claro que todos los electores acaten la consigna tácita de taparse la nariz y votar al «mal menor», por lo que la persistencia de un número elevado de indecisos, que algunos ubican en hasta 20%, resulta un elemento de preocupación.

    El socialdemócrata espera que su apelación a un «cambio responsable» haga olvidar sus irresponsabilidades del pasado y que calen lo suficientemente hondo sus promesas de mantener,con retoques, el modelo económico de racionalidad macroeconómica vigente.

    Si se les pregunta a los limeños que viven en los barrios más acomodados (Miraflores, San Isidro) si van a votar a García y qué sentirán al hacerlo, invariablemente, lo primero que se escucha es una risa nerviosa. Un economista, que pidió mantener su nombre en reserva, lo sintetizó así: «Va a ser raro votar a Alan, tengo una sensación agridulce. Yo era muy joven cuando gobernó, pero he estudiado lo que pasó en esa época y nunca imaginé que me iba a ver sometido a esta situación. Sin embargo, no hay que caer en la tentación de desentenderse y votar en blanco. Lo que debe primar es un voto estratégico, de largo plazo, que asegure la democracia en el país».

  • Rumores

    Desde el último domingo está prohibida en Perú la difusión de encuestas, bajo la amenaza de multas de entre 10 mil y 100 mil dólares a quienes difundan sus resultados, incluso por teléfono o correo electrónico. Esto, claro, hace campo fértil para los rumores, muchas veces intencionados. Reservadamente, uno de los principales referentes apristas confió a este enviado que no piensan en una diferencia mayor a los 10 puntos; del lado humalista, en tanto, se percibía un cierto pesimismo.

    La denuncia oficial de un supuesto avión que había llegado al país con decenas de agitadores peruanos se desinfló al saberse que, tal como había dicho Chávez, estaba ocupado por peruanos que volvían para votar. Sin embargo, todos siguieron hablando de la amenaza y, en vez de serenar los ánimos, Humala se sumó a los desatinos al denunciar la posibilidad de que alguien intente asesinarlo. Todo vale para exacerbar los ánimos. Por las dudas, 90 mil efectivos de seguridad serán desplegados el domingo para que nada pase.

    Más allá del «factor Chávez», lo que está en juego es el mantenimiento del actual modelo económico. Todos quieren creer que estaría garantizado por García. La idea es preservar los logros que, siguiendo el modelo chileno, permitieron al país disfrutar de un auge prolongado con estabilidad. Un crecimiento de 25% del PBI en el quinquenio de Alejandro Toledo (poco popular, pero al que algunos, acaso conscientes de los riesgos que se avecinan, ya comienzan a extrañar); una inflación de sólo 8% a lo largo de todo el período; exportaciones (de minerales y materias primas, en general) que pasaron de 9 mil a 20 mil millones de dólares; reservas en un récord de 15 mil millones; un riesgopaís de alrededor de 175 puntos básicos; y la firma de acuerdos de apertura comercial con los EE.UU., Europa, China y otros mercados.

    El lado oscuro de esto es un desempleo que se resiste a bajar a un dígito y niveles de pobreza que afectan a la mitad de la población. Gane quien gane, deberá reorientar el gasto para satisfacer las expectativas sembradas en los sectores más perjudicados, que elección tras elección sobresaltan al resto de la sociedad con candidatos antisistema: Alberto Fujimori, el propio Toledo en 2001, Humala. Si esa realidad no se atiende, ¿quién será el próximo, cuáles serán sus contornos?
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