Jerusalén - En los medios políticos y en la prensa palestina hay una expresión de moda, que se repite una y otra vez: «Islah Siasi» (reforma política o cambio). Ministros, diputados, comentaristas y gente de a pie exigen alterar el sistema político con nuevas elecciones, nombrando un primer ministro que tenga algunos de los poderes actuales de Yasser Arafat, con un gobierno más pequeño, ágil y tecnócrata, y lograr una mayor transparencia económica luchando contra la corrupción de la Autoridad Palestina (AP). Los que se oponen a una reestructuración del poder dicen que «en medio de la batalla contra Israel no se pueden cambiar los caballos».
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El hecho es que, si el ministro para las ONG palestino, Hanan Asfur, fue el lunes apaleado por cinco enmascarados del brazo armado de Al Fatah -sufre una grave fisura de cráneo-, horas más tarde, en Ramallah, otro grupo de radicales intentó entrar en la casa de uno de los hombres en la sombra más fuertes y temidos, el asesor personal de Arafat, Mohamed Rashid. Este lleva las finanzas de la AP y del propio «rais», y es visto por algunos diputados palestinos como «el responsable de la corrupción». Precisamente, dirigentes de Al Fatah han exigido a Arafat que destituya y juzgue por corrupción a su asesor Rashid, quien no se encontraba en su casa porque Arafat le había ordenado desplazarse al extranjero hasta que se calmen los ánimos.
El sector duro de Al Fatah desea reducir los poderes de su líder y presidente, Arafat, por sus «escasos logros» en los últimos años. Por primera vez de forma pública, un alto dirigente de Al Fatah en Cisjordania, Hatim Abdel Qader, aseguró al martes que «queremos cambios en Al Fatah; por un lado, para reforzar la lucha contra la ocupación israelí y, por otro lado, cambios drásticos en la AP y su capacidad para administrar los territorios palestinos».
A tal punto han llegado las críticas que en algunos medios en Ramallah se habla de un «golpe de Estado sin sangre» en el que el objetivo no sería de ninguna manera jubilar al mítico Arafat -el líder árabe que más años lleva en el poder- sino restringir sus poderes de presidente, primer ministro, jefe del Estado Mayor y presidente de la OLP y jefe de su principal partido, Al Fatah. El principal candidato a primer ministro palestino y a jefe de un mando unificado de las fuerzas de seguridad -tal como exigen Israel, EE.UU. y algunos países árabes- es Mohamed Dahlan, que encabeza las Fuerzas de Seguridad Preventiva en la Franja de Gaza. Dahlan ha presentado a Washington una propuesta al respecto que será debatida con el director de la CIA, George Tennet, que llegará a la zona a final de mes.
Tras participar en la importante cumbre siria-egipcia-saudita, en la que los dos últimos países pidieron a la AP que impida el terrorismo contra Israel, Dahlan fue llamado a El Cairo para reunirse con Omar Suliman, jefe de los servicios de inteligencia egipcios.
• Baja popularidad
Arafat ve cómo su popularidad -que hace unos días, durante el asedio israelí, alcanzó a 90%- ha descendido a uno de los niveles más bajos desde la firma de los Acuerdos de Oslo, menos de 30%. En buena medida se debe a su decisión de entregar a carceleros británicos y norteamericanos a los cuatro asesinos palestinos del ministro de Turismo israelí, al líder del Frente Popular de Liberacion de Palestina y a Fuad Shubaki, hombre al que, según todos los indicios, el propio Arafat ordenó llevar a cabo una operación de contrabando de armas de Irán para la AP. Aun más criticado en las calles palestinas ha sido el compromiso con Israel de permitir el destierro de trece milicianos de Al Fatah y Hamas sitiados en la Basílica de la Natividad de Belén.
Para entender la necesidad de cambio, no hizo falta más que el «rais» viera cómo jóvenes palestinos quemaban el estrado en el que tenía previsto hablar en el campo de refugiados de Jenin, donde, al final, se anuló su intervención por motivos de seguridad. Después del asedio de Sharon, empieza el de su pueblo, comentan en Ramallah.
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