Sanguinetti: "El Frente Amplio no supo aprovechar la bonanza internacional"

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El líder colorado se mostró confiado sobre la chance de que Lacalle Pou gane el domingo y que la alianza que lo rodea funcione satisfactoriamente.

Montevideo (enviada especial) - Un cartel de propaganda del Partido Colorado cuelga de una de las ventanas de la vivienda de Julio María Sanguinetti, el octogenario político uruguayo, dos veces presidente de la República, diputado y senador, en Punta Carretas, uno de los tres barrios en los que el Frente Amplio (FA) perdió las elecciones en Montevideo. “El Gobierno no supo aprovechar la bonanza que generaron los commodities. No estuvo a la altura de las circunstancias”, reflexionó en una entrevista con Ámbito Financiero sobre las fragilidades de los mandatos del centro-izquierda. Aunque se expresa con cuidado, da prácticamente por hecha una victoria de Luis Lacalle Pou en la segunda vuelta del domingo. Lamentó la reciente visita de Alberto Fernández al postulante frenteamplista, Daniel Martínez, y se refirió a la crisis en Bolivia como “un golpe”.

Periodista: En el exterior, particularmente en Argentina, se valora el modelo político y económico uruguayo como un ejemplo a seguir, pero internamente surgen grietas. ¿A qué factores le adjudica ese descontento?

Julio María Sanguinetti: La característica esencial del país es su institucionalidad. Somos al revés con Argentina. Argentina tiene una sociedad con mucho más brío y capacidad de iniciativa y menos institucionalidad. Nosotros tenemos más institucionalidad, pero nuestra sociedad es más quedada, está más a la expectativa de lo que haga el Estado. Tendríamos que formar un matrimonio y sumar las dos cosas. Los dos primeros gobiernos del Frente tuvieron como trasfondo una enorme prosperidad internacional, dada por el precio de las materias primas y que hizo que les fuera muy bien políticamente. Sin embargo, a medida que pasen los meses se verá con claridad que no estuvieron a la altura de las circunstancias y que no aprovecharon esa bonanza. El gobierno saliente (de Tabaré Vázquez) tuvo que administrar una situación claramente diferente: una economía que ya no estaba boyante, aunque no de crisis, y un cambio de civilización que ya se hacía ostensible e ineludible para el Uruguay. El nuevo gobierno tendrá que afrontar ese mismo cambio civilizatorio, del cual todavía no estamos claramente conscientes y a la altura, con una situación de fragmentación política mayor.

P.: Luis Lacalle Pou, el candidato del Partido Nacional, conformó una alianza con otros cuatro partidos. ¿Considera que se trata de una coalición viable o le anticipa negociaciones internas arduas?

J.M.S.: Nos acostumbramos tanto a que el gobierno de turno tenga mayoría que nos hemos olvidado del arte de la negociación. Creo que todos vamos a estar a la altura de la coalición. Algunas personas podrán tener expectativas personales de crecimiento, lo cual puede despertar algunos roces, pero todos los actores de esta alianza han convergido en un acuerdo común que equilibra todas las propuestas.

P.: Una de las sorpresas de las elecciones fueron los 11 puntos que logró el exjefe del Ejército Guido Manini Ríos, quien ahora, como parte de la coalición, tendrá la llave para una mayoría absoluta en el Congreso. Él ha sido crítico de las minorías sexuales, criticado a la Justicia y reivindicado la dictadura. ¿Puede llevar a un eventual gobierno de Lacalle Pou más hacia la derecha?

J.M.S.: Las señales que se vienen dando son buenas: apareció un neonazi y lo echaron, apareció un neoloco y lo echaron. Al general se lo ve en una actitud democrática razonable y con espíritu de concordia. Entonces hoy no parece un factor de temor. Ahora, el propio Cabildo Abierto (el partido de Manini Ríos) tiene el desafío de definirse para no ser algo efímero o un movimiento nada más que personal. Surgió en respuesta a una demanda de la ciudadanía por mayor seguridad y todavía no tiene una ideología muy definida.

P.: Algunos analistas han comparado a Manini Ríos con el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro. ¿Coincide en eso?

J.M.S.: No creo en la comparaciones. Hay que evitar caricaturizar a los políticos. Bolsonaro es otro extremo y ha dicho cosas aberrantes.

P.: El presidente electo argentino, Alberto Fernández, viajó la semana pasada a Montevideo para darle su apoyo a Daniel Martínez, el candidato del Frente Amplio. Si se impone el domingo la oposición, ¿eso podría afectar la relación en el futuro?

J.M.S.: Desgraciadamente en nuestro mundo hemos perdido códigos básicos de soberanía, de comunicación entre los Estados. El canciller uruguayo criticó a Bolsonaro antes de la elección y ahora tenemos un gobierno hostil en Brasil. Ganó Bolsonaro y ahora devuelve el mismo error al pedir que gane el Partido Nacional. Para completar la faena, el presidente electo de Argentina viene a almorzar con el candidato del Frente Amplio y ni saluda al candidato de la oposición. Son falencias que revelan poco respecto a la institucionalidad, poco respecto a los deberes de neutralidad. Este comportamiento de Alberto Fernández no afectará las relaciones entre ambos países. Estoy seguro de que Lacalle va a intentar tener las mejores relaciones bilaterales con Argentina y Brasil. Pero no deja de ser muy molesto.

P.: ¿Considera probable que Uruguay vuelva a insistir en una flexibilización del Mercosur?

J.M.S.: Uruguay ha intentado flexibilizar el Mercosur para abrir el camino al libre comercio más allá de las restricciones que impone el bloque desde hace años. Por eso mismo, logramos un acuerdo con México. Pero el plan para abrirse está estancado y la mala relación entre Argentina y Brasil no augura buenas negociaciones en ese sentido.

P.: ¿Cuál es su postura frente a la crisis en Bolivia? ¿Considera la salida de Evo Morales un golpe?

J.M.S.: El actual escenario surge de un conflicto estrictamente político porque, en términos económicos y sociales, ese país venía con buenos niveles de crecimiento. Esto sucede por la ambición de permanecer a perpetuidad de Evo Morales. Hizo todo tipo de maniobras para presentarse nuevamente a elecciones y hasta interrumpió abruptamente el escrutinio en el momento en el que se anunciaba una segunda vuelta.

P.: ¿Pero lo llamaría golpe?

J.M.S.: Se lo puede llamar golpe de Estado. El primer episodio sería un autogolpe de Estado hecho por el presidente para amañar la elección y luego terminaríamos con un golpe de Estado. Lo llamativo es que hay irrupción militar. El propio Morales denuncia que esto es un golpe político, cívico y policial. No aparece el Ejército.

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