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7 de abril 2006 - 00:00

Será negativa para la Argentina firma de TLC entre Perú-EE.UU.

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Lima (enviado especial) - La firma de un Tratado de Libre Comercio (TLC) entre Perú y Estados Unidos, pospuesta por unos días por el presidente Alejandro Toledo para no enardecer más la campaña y quitar un argumento al discurso populista del candidato nacionalista Ollanta Humala, será perjudicial para la Argentina.

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Por un lado, se perderían en lo inmediato 300 millones de dólares en exportaciones de soja, trigo y maíz forrajero; por otro, empresas nacionales con negocios en este país podrían verse desplazadas de futuras licitaciones gubernamentales y se reduciría el ingreso de una multiplicidad de manufacturas -lácteos varios, artículos de tocador y perfumería, alimentos, etcétera-, cuya presencia sorprende por su magnitud en los supermercados locales. Esos 300 millones de dólares son la mitad de todo lo que la Argentina exportó a Perú en 2005, una balanza superavitaria para nuestro país en una proporción de 10 a 1.

Otro producto afectado sería la carne, muy valorada aquí. Aunque en este punto gran parte del daño es autoinfligido, por el veto de Néstor Kirchner a las exportaciones debido a la pelea por los precios internos. Con todo, cuando se supere esto, habrá un daño concreto, aunque fuentes diplomáticas creen posible negociar a mediano plazo un estatus de «nación más favorecida» que permita paliarlo.

El TLC fue negociado durante 18 meses, y Perú se adelantó a países como Colombia y Ecuador, aunque la reacción social en este último hace dudar de su aplicación. En Perú no existe una oposición tan fuertey, de hecho, las protestas campesinas realizadas en los últimos días no tuvieron demasiado impacto.

Toledo habría errado políticamente si hubiese forzado su debate legislativo antes de la elección del domingo: no sólo habría favorecido la retórica nacionalista, sino, peor, habría privado al pacto del aval de un Congreso nuevo, relegitimado con respecto al desprestigio que envuelve al actual.

  • Pragmatismo

    Se rumorea que la firma podría tener lugar la semana que viene en EE.UU., pero seguramente eso estará supeditado al resultado electoral y a sus lecturas.

    Más allá de la chicana política, todo aquí apunta a la ratificación del TLC. En público, Humala habla mal del TLC, pero en reuniones privadas, su postura es mucho más pragmática. «¿Lo va a ratificar?», se le preguntó en un encuentro con empresarios locales. «Lo voy a renegociar», respondió sin descartarlo para nada, según averiguó Ambito Financiero.

    Alan García también lo critica en público, pero su doble discurso fue todavía más flagrante en esas reuniones reservadas, algo que, igual que en el caso anterior, aquí no se ha divulgado. «Por supuesto que, si gano la elección, lo voy a ratificar, obviamente». «¿Y por qué no lo dice públicamente?», se lo cuestionó. «No le voy a hacer ese regalo A Toledo», se divirtió. Lourdes Flores, mientras tanto, respalda el acuerdo en su versión actual, sin ninguna reforma.

    Los temores al TLC se centran en lo que pasará con el sector campesino, con la agricultura y la ganadería no competitivas internacionalmente, imposibilitadas de hacer frente al ingreso de una producción altamente subsidiada en EE.UU. e infinitamente superior en tecnología.

    Se estima que actividades como la cría de cerdos serán borradas del mapa. Los beneficiados serán los empresarios de productos ya volcados al mercado externo, como los espárragos, el café, la páprika, el pescado y sus derivados, y las frutas exóticas.

    El consenso en torno al TLC no es caprichoso. Por un lado, EE.UU. absorbe casi un tercio de las exportaciones peruanas. Por otro, el país parece encaminado en un modelo exportador que busca imitar al chileno. Por último, no necesariamente más importante, pero sí más urgente, de su firma depende el mantenimiento o la pérdida inmediata de 600 mil puestos de trabajo y el afianzamiento o el colapso de sectores como el textil, que coloca en ese mercado 700 millones de dólares anuales.

    Esto es así porque en diciembre expira el Acuerdo de Promoción Comercial Andina y de Erradicación de la Droga ( ATPDEA), las preferencias arancelarias dadas por EE.UU. a los países de la región en contraprestación por su cooperación contra los cultivos de coca y el narcotráfico. Aunque la oposición a George Bush ha planteado prorrogarlo, la Casa Blanca prefiere avanzar hacia acuerdos de libre comercio con los diferentes países, una herramienta para reducir la influencia de Hugo Chávez en la zona y un avance en clave bilateral hacia su visión del ALCA.
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