Mike Tyson llegó a convertirse en uno de los deportistas mejor pagos del mundo. A lo largo de su carrera acumuló cientos de millones de dólares en bolsas y, en su punto más alto, su patrimonio llegó a rondar los u$s300 millones.
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Cómo Mike Tyson perdió una fortuna de 300 millones de dólares
Ganó cientos de millones arriba del ring, pero sus gustos lujosos, los malos acuerdos y las deudas impagables lo llevaron a la bancarrota.
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Una carrera deportiva extraordinaria estuvo acompañada por excesos y deudas.
Pero esa fortuna se evaporó a causa de gastos personales desmedidos, propiedades, autos, animales exóticos, contratos desfavorables y obligaciones fiscales que lo terminaron llevando a declararse en bancarrota en 2003 con u$s23 millones en deudas.
Del barrio pobre de Brooklyn al techo del boxeo mundial
Tyson creció en Brownsville, Brooklyn, en un contexto de pobreza y dificultades familiares. Su carrera profesional empezó en 1985 y avanzó sin parar, al punto que a los 20 años se convirtió en el campeón mundial de peso pesado más joven de la historia.
Durante los años siguientes acumuló victorias, fama y contratos millonarios. Incluso después de atravesar problemas judiciales y pasar tres años en prisión, no paraba de generar dólares. Cuando volvió al ring en 1995 frente a Peter McNeeley, ganó u$s25 millones por tan solo 89 segundos de pelea.
Según las estimaciones, las ganancias acumuladas de Tyson pelea por pelea a lo largo de su carrera rondaron los u$s370 millones. El problema no estuvo solamente en cuánto ganaba, sino en la velocidad con la que gastaba.
Los gastos más insólitos de "Iron Mike": Tigres, mansiones y una bañera de oro
Los hábitos de consumo de Tyson fueron tan extravagantes como su carrera deportiva. Durante los primeros tres años posteriores a su salida de la cárcel, entre algunos de sus gastos aparecieron:
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u$s4,5 millones en autos y motos
u$s400.000 en palomas y grandes felinos, incluidos tigres siberianos
u$s300.000 en mantenimiento de jardines
u$s240.000 mensuales en gastos personales
u$s230.000 en facturas telefónicas y buscapersonas
u$s125.000 anuales para un entrenador de animales
u$s100.000 mensuales en joyas y ropa
Los tigres podían costar hasta u$s70.000 cada uno, sin contar el mantenimiento y la alimentación. También llegó a comprar más de 100 vehículos, entre los cuales hubo Ferraris, Lamborghinis, Bentley, Rolls-Royce y Mercedes-Benz.
Uno de los autos más recordados fue un Ferrari F50, uno de apenas 349 fabricados. Tyson terminó vendiéndolo en 2001 y, años más tarde, ese mismo auto fue subastado por más de u$s4,6 millones.
Las propiedades también le gustaban y en 1996 pagó u$s2,8 millones por una mansión en Connecticut de unos 4.735 metros cuadrados, donde instaló una discoteca para 1.000 personas, gimnasio, campo de tiro cubierto, cancha de básquet y más de 100 líneas telefónicas.
Otra de sus compras más extravagantes fue una bañera de oro valuada en u$s2 millones para su entonces esposa Robin Givens.
Malos contratos, promotores y cuentas millonarias de impuestos
Pero, no todo el dinero desapareció en lujos. Los acuerdos comerciales también redujeron lo que Tyson realmente ganaba después de cada pelea. Durante sus años de vuelta al boxeo, el promotor Don King recibía el 30% de sus ganancias, mientras que otros dos representantes cobraban un 10% cada uno.
Esto implicaba que, si Tyson ganaba u$s30 millones por una pelea, podía perder u$s15 millones entre promotor y representantes, incluso antes de pagar impuestos y otros gastos. Con el tiempo, Tyson demandó a King por u$s100 millones al sostener que había sido perjudicado económicamente.
La disputa terminó en 2004 con un acuerdo por u$s14 millones, aunque ese dinero no quedó en manos del boxeador, ya que terminó destinado a pagar a sus acreedores. A esos compromisos se sumaron obligaciones impositivas, divorcios, el mantenimiento de sus propiedades y los gastos de un séquito numeroso.
Declaración de bancarrota con 23 millones en deudas
En 2003 llegó el punto más crítico, ya que el hombre que había alcanzado una fortuna de u$s300 millones se declaró en bancarrota con u$s23 millones en deudas. La caída financiera fue el desenlace de años de gastos descontrolados, contratos costosos, impuestos y compromisos personales.
En las dos décadas siguientes, Tyson empezó a reconstruir su patrimonio con apariciones en películas, espectáculos, licencias comerciales y nuevos emprendimientos.
También incursionó en el negocio del cannabis a través de Tyson 2.0 y volvió a obtener una gran bolsa con su pelea frente a Jake Paul en 2024, por la que recibió u$s20 millones. Actualmente, su patrimonio se estima en unos u$s30 millones.
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