Blake Mycoskie supo convertir una idea sencilla en un negocio global. Como fundador de Toms, la marca de calzado que popularizó el modelo de donar un par de zapatos por cada unidad vendida, construyó una empresa con impacto comercial y social.
Del éxito con Toms a los psicodélicos: la millonaria apuesta de Blake Mycoskie en salud mental
Tras una crisis personal, el empresario redefinió sus prioridades y puso el foco en el acompañamiento clínico antes y después de cada sesión.
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Conocido por su trayectoria en el mundo de los negocios, explora un campo que despierta interés entre investigadores, inversores y especialistas.
Años después de alejarse de la compañía, decidió orientar parte de su fortuna de millones hacia un terreno muy distinto: la investigación de sustancias psicodélicas para tratar problemas de salud mental.
Su compromiso tomó forma pública en 2023, cuando anunció que destinaría u$s100 millones a lo largo de los años siguientes para financiar investigaciones, apoyar cambios regulatorios y respaldar iniciativas vinculadas con estos tratamientos.
La cifra equivalía, según las estimaciones difundidas entonces, a cerca de una cuarta parte de su patrimonio. No se trataba solamente de financiar laboratorios: también buscaba contribuir a que determinadas sustancias pudieran llegar a pacientes bajo condiciones médicas controladas.
Una donación de US$ 100 millones que busca transformar la psiquiatría
El anuncio de Mycoskie llegó en un momento en que la investigación psicodélica volvía a ganar espacio en universidades, empresas biotecnológicas y organizaciones filantrópicas.
Sustancias como la psilocibina, presente en ciertos hongos, y la MDMA son objeto de estudios sobre posibles aplicaciones terapéuticas en cuadros como la depresión resistente y el trastorno de estrés postraumático.
El empresario planteó su compromiso como una inversión de largo aliento. En lugar de concentrar todo el dinero en una sola compañía, buscó apoyar diferentes frentes: investigación científica, organizaciones especializadas, iniciativas legislativas y proyectos capaces de acercar tratamientos a pacientes que no responden bien a las alternativas disponibles.
Entre sus aportes anunciados figuran u$s3,5 millones para la Asociación Multidisciplinaria de Estudios Psicodélicos (MAPS), u$S2 millones para el Centro de Investigación sobre Psicodélicos y Conciencia de Johns Hopkins y u$s5 millones para el Centro para la Ciencia de los Psicodélicos de la Universidad de California en Berkeley.
También destinó u$s1 millón a una campaña relacionada con la legalización del uso terapéutico de determinadas sustancias en Colorado.
El desafío científico, mientras tanto, sigue abierto. Que una sustancia muestre resultados alentadores en un ensayo no significa que esté lista para su uso generalizado.
Los investigadores deben estudiar su eficacia, los posibles efectos adversos, la duración de los beneficios y las condiciones en las que puede administrarse. También hacen falta profesionales preparados para acompañar a los pacientes.
Del negocio de calzado a las startups de biotecnología psicodélica
La trayectoria empresarial de Mycoskie ayuda a entender por qué eligió involucrarse en este sector. Toms nació en 2006 y se hizo conocida por su modelo de negocio con propósito social: por cada par vendido, la compañía prometía donar otro.
La propuesta ganó visibilidad internacional y convirtió a la marca en un caso de referencia para emprendedores interesados en combinar ventas y compromiso social.
En 2014, Bain Capital adquirió una participación del 50% de Toms, en una operación que valoró a la compañía en unos u$s625 millones. Mycoskie dejó la empresa en 2019, año en que el negocio atravesó dificultades financieras y pasó a manos de sus acreedores.
Su salida no significó el final de su actividad como inversor: abrió una etapa en la que comenzó a destinar recursos a iniciativas vinculadas con distintos objetivos sociales.
El salto hacia la biotecnología psicodélica responde a una lógica diferente de la industria del calzado. Desarrollar un medicamento exige ensayos clínicos, controles regulatorios y años de investigación, con costos que pueden alcanzar cientos de millones de dólares.
A cambio, si un compuesto demuestra beneficios y obtiene las autorizaciones correspondientes, puede abrir un mercado relevante.
El interés comercial ya se tradujo en acuerdos de gran escala. En agosto de 2025, la startup Gilgamesh cerró un acuerdo con AbbVie por un compuesto experimental basado en DMT, una sustancia psicodélica.
La operación, valuada en hasta u$s1.200 millones según sus términos anunciados, mostró que la industria farmacéutica está dispuesta a pagar por desarrollos prometedores.
Mycoskie busca participar en esa transformación sin reducirla a una carrera por encontrar la próxima molécula rentable. Su apuesta incluye investigación básica y aplicada, pero también cambios culturales y regulatorios. El potencial terapéutico y el negocio avanzan en paralelo, aunque no siempre al mismo ritmo.
Oportunidades de inversión en preparación psicológica e integración del paciente
La experiencia personal del empresario lo llevó a prestar más atención a una parte del tratamiento que, según él, suele quedar relegada: el trabajo previo y posterior a la administración de una sustancia psicodélica.
En su relato, una experiencia con San Pedro, un cactus que contiene mescalina, se desarrolló con acompañamiento terapéutico. Después atravesó meses de terapia y meditación. Mycoskie sostiene que ese proceso fue decisivo para su recuperación y que los psicodélicos, por sí solos, no explican la mejoría.
También contó que en 2024 sufrió una crisis de salud mental que incluyó pensamientos suicidas, un episodio que modificó su manera de entender los límites de estos tratamientos.
Su conclusión es relevante para un mercado que suele concentrarse en los medicamentos: la preparación y la integración psicológica podrían abrir oportunidades para nuevas empresas y servicios especializados. La preparación busca que el paciente llegue a la sesión con información, expectativas realistas y acompañamiento adecuado.
La integración, en cambio, apunta a trabajar después sobre las emociones, los recuerdos y las experiencias que puedan surgir durante el tratamiento.



