14 de octubre 2026 - 07:00

Quién es la inversora que gana donde casi nadie se anima: apuesta a los países más riesgosos y vence a Wall Street

Tina Vandersteel construyó su estrategia gracias a los bonos que muchos gestores evitan y logró excelentes rendimientos.

Una estrategia poco convencional la llevó a encontrar oportunidades donde gran parte del mercado prefiere no entrar.

Una estrategia poco convencional la llevó a encontrar oportunidades donde gran parte del mercado prefiere no entrar.

Gentileza - @lucyluphoto

Tina Vandersteel administra millones de dólares y ya hace décadas que se dedica a encontrar oportunidades en algunos de los mercados más difíciles del mundo. Su especialidad son los bonos de países con antecedentes de crisis, incumplimientos y alta volatilidad.

La estrategia consiste medir los riesgos, comprarlos cuando el precio es atractivo y protegerse cuando el escenario lo exige. Esa rutina le permitió alcanzar una rentabilidad anual del 6,4% en su fondo de deuda emergente desde 2016, por encima de otros instrumentos comparables de renta fija.

Tina Vandersteel administra miles de millones de dólares y concentra parte de su estrategia en bonos de economías con alto riesgo.

Tina Vandersteel administra miles de millones de dólares y concentra parte de su estrategia en bonos de economías con alto riesgo.

Tina Vandersteel, una inversora que busca alpha en los rincones más volátiles del mundo

Vandersteel trabaja en Grantham, Mayo, Van Otterloo (GMO), una firma de inversión con sede en Boston especializada en gestión de activos. Su carrera empezó en 1990, poco después de graduarse en economía, cuando empezó a analizar deuda de países en desarrollo en una entidad que luego pasó a formar parte de JPMorgan Chase.

Actualmente tiene bajo su ala unos u$s10.000 millones y dirige, entre otros vehículos, el Fondo de deuda de países emergentes de GMO, que administra alrededor de u$s2.200 millones. Desde que asumió su gestión en 2016, ese fondo obtuvo una rentabilidad anual del 6,4% sin comisiones.

Durante la última década, un fondo de Vanguard concentrado en bonos del Tesoro estadounidense a mediano plazo rindió en un 1,1% anual, mientras que su fondo indexado de deuda soberana emergente alcanzó 3%. Entre sus posiciones aparecieron bonos de Venezuela, Rusia, Bielorrusia, El Salvador y Uzbekistán, además de deuda de empresas con respaldo estatal como Pemex.

La diversificación entre 69 países y el uso de coberturas permiten reducir el impacto de posibles incumplimientos.

La diversificación entre 69 países y el uso de coberturas permiten reducir el impacto de posibles incumplimientos.

Su estrategia paso a paso: de la selección de países a la gestión del riesgo

El método se basa en que un bono riesgoso puede ser una buena inversión si su precio ya refleja un escenario extremadamente negativo. Venezuela es uno de los ejemplos más claros, ya que algunos de sus bonos llegaron a cotizar 6 centavos por cada dólar de valor nominal.

Ese precio incorporaba un nivel enorme de desconfianza, pero también abría la posibilidad de una recuperación importante si las expectativas cambiaban. Con el tiempo, esos títulos llegaron a cotizar entre 37 y 54 centavos por dólar.

En Rusia, la estrategia fue diferente, GMO tenía exposición a deuda rusa antes de la invasión de Ucrania, pero contrató simultáneamente seguros contra incumplimiento crediticio. Cuando Rusia dejó de pagar, esa cobertura se activó y permitió cerrar la operación con una pequeña ganancia.

Otro caso es Pemex, la compañía mexicana presenta problemas financieros y operativos que alejan a muchos inversores, pero el fondo interpreta que el respaldo del Estado mexicano reduce la posibilidad de un default. Por eso mantiene u$s84 millones en deuda de la petrolera.

La estrategia también implica vender cuando el mercado se mueve demasiado en la dirección contraria. Vandersteel recordó un episodio con bonos mexicanos en libras esterlinas que pasaron rápidamente de parecer baratos a estar sobrevalorados. El fondo vendió en ese momento y recompró más adelante, cuando los precios volvieron a normalizarse.

Para medir el riesgo, usa una matriz de 8x8 basada en cambios históricos de calificaciones crediticias. Al proyectar esas transiciones varios años hacia adelante, estima probabilidades de default y posibles recuperaciones de capital. Su modelo supone que, en caso de incumplimiento, los inversores podrían recuperar alrededor del 25% del capital.

A eso se le suma la diversificación, ya que el fondo tiene posiciones en 69 países, lo que permite distribuir el riesgo entre economías cuyos problemas no necesariamente tienen que estar relacionados.

Vandersteel sostiene que el miedo del mercado puede generar precios atractivos incluso en países con antecedentes de crisis.

Vandersteel sostiene que el miedo del mercado puede generar precios atractivos incluso en países con antecedentes de crisis.

Qué dice ella sobre el miedo que paraliza a la mayoría de los gestores

Para Vandersteel, la mayor parte de las oportunidades aparece justamente donde el resto del mercado siente mayor incomodidad. Su visión sale de que la deuda emergente es un mercado con ineficiencias importantes, donde los precios pueden alejarse bastante del riesgo real.

Por eso pasa gran parte de su día siguiendo cotizaciones y buscando diferencias que otros operadores dejan pasar. La inversora contó que se sienta frente a su escritorio desde las 6.30 hasta las 16 para observar precios y detectar movimientos que puedan generar una oportunidad.

También cuestiona la idea de que los bonos de los países desarrollados sean si o si más seguros. Estados Unidos, por ejemplo, tiene una deuda pública equivalente al 123% de su PBI, por encima de la de varios países emergentes que suelen verse como un riesgo mucho mayor.

Vandersteel incluso advierte que los inversores no deberían descartar escenarios poco habituales en mercados considerados seguros. Su conclusión es que en deuda soberana, ningún escenario debería considerarse imposible.

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