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15 de octubre 2026 - 00:00

Javier Milei y China: el swap que sostiene las reservas y las contradicciones de una diplomacia de redes

El Gobierno argentino combina la búsqueda de financiamiento y la apertura comercial con China con un discurso de confrontación. La relación con Beijing plantea desafíos para la política exterior, las exportaciones y el desarrollo industrial argentino.

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Milei y China: el swap que sostiene las reservas y las contradicciones de una diplomacia de redes.

La relación entre Argentina y China expone una de las principales contradicciones de la política exterior del gobierno de Javier Milei. Mientras el equipo económico negocia financiamiento con Beijing, renueva acuerdos monetarios y facilita el ingreso de vehículos chinos al mercado nacional, algunos de sus principales funcionarios y asesores difunden acusaciones contra ese mismo país. El pragmatismo financiero convive así con una confrontación discursiva que puede afectar la previsibilidad de una relación estratégica.

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La contradicción adquirió una nueva dimensión este 14 de octubre. El ministro de Economía, Luis Caputo, planteó ante inversores la posibilidad de utilizar el swap de monedas con China para afrontar necesidades financieras de 2027, particularmente si Argentina encuentra dificultades para refinanciar vencimientos de deuda en dólares.

En agosto de 2026, el Banco Central argentino y el Banco Popular de China renovaron el acuerdo de intercambio de monedas por 130.000 millones de yuanes, equivalentes aproximadamente a u$s19.000 millones. Extendieron su vigencia de tres a cinco años y mantuvieron activado un tramo de 35.000 millones de yuanes, unos u$s5.000 millones. Aunque estos fondos no constituyen automáticamente reservas netas de libre disponibilidad, representan una herramienta relevante para la estabilidad financiera.

El Gobierno argentino combina la búsqueda de financiamiento y la apertura comercial con China con un discurso de confrontación.

China aparece como un socio necesario cuando se trata de fortalecer las reservas, pero como una amenaza potencial cuando algunos integrantes del oficialismo intervienen en las redes sociales.

Los autos chinos: apertura comercial y sospechas de espionaje

La misma contradicción aparece en la política automotriz. Mediante el Decreto 49/2025, el Gobierno estableció un régimen que permite importar hasta 50.000 vehículos eléctricos e híbridos anuales con arancel extrazona del 0%, frente al 35% general, siempre que cumplan los requisitos establecidos. Aunque no está destinado exclusivamente a fabricantes chinos, estos se encuentran entre sus principales beneficiarios.

Mientras el Gobierno facilita el ingreso de estas tecnologías, Santiago Caputo, uno de los asesores más influyentes del Presidente, difundió una publicación donde advierte sobre supuestos riesgos de espionaje asociados a los automóviles inteligentes chinos. Incluso planteó la posibilidad de que Beijing pudiera desactivar remotamente vehículos argentinos ante un eventual conflicto internacional.

Es legítimo discutir los riesgos de ciberseguridad de cualquier tecnología. Pero existe una diferencia fundamental entre identificar una vulnerabilidad y demostrar una operación de espionaje organizada por un Estado extranjero. No se han presentado pruebas públicas suficientes para afirmar que los vehículos chinos comercializados en Argentina estén siendo utilizados para operaciones de inteligencia.

Los automóviles modernos incorporan cámaras, sensores, conectividad y sistemas de almacenamiento de datos independientemente de su país de fabricación. Cada Estado soberano dispone de facultades para establecer normas de seguridad, homologación y protección de datos. Existen además estándares internacionales, como los reglamentos 155 y 156 de Naciones Unidas, que abordan la ciberseguridad automotriz y las actualizaciones de software.

Argentina puede exigir auditorías, certificaciones y restricciones para vehículos utilizados en instalaciones estratégicas. La seguridad tecnológica requiere controles efectivos y criterios equivalentes para todos los proveedores.

Hay otro elemento que merece atención. China está promoviendo mecanismos multilaterales de gobernanza tecnológica, entre ellos la iniciativa de la Organización Mundial para la Cooperación en Inteligencia Artificial (WAICO), orientada a desarrollar estándares internacionales, fortalecer la seguridad, promover la trazabilidad y garantizar el control humano sobre los sistemas inteligentes. Su participación en estas iniciativas no reemplaza las auditorías independientes, pero demuestra que existen espacios institucionales para abordar estos desafíos mediante cooperación y regulación.

La preocupación sobre los datos también debe analizarse considerando antecedentes occidentales. El caso Cambridge Analytica documentó la utilización indebida de información personal obtenida mediante Facebook para elaborar perfiles políticos y orientar campañas electorales. La propia plataforma X enfrenta investigaciones regulatorias europeas sobre sus sistemas de recomendación y gestión de riesgos digitales.

La soberanía tecnológica exige aplicar las mismas reglas de protección de datos y seguridad a todas las empresas, independientemente de su nacionalidad.

Juan Doe y los costos de la diplomacia digital

El episodio de Santiago Caputo tampoco constituye un hecho aislado. En septiembre, Juan Pablo Carreira, conocido como Juan Doe y funcionario responsable de la comunicación digital del Gobierno, protagonizó una controversia diplomática al responsabilizar al Partido Comunista de China por una catástrofe ocurrida en Nepal y el Tíbet.

Carreira atribuyó el desastre a supuestas fallas de una instalación hidroeléctrica china, sin presentar evidencia suficiente que respaldara esa relación causal. La Embajada de China en Buenos Aires respondió públicamente, cuestionó sus afirmaciones y solicitó que dejara de difundir versiones sin fundamento.

La controversia adquiere relevancia porque se trata de funcionarios que ocupan posiciones dentro de la estructura estatal. Sus intervenciones públicas pueden tener consecuencias sobre las relaciones diplomáticas.

¿Qué estrategia internacional está construyendo Argentina cuando sus autoridades económicas solicitan cooperación financiera mientras integrantes del propio Gobierno alimentan controversias con ese mismo socio?

Veinte viajes a Estados Unidos y ninguno a China

La orientación de la política exterior también se expresa en la agenda presidencial. Con su nuevo desplazamiento a Washington, Javier Milei alcanza su vigésimo viaje a Estados Unidos desde que asumió la presidencia, el quinto durante 2026. En contraste, todavía no realizó ninguna visita oficial a China, uno de los dos principales socios comerciales argentinos y una fuente relevante de financiamiento, inversiones y demanda para nuestras exportaciones.

La diferencia adquiere especial importancia cuando se examinan los intereses económicos en juego. China fue el segundo socio comercial argentino durante los primeros cinco meses de 2026, detrás de Brasil.

La ausencia de una visita presidencial tiene implicancias que exceden el protocolo diplomático. La industria frigorífica, la producción porcina y el sector avícola necesitan profundizar negociaciones sanitarias y comerciales para ampliar su participación en el mercado chino.

Entre los asuntos pendientes se encuentran la ampliación de habilitaciones para menudencias y subproductos bovinos, la implementación de protocolos para productos porcinos y la consolidación del acceso avícola frente a los riesgos asociados a la influenza aviar.

En marzo de 2025, China anunció la reapertura de su mercado para la carne aviar argentina, suspendido desde 2023 por la influenza aviar. Antes de aquella suspensión, China absorbía aproximadamente el 45% de las exportaciones avícolas argentinas, por unos u$s170 millones anuales. Mantener y ampliar ese acceso constituye una prioridad para el sector.

En materia porcina, Argentina y China cuentan con instrumentos sanitarios bilaterales que contemplan carne y determinados subproductos comestibles. El desafío es completar habilitaciones, ampliar operaciones comerciales y fortalecer una cadena productiva con potencial para generar empleo y valor agregado.

En el sector bovino, la ampliación del acceso para menudencias permitiría mejorar el aprovechamiento integral de la faena y aumentar el valor exportado por animal.

Estos procesos requieren negociaciones técnicas entre el SENASA y las autoridades sanitarias chinas. Una visita presidencial no reemplaza esos procedimientos, pero puede aportar respaldo político, acelerar la coordinación institucional y elevar la prioridad de los asuntos pendientes.

Cada protocolo sanitario que se demora representa una oportunidad comercial pendiente para productores, frigoríficos y economías regionales. La política exterior tiene consecuencias concretas sobre la generación de divisas, el empleo y la capacidad exportadora nacional.

Brasil negocia fábricas, Argentina facilita importaciones

La industria automotriz permite observar otra dimensión del problema. China se convirtió en el principal productor mundial de automóviles y lidera la transformación hacia la electromovilidad. Su ventaja combina investigación, escala manufacturera, baterías, electrónica, inteligencia artificial, robótica y redes de proveedores.

Este proceso expresa lo que he denominado el Momento Shenzhen: un nuevo paradigma productivo basado en innovación / integración industrial / escala / reducción de costos / difusión tecnológica.

Brasil comprendió que la expansión automotriz china podía utilizarse para fortalecer su estructura productiva. Empresas como BYD y Great Wall Motor avanzaron en inversiones industriales destinadas a fabricar vehículos en territorio brasileño.

En Camaçari, Bahía, BYD puso en marcha un complejo industrial sobre las antiguas instalaciones de Ford, con una inversión inicial anunciada de 5.500 millones de reales y una meta empresarial de alcanzar el 50% de contenido local hacia 2027.

La estrategia brasileña busca incorporar proveedores nacionales, generar empleo, formar trabajadores y ampliar las capacidades tecnológicas de su industria. Argentina, en cambio, está privilegiando la apertura comercial mediante cupos de importación con arancel cero, sin una estrategia equivalente de inversiones industriales vinculadas a la electromovilidad.

Nuestro país dispone de una industria automotriz consolidada, empresas autopartistas, trabajadores especializados, capacidades científicas, recursos de litio y acceso al mercado regional del Mercosur. Existen condiciones para negociar inversiones destinadas a fabricar vehículos eléctricos, baterías y componentes tecnológicos en territorio nacional.

Con China también se puede construir una política industrial, además de una política comercial. La experiencia brasileña demuestra que la llegada de empresas extranjeras puede articularse con objetivos nacionales de empleo, transferencia tecnológica e integración productiva.

La autonomía como política de desarrollo

La competencia entre China y Estados Unidos constituye uno de los principales procesos de reorganización del sistema internacional. Argentina mantiene relaciones económicas, comerciales y financieras relevantes con ambas potencias.

El Gobierno de Milei decidió profundizar su alineamiento político con Washington, pero sus propias decisiones económicas demuestran que la relación con Beijing continúa siendo estratégica. La renovación del swap, la posibilidad de utilizar sus fondos y la expansión de las importaciones de vehículos chinos constituyen ejemplos concretos.

Esta realidad debería impulsar una política exterior basada en los intereses nacionales, capaz de diversificar relaciones y aprovechar las oportunidades de un mundo multipolar.

La contradicción de la administración Milei queda expuesta en sus propias decisiones: necesita la cooperación financiera china para fortalecer su posición externa, facilita el ingreso de sus tecnologías y, simultáneamente, tolera acusaciones públicas contra ese mismo socio desde sectores influyentes de su estructura política.

Argentina tiene ante sí una oportunidad histórica para participar de la transformación industrial que está modificando la economía mundial. Aprovecharla requiere autonomía, planificación y capacidad de negociación.

La soberanía se fortalece cuando un país puede definir sus prioridades, desarrollar su industria y relacionarse con todos los polos de poder a partir de sus intereses.

El desafío argentino es pasar de utilizar a China como respaldo financiero e importar sus productos a construir una relación que también genere fábricas, tecnología, empleo y valor agregado nacional.

Ex Embajador Argentino en la República Popular China. Presidente del Centro de Sinología de la Universidad de Buenos Aires (CEUS-UBA).

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