Aunque faltan casi dos meses para comenzar su segundo mandato, Aníbal Ibarra está más apurado que nunca por dos urgencias. Una es lograr que la actual Legislatura le vote el Presupuesto 2004 en el cual tiene previstos gastos que no le querrán autorizar los nuevos legisladores, donde hay ocho del trotskista Luis Zamora que vienen con el No escrito en la frente. La otra es para que el Tribunal de Justicia de la Ciudad autorice la integración del nuevo cuerpo de auditores, que son quienes controlarán su próxima gestión. Al margen de esto, aparece un elemento incontrolable: entre los 60 legisladores elegidos debe sortearse una mitad que sólo ocupará sus bancas durante dos años para permitir la renovación por mitades que manda la Constitución.
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La sesión en cuestión se realizó el 1 de julio pasado para nombrar a un presidente de la Auditoría y 6 auditores adjuntos, los cuales, de acuerdo con la Constitución se reparten proporcionalmente entre los bloques, siendo el titular del organismo de la primera minoría opositora al gobierno porteño.
El ibarrismo insiste así con la idea de quitar un representante a la UCR, lo que podría suceder, ya que en la anterior Auditoría fue el PJ el que demandó judicialmente contra el entonces bloque de
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