Bielsa: ¿En qué silla se sienta? Bianciotti: No me acuerdo. Bielsa: Recuerdo que su novela «Sin la misericordia de Cristo» es muy francesa, pero a la vez muy argentina.
Bianciotti: Sí, yo nací en un pueblo entre Córdoba y Santa Fe. Insoportable. Un día me subí a un caballo, saludé a mi padre, le dije que nunca iba a volver, me fui y nunca volvía.
Bielsa: ¿Qué pueblo? Bianciotti: Calchín Oeste. Los visitantes cumplieron con el rol intelectual de hablar bien del gobierno. Bianciotti dijo que le interesaba Kirchner porque «es el bueno en la lucha con los malos». Por eso prometió que viajará más al país. Saer fue invitado en noviembre a la prometida condecoración de Augusto Roa Bastos por el gobierno argentino, condición que puso el novelista paraguayo.
«Kirchner destila racionalidad», depositó Saer en la ranura. El canciller hizo su aporte analítico al recordar la amistad de Bianciotti con el fallecido escritor Herbé Guibert, admirado por Bielsa y amigo íntimo de Bianciotti. Este aprovechó para recordar sus costumbres y sus dichos. Guibert fue amigo además de otra celebridad, el pensador Michael Foucault. El recuerdo inspiró una reflexión de Bielsa. «En psicoanálisis todo lo que no se dice aparece después como síntoma. Eso es lo que queremos hacer en este gobierno, que salgan los temas tapados», dijo el ministro y relató su visita a Roa en Paraguay. Glosaron la vocación intelectual del canciller francés Jacques de Villepín, que ha publicado una antología de los poemas que recuerda su infancia. «Me lo mandó dedicado», relató Bielsa. «Villepín es un cuadrazo», elogió el canciller con jerga militante. Pasaba el reloj y el funcionario abrió los brazos: «La verdad es que me pasaría todo el día hablando de libros con ustedes», Saer: No, mejor es que ahora vaya a trabajar.
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