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Pero interesa lo que ocurre con Béliz, ya que ese período de reserva, meditación y ocultamiento sirvió para tejer versiones e historias. Desde una confrontación entre el ministro y el Presidente, hasta enfrentamientos con otros pares del gabinete (siempre alguien se pelea con Alberto Fernández y, por supuesto, jamás se llevará bien Béliz con Rafael Bielsa porque uno casi no llevó a nadie al ministerio mientras en Cancillería, se afirma, ingresaron asesores varios, seguramente imprescindibles para la gestión). Si la desaparición y el silencio abrieron la compuerta de la intriga, otras cuestiones aumentaron ese cotilleo.
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