Debut y sorpresa de Macri
desembarcó ayer en su
nuevo despacho de la
jefatura de Gobierno porteña
donde no pudo dar con los
autos oficiales y mandó a
hacer un inventario.
Suele pasar cuando algunos inquilinos entregan la casa y no hacen a tiempo a borrar los rastros de la mudanza: suciedad, desorden, lamparitas que no funcionan, enseres que no se encuentran o que, seguramente por error, fueron cargados en los camiones. Esa impresión tuvieron ayer varios ministros de Mauricio Macri al ingresar a sus despachos del Palacio Municipal en Bolívar 1, pero nunca se imaginaron que podrían faltarles autos oficiales.
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Carpetas desordenadas fuerade los armarios, cables expuestos, computadoras que no se identifican, acondicionadores de aire de adorno, fueron algunas de las sorpresas. Pero, lo más llamativo fue que una brigada efectuó un relevamiento sobre un inventario existente y registró la falta, nada más ni nada menos, que de 150 autos oficiales, que nadie creyó que Jorge Telerman -el inquilino saliente-tuviera guardados en el garaje de su casa, claro, ni tampoco su antecesor Aníbal Ibarra.
Tal vez una confusión, pensaron, pero lo cierto es que la brigada macrista, ayer por la tarde, se disponía a elaborar las actas de rigor para comunicarle al área de «material rodante» acerca del faltante.
Recién por la tarde surgió que la flota pertenecía a un lote de automóviles patentados hace más de diez años y que, teóricamente, debieron ser compactados en 2003, durante la gestión de Ibarra. Sin embargo, aunque se encontró documentación que daba de baja a los vehículos, no quedaba claro ayer para los nuevos funcionarios que se haya realizado el trámite como corresponde, una auditoría que intentarán completar en esta semana.
Traslado
De todos modos ayer, en su primer día, Macri no tuvo auto oficial para trasladarse en un itinerario de visitas «sorpresa» que decidió sobre la marcha (en auto propio). En cambio sí se reportó la continuidad de la estada de una cinta para correr que se ubica en el despacho del jefe de Gobierno desde la gestión de Fernando de la Rúa. Nadie pudo explicar hasta hoy si ese aparato de gimnasia lo olvidó aquel jefe porteño y pasó a estar inventariado, o bien es parte del mobiliario del despacho principal del palacio. Aníbal Ibarra la arrumbó en el baño de su oficina, pero Jorge Telerman aseguró utilizarla y hasta se fotografió con ella. Dicen los macristas, sin embargo, que el aparato es vetusto y seguramente lo trasladarán a algún depósito.
No fueron ayer las únicas dificultades de los inquilinos PRO. Los teléfonos también les jugaron una jornada cargada de interferencias, ya que desde el conmutador aún no identifican bien qué oficinas ocupa cada funcionario y las llamadas llegaban siempre al mismo escritorio de quien suplicó le desconecten los aparatos porque no sabía tampoco adónde debían ir las llamadas.
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