El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
En poco tiempo, habrá dos indicios: cuando Solá defina su nuevo gabinete y cuando, en paralelo, revele cuánto hará cotizar su cachet de gobernador con «votos propios» (referencia de la que se enamoró) cuando reparta el Poder en el Parlamento de Buenos Aires.
A la hora de llenar los casilleros de la cuadrilla de gobierno, el reelecto marcará su tendencia. La elección de sus nuevos ministros permitirá entrever cuál es su intención: construir En el escenario legislativo ocurre lo mismo: pujará por imponer jefes de Cámara y bloques que le sean fieles o cederá, quizá por antojo de Duhalde, el control de esos sillones y cajas a caciques que históricamente juramentaron su fe política en Lomas de Zamora.
Parco, Solá no expone su postura. Pero, como ángeles y demonios, a su alrededor suenan coros que le arriman sugerencias. Hay, como en todo mix, un ala dura y otra moderada. Ninguna, en el círculo íntimo, propugna la sumisión a Duhalde que postula el ultraduhaldismo.
Ciertas o no, días atrás en una entrevista con este diario, Solá deslizó señales: dijo, por un lado, que no armará una estructura propia -no al menos en el sentido tradicional, punteril, del PJ-y aseguró, por otro, que apostará a mejorar su gestión vía una reforma constitucional.
Esa idea desempolvó, de inmediato, el fantasma de un intento prematuro de retocar las leyes para habilitar otra reelección en 2007 como hizo, sin éxito,
Dejá tu comentario