El dato sensible para la continuidad de la compañía es la deuda con proveedores, que se ubica en torno de los US$22 millones.
La fábrica, en los hechos, viene funcionando con el financiamiento involuntario de contratistas y proveedores nacionales y extranjeros que entregaron bienes y servicios sin recibir los pagos correspondientes.
Los acreedores en su mayoría proveedores de conjuntos críticos como Elbit, Israel Aerospace Industries (IAI), Liebherr Aerospace, Honeywell, Lockheed Martin, Prodismo, MBA S.A, Inmeba SRL, DTA S.A, AOG, ADE SRL y otros nucleados en la Cámara Argentina Aeronáutica y Espacial (CArAE) dudan sobre cuánto tiempo más puede sostenerse ese esquema.
Un déficit que no se resuelve con presupuesto
El Ministerio de Economía aprobó mediante la Resolución 1289/2026 el Plan de Acción y Presupuesto de FAdeA para este año. El documento proyecta ingresos operativos por $135.090 millones frente a gastos de operación por $149.610 millones, lo que genera un resultado operativo negativo de $14.519 millones.
El número expone un problema estructural: la actividad propia de la fábrica no alcanza para financiar su funcionamiento.
La aparente mejora emerge cuando se incorporan las transferencias y recursos corrientes del Estado según el humor del ministro de Economía, Luis Caputo.
De allí surge un resultado financiero final proyectado positivo de apenas $104,1 millones. Pero el equilibrio presupuestario depende de recursos que no provienen de la generación genuina de fondos de la empresa, sino de las transferencias de la Administración Nacional.
En otras palabras, el Estado evita por ahora una crisis de caja inmediata, pero no está resolviendo el problema industrial.
La fábrica continúa dependiendo de un esquema en el que el accionista estatal (Defensa) cubre parcialmente sus necesidades mientras los proveedores terminan financiando el resto de la operación a su propio cargo y riesgo.
La fábrica que espera dos contratos
La paradoja es que FAdeA tiene capacidades industriales que podrían permitirle recuperar actividad y generar ingresos, pero las decisiones que deberían ponerlas en marcha permanecen demoradas.
El propio plan de acción menciona como eje de la estrategia comercial la consolidación de los contratos plurianuales con el Estado para mantenimiento y modernización de aeronaves.
Dos acuerdos considerados centrales: la actualización de los IA-63 Pampa y el mantenimiento de los C-130 Hércules están sin formalizar. El cliente, la Fuerza Aérea Argentina en boca de su titular el brigadier general Gustavo Valverde atribuyó esa situación a restricciones presupuestarias que demoraron la llegada de recursos previstos para este año según publicó el medio cordobés, La Voz.
Las dos carpetas en letargo criogénico desde el último mes de gestión de Luis Petri continúan en el mismo estado con el sucesor, teniente general Carlos Presti.
La ausencia de esos contratos tiene un efecto que va mucho más allá de una cuestión administrativa y de operatividad. Sin órdenes de trabajo de largo plazo, FAdeA no puede planificar producción, compras, inversiones ni contratación de proveedores con previsibilidad y la cadena industrial se rompe.
La planta permanece prácticamente paralizada, tal como lo ha afirmado a este medio el secretario general del Sindicato de Trabajadores Aeronáuticos (STA), Marcelo Bertorello.
Hay una excepción relevante: la producción de partes para el avión de transporte estratégico brasileño C-390 Millennium, dentro del programa desarrollado junto con Embraer del que FAdeA es socio de riesgo.
El programa tuvo un pago reciente de unos 3 millones de dólares que el nuevo presidente de FAdeA, ingeniero Oscar López, aplicó en parte a compromisos salariales.
Una fábrica estratégica que pierde recurso humano esencial
El deterioro financiero adquiere mayor gravedad porque FAdeA no es una empresa industrial cualquiera. Es una sociedad anónima cuyo único accionista es el Estado Nacional, bajo la órbita del Ministerio de Defensa socio mayoritario junto a Fabricaciones Militares, y su principal cliente histórico es la Fuerza Aérea Argentina.
El Estado tomó el control de la compañía en 2009 luego de que estuvo concesionada a Lockheed Martin, adquiriendo sus acciones y los inmuebles, instalaciones y equipos que habían pertenecido históricamente a la Fábrica Militar de Aviones.
El escenario de un eventual concurso preventivo tendría un impacto político e institucional mucho mayor que la de una empresa privada con problemas de liquidez.
El costo oculto es perder capacidades que llevan décadas construir.
FAdeA cuenta con personal técnico y profesional especializado en actividades que no pueden recuperarse rápidamente una vez perdidas.
El presupuesto contempla una dotación de 705 trabajadores, de los cuales 519 corresponden a personal técnico y profesional.
La reducción de actividad, los pagos salariales fragmentados además de una recomposición del haber que lleva tres años sin ejecutarse ya están produciendo otro efecto: trabajadores calificados comenzaron a buscar alternativas laborales.
Hay una pérdida progresiva de capacidades y experiencia que demanda años de formación para ser reconstruida. “Estamos poniendo en riesgo la soberanía tecnológica adquirida en este sector y llevando al país a depender de empresas y potencias extranjeras, afirmó el gremialista Bertorello.
Córdoba reclama definiciones
Desde Córdoba también crecen las inquietudes.
Fernando Sibilla, actual ministro de Industria de la provincia y ex presidente de FAdeA, sostuvo que la empresa tiene un "potencial enorme", pero que se encuentra condicionada por las decisiones de su accionista estatal.
Sibilla señaló que la fábrica conserva capacidades para el mantenimiento militar de aeronaves, especialmente de los sistemas Hércules y Pampa, además de oportunidades de exportación vinculadas con Embraer y el C-390. También mencionó posibilidades en mantenimiento comercial, aeroestructuras y fabricación de componentes.
Pero el diagnóstico es contundente: la empresa tiene capacidades y mercado potencial, pero necesita decisiones que no se están tomando.
La provincia, además, ya había explorado una alternativa de participación público-privada, aunque esas negociaciones no avanzaron por falta de voluntad del Gobierno Nacional, según la evaluación de Sibilla.
El interrogante que Defensa ya no puede postergar
El presupuesto 2026 establece un plan de reducción de gastos y control mensual para intentar mejorar la competitividad internacional.
El ajuste por sí solo difícilmente pueda resolver una crisis generada por la falta de actividad y de contratos.
“FAdeA necesita saber qué quiere hacer el Estado con ella” dijo tajante el dirigente gremial Bertorello: “si será una herramienta estratégica para el mantenimiento y modernización de los sistemas de armas argentinos, una empresa aeronáutica con capacidad exportadora, un proveedor especializado dentro de cadenas regionales como la de Embraer, o simplemente una sociedad estatal destinada a sobrevivir mediante transferencias presupuestarias”.
“Cada mes sin contratos significa menos producción. Cada mes sin producción implica menor facturación. Cada mes de menor facturación aumenta la deuda. Y cada demora en los pagos deteriora la relación con los proveedores y con la fuerza laboral que es el sostén de la producción de la fábrica”, completó el gremialista.