ver más

Ya superaste el límite de notas leídas.

Registrate gratis para seguir leyendo

15 de octubre 2002 - 00:00

Irracionalidad de los racionales

ver más

El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

Estamos acercándonos a San Pablo en cantidad de secuestros pero aquí es mucho peor por la agresividad latente. El delincuente brasileño no balea, con rencor innecesario, a la víctima que logra zafar de su intento delictivo cuando el lucro ambicionado está perdido por la huida.

Salvo que admitamos los males que tenemos -o que se lo haga en procura de corrección a la par de los propios-, no es correcto generalizar carencias sectoriales de otros desde una tribuna pura que no existe.

Viene esto porque esta semana se conoció, al menos los que por obligación profesional leemos todo, un artículo del periodista británico radicado desde añares en la Argentina, James Neilson, acusando de «irracionales» a los políticos candidatos a presidente de la Nación en marzo Adolfo Rodríguez Saá, Carlos Menem y Lilita Carrió.

Neilson, que años atrás tuvo destacada actuación en el diario «The Buenos Aires Herald» en la época de su esplendor por denunciar permanentemente -cuando lo dirigía Robert Cox- los excesos de la represión militar, ha adoptado una forma periodística muy especial. Elabora sus columnas semanales en una revista desde Pinamar -imaginamos que debe seguir radicado allí- sin contacto directo con la realidad argentina. No actos, no conocer a los protagonistas políticos o funcionarios, no recorrer los estratos sociales. Sólo los comunicados y lo que publican los medios para sus deducciones. Quizá alguna visión televisiva y nada más.

En periodismo se puede juzgar -con cierta versación informativa y adecuada capacidad de análisis, obvio- lo que quiere hacer George Bush en Irak, lo que muestra o esconde Lula en Brasil y las perspectivas que se derivarían de su eventual presidencia, por qué se derrumbó la izquierda en Francia y si crean o no desapego al trabajo las políticas asistenciales de la señora Hilda Duhalde. Pero a nadie se le ocurriría, sanamente, deducir de los medios sin invocar fuentes serias las condiciones psicológicas de personas -nada menos- sin conocerlas ni haberlas visto ni entrevistado nunca en su vida. Menos tratarlas de cuerdas absolutas o «irracionales». Ni siquiera se puede con Bill Clinton, que interpretó «diálogos de la vagina» con habanos en la misma histórica Sala Oval de la Casa Blanca.



Últimas noticias

Dejá tu comentario

Te puede interesar

Otras noticias