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28 de abril 2003 - 00:00

Menem desatendió a independientes y debilitó un triunfo que era obvio

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Desde facilitarle canales de la TV oficial hasta financiarle la campaña, algo que incluyó encuestas pagas y todas las medidas que desde la titularidad del Poder Ejecutivo se pueden usar para tratar de digitar unos comicios, las dispuso Duhalde.

Pensemos que hasta en la mañana de las elecciones se anunció una medida falsa -desmentida por funcionarios responsables del propio gobierno- como que la empresa aérea LAPA sería estatizada vía LADE, la pequeña empresa del Estado que sólo tiene 2 aviones chicos. Fue el proselitismo electoral final en tiempo de veda política. Sólo fue la culminación. Antes de eso todas las medidas drásticas de recuperación del país que pudieran haber afectado al candidato oficial fueron postergadas hasta después del 25 de mayo (suba ineludible en las tarifas públicas, despidos laborales congelados, realizar un superávit presupuestario adecuado para pagarles a acreedores del exterior, abonarles las compensaciones a los bancos por la pesificación, rescate de bonos provinciales, qué hacer con deudores no bancarios, subsidios sin contraprestación laboral y muchos más).



No deja de ser elogioso lo que han logrado los opositores -incluido ser primero y tercero- en el contexto tan especial que planteó el duhaldismo para esta elección: desde anular la interna partidaria hasta volcarse a un candidato sobre otros del mismo partido en el gobierno. No se recuerda en la historia política del país intervención semejante de quien desempeña el Poder Ejecutivo y sueñe con un sucesor propio, digitado. Pensemos que Kirchner gana en las provincias patagónicas, como siempre se pronosticó por ser de la región, pero también donde estaban los gobernadores que apoyaron a Duhalde y recibieron fuertes aportes de fondos por ello. Es el caso de Eduardo Fellner en Jujuy y de Gildo Insfrán en Formosa. Más la provincia de Buenos Aires. Demostraría que la combinación ejercicio del Poder Ejecutivo más aparato partidario genera buenos resultados. Hasta ahora, en elecciones generales, el «aparato» nunca funcionó fuera de las internas. Es toda una novedad si pensamos que sólo en Tucumán falló el aporte de fondos y allí no ganó el candidato oficial.

Para Néstor Kirchner haber llegado a un ballottage es también un logro si consideramos que hace 5 meses nadie a nivel popular pronunciaba bien su nombre ni sabía con exactitud qué provincia gobernaba. Su principal triunfo pareciera que en definitiva sería el de ayer. Ganar la segunda vuelta el 18 de mayo le será difícil. Y aun cuando superara ese escollo, tampoco le será fácil gobernar con un triunfo del cual se creerá dueño Eduardo Duhalde y se lo hará sentir, más tarde o más temprano.

En función de país no es satisfactorio el resultado en cuanto a que el voto racional y de economía ortodoxa, que se necesita para superar esta crisis tremenda, necesitaba más diferencia de la que las cifras muestran sobre el populismo y el clientismo político que representan la línea Duhalde vía Kirchner. Ni pensar ya en aquel sueño de los mercados de un ballottage entre Menem y Ricardo López Murphy.





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