Ministro prisionero de piqueteros sin límites
El gobierno reaccionó anoche ante la ola desvergonzada de piqueteros y sindicalistas sin límites en sus aspiraciones de dominio al ordenar una querella a los activistas que protagonizaron hasta la madrugada de ayer un bochornoso secuestro nada menos que del ministro de Trabajo y un grupo de funcionarios. Carlos Tomada es ya el tercer funcionario privado de su libertad en oficinas públicas que escapan al control de un gobierno que alardea por las radios de no criminalizar la protesta, una suerte de luz verde para el desorden que convierte las calles de Buenos Aires en coto de caza de piqueteros, que cortan cada esquina cuando les viene en gana. Antes ocurrió con Juan González Gaviola en el PAMI y con miembros del Consejo de la Magistratura, a quienes activistas sindicales les arrancaron concesiones salariales sin fondos para pagarlas. En el caso de Tomada, el agravante es que junto con él estuvieron los sindicalistas del empleo público Andrés Rodríguez y Víctor De Gennaro, que sufrieron encierro pero tuvieron un pase especial para retirarse del edificio del Ministerio de Trabajo dejando en cautiverio durante más de siete horas al ministro y los funcionarios, merced a una horda de piqueteros que reclamaba 3 mil planes Jefas y Jefes. Anoche la reacción del gobierno fue saludable al instruir que se querelle a los responsables de esa ordalía piquetera.
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• Dirigentes
Una ironía para De Gennaro porque la CTA, por medio de Luis D'Elía -que controla la FTV, agrupación de 40 mil piqueteros- fue uno de los primeros grupos años atrás, con Fernando de la Rúa en la presidencia, que estrenó tropa piquetera con un corte de 15 días en La Matanza.
En ningún momento, durante las 8 horas que duró el secuestro masivo, Tomada topó a los piqueteros. Se quedó en su despacho leyendo un informe sobre el plan que presentó ayer y hasta aprovechó para mirar por TV el partido que Boca perdió ante Nacional de Medellín. Ni el fútbol lo acompañó.
Fueron Enrique Deibe, su secretario de Empleo, y Rial los encargados de convencer a los piqueteros de que permitan salir a los administrativos, mientras el encargado de Seguridad, el Coronel Martínez, alertaba sobre hechos violentos.
En la larga estadía forzada, Tomada bebió agua mineral, casi no probó bocado -a pesar que toda la noche permaneció abierto el quiosco de planta baja- y siguió en contacto con Kirchner, Fernández y Béliz, quien ordenó un montaje especial de policías dentro y fuera del ministerio.
Nadie, durante la noche, pudo desentrañar el origen del incidente: los grupos que cer caron el ministerio no figuraban en los registros del gobierno y sus jefes no eran conocidos -aunque se decían escindidos del Polo Obrero de Néstor Pitrola-; eran desconocidos para los interlocutores de Trabajo.
• Insostenible
El hecho forzó al gobierno a mutar su planteo sobre los piqueteros. Dijo Fernández: «Lo que ocurrió es un hecho insostenible» porque «han privado de su libertad, no a un ministro, sino a un grupo de gente». Y reprochó que aunque «la protesta social no debe ser criminalizada», en este caso «no se» trata de «de una protesta social».
Conquistó a una rama dialoguista, encarnada por D'Elía y en menor medida Juan Carlos Los piqueteros, en formación militar frente al Ministerio de Trabajo, antes de decidir cercar el edificio para impedir al ministro Tomada salir de su oficina; la captura se extendería durante 9 horas, hasta la madrugada de ayer.
Alderete de la CCC y Raúl Castells, del MIJD -el preferido de la ministra Alicia Kirchner- y hasta promovió grupos como el de la UOCRA de Gerardo Martínez u otros que se declaran peronistas de izquierda.
En medio quedó un sector amplio que ingresó en una sistemática desintegración. Al punto que actualmente hay más de 40 grupos distintos al margen de «los 13 grandes» que abarcan al Polo Obrero, Barrios de Pie y Teresa Vice, entre otros.
Con esa segmentación creció la demanda de asistencia y el gobierno tuvo que agregar entre 15 y 20 mil nuevos planes en los últimos dos meses. Es el juego del «2x1»: se dividen para pedir más planes. Ayer, esos clanes reclamaban 3.000 pero el rapto no les alcanzó para llevarse un sí.




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