24 de octubre 2003 - 00:00

Ministro prisionero de piqueteros sin límites

El gobierno reaccionó anoche ante la ola desvergonzada de piqueteros y sindicalistas sin límites en sus aspiraciones de dominio al ordenar una querella a los activistas que protagonizaron hasta la madrugada de ayer un bochornoso secuestro nada menos que del ministro de Trabajo y un grupo de funcionarios. Carlos Tomada es ya el tercer funcionario privado de su libertad en oficinas públicas que escapan al control de un gobierno que alardea por las radios de no criminalizar la protesta, una suerte de luz verde para el desorden que convierte las calles de Buenos Aires en coto de caza de piqueteros, que cortan cada esquina cuando les viene en gana. Antes ocurrió con Juan González Gaviola en el PAMI y con miembros del Consejo de la Magistratura, a quienes activistas sindicales les arrancaron concesiones salariales sin fondos para pagarlas. En el caso de Tomada, el agravante es que junto con él estuvieron los sindicalistas del empleo público Andrés Rodríguez y Víctor De Gennaro, que sufrieron encierro pero tuvieron un pase especial para retirarse del edificio del Ministerio de Trabajo dejando en cautiverio durante más de siete horas al ministro y los funcionarios, merced a una horda de piqueteros que reclamaba 3 mil planes Jefas y Jefes. Anoche la reacción del gobierno fue saludable al instruir que se querelle a los responsables de esa ordalía piquetera.

Ministro prisionero de piqueteros sin límites
Néstor Kirchner ordenó anoche denunciar por «privación ilegítima de la libertad» a los piqueteros que la madrugada de ayer tomaron de «rehén» al ministro de Trabajo, Carlos Tomada, quien, durante ocho horas, no pudo salir de su oficina en el piso 13 del edificio de la avenida Leandro Alem.

Bastaron 150 militantes de siete clanes ignotos y menores, y algunas cadenas -que usaron para clausurar las puertas de acceso al ministerio- para que el Presidente tuviera una noche de desvelo: hasta el acuerdo final, a las 4.30 de la madrugada, Kirchner siguió por teléfono la negociación.

Hasta leyó el petitorio (que recibió por fax) que firmaron los caciques piqueteros con Noemí Rial, la viceministra de Trabajo, antes de suspender la toma y sin que el gobierno les otorgue los 3.000 planes que exigían desde el mediodía.

Tampoco pudieron dormir jefe de Gabinete, Alberto Fernández, y el ministro de Justicia, Gustavo Béliz, que siguieron desde el Departamento Central de Policía, por TV y en online telefónico los detalles del piquetazo que capturó a Tomada y a varios de sus funcionarios y empleados.

• Dirigentes

Incluso, dos jefes gremiales beneficiados por el Gobierno, Andrés Rodríguez de UPCN y Víctor De Gennaro de la CTA, quedaron varados en el ministerio. Habían ido a aplaudir el decreto que otorga libertad sindical a los empleados estatales y los atrapó el piquete.

Pero gracias a sus buenas artes negociadoras obtuvieron salvoconductos y pudieron escabullirse.

Una ironía para De Gennaro porque la CTA, por medio de
Luis D'Elía -que controla la FTV, agrupación de 40 mil piqueteros- fue uno de los primeros grupos años atrás, con Fernando de la Rúa en la presidencia, que estrenó tropa piquetera con un corte de 15 días en La Matanza.

En ningún momento, durante las 8 horas que duró el secuestro masivo,
Tomada topó a los piqueteros. Se quedó en su despacho leyendo un informe sobre el plan que presentó ayer y hasta aprovechó para mirar por TV el partido que Boca perdió ante Nacional de Medellín. Ni el fútbol lo acompañó.

Fueron
Enrique Deibe, su secretario de Empleo, y Rial los encargados de convencer a los piqueteros de que permitan salir a los administrativos, mientras el encargado de Seguridad, el Coronel Martínez, alertaba sobre hechos violentos.

En la larga estadía forzada, Tomada bebió agua mineral, casi no probó bocado -a pesar que toda la noche permaneció abierto el quiosco de planta baja- y
siguió en contacto con Kirchner, Fernández y Béliz, quien ordenó un montaje especial de policías dentro y fuera del ministerio.

Nadie, durante la noche, pudo desentrañar el origen del incidente: los grupos que
cer caron el ministerio no figuraban en los registros del gobierno y sus jefes no eran conocidos -aunque se decían escindidos del Polo Obrero de Néstor Pitrola-; eran desconocidos para los interlocutores de Trabajo.

• Insostenible

El hecho forzó al gobierno a mutar su planteo sobre los piqueteros. Dijo Fernández: «Lo que ocurrió es un hecho insostenible» porque «han privado de su libertad, no a un ministro, sino a un grupo de gente». Y reprochó que aunque «la protesta social no debe ser criminalizada», en este caso «no se» trata de «de una protesta social».

Conquistó a una rama dialoguista, encarnada por D'Elía y en menor medida
Juan Carlos Los piqueteros, en formación militar frente al Ministerio de Trabajo, antes de decidir cercar el edificio para impedir al ministro Tomada salir de su oficina; la captura se extendería durante 9 horas, hasta la madrugada de ayer.

Alderete de la CCC y Raúl Castells, del MIJD -el preferido de la ministra Alicia Kirchner- y hasta promovió grupos como el de la UOCRA de Gerardo Martínez u otros que se declaran peronistas de izquierda.

En medio quedó un sector amplio que ingresó en una sistemática desintegración. Al punto que actualmente
hay más de 40 grupos distintos al margen de «los 13 grandes» que abarcan al Polo Obrero, Barrios de Pie y Teresa Vice, entre otros.

Con esa segmentación creció la demanda de asistencia y el gobierno tuvo que agregar entre 15 y 20 mil nuevos planes en los últimos dos meses. Es el juego del «2x1»: se dividen para pedir más planes. Ayer,
esos clanes reclamaban 3.000 pero el rapto no les alcanzó para llevarse un sí.

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