El Papa siguió el Vía Crucis por TV

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Lo hizo desde su capilla. La televisión mostró imágenes de Juan Pablo II vistiendo una estola litúrgica como señal de que participó del Vía Crucis que se realizó en el Coliseo. Además, envió un mensaje a los presentes en el que ofreció su enfermedad "para que se cumpla el proyecto de Dios".

Roma (EFE) - Por primera vez en sus 26 años de pontificado, Juan Pablo II no pudo presidir anoche en el Coliseo de Roma el tradicional Vía Crucis, pero lo siguió por televisión desde el Vaticano y envió un mensaje a los presentes en el que ofreció su enfermedad "para que se cumpla el proyecto de Dios".
   
"Me siento espiritualmente con vosotros en el Coliseo, un lugar que me trae tantos recuerdos y emociones, para celebrar el sugestivo rito del Vía Crucis", escribió el Papa en el mensaje leído por el cardenal vicario de Roma, Camillo Ruini, que presidió la ceremonia en su nombre.
   
Coincidiendo con la lectura, el Centro Televisivo Vaticano mostró la imagen de Juan Pablo II siguiendo el rito desde la capilla de su apartamento, por televisión, lo que se repitió en doce ocasiones.

El Papa estaba de espaldas, por lo que no se le vio la cara, y tampoco habló. Las imágenes eran en directo, ya que en el televisor colocado en el altar se veían los mismos planos del Vía Crucis que estaban transmitiendo 54 televisiones de 39 países.
  
En la última estación él mismo portó una pequeña cruz, como en los años pasados cuando, debido a su delicado estado de salud, ya no podía mantenerse en pie durante todo el rito y lo seguía sentado.

Con su mensaje, el Pontífice -que en mayo cumplirá 85 años, padece parkinson y ha sido sometido a una traqueotomía- dio a entender lo difícil que están siendo para él estos días en los que su frágil estado de salud le impide celebrar ritos a los que se siente tan unido.
   
Juan Pablo II dijo que ofrecía sus "sufrimientos para que el proyecto de Dios se cumpla y su palabra camine entre la gente" y que se sentía "muy cerca de quienes en estos momentos sufren".

Las meditaciones de las estaciones de este Vía Crucis sin el anciano Pontífice fueron escritas por su brazo derecho, el cardenal alemán Joseph Ratzinger, quien en unos bellos y duros textos denunció que el hombre actual no cree en nada y se deja arrastrar por un nuevo paganismo, y que la tendencia es hacia un secularismo sin Dios.
   
"¿Pero no deberíamos también pensar en lo que debe sufrir Cristo en su propia Iglesia?. En las veces que se abusa del sacramento de su presencia y en el vacío y maldad de corazón donde entra a menudo.

`Cuantas veces se deforma y se abusa de su Palabra!. `Qué poca fe hay en muchas teorías, cuántas palabras vacías, cuánta suciedad en la Iglesia y entre los que por su sacerdocio deberían estar completamente entregados a El", denunció el purpurado.
   
Ratzinger agregó: "`Cuánta soberbia, cuánta autosuficiencia, qué poco respetamos el sacramento de la Reconciliación!. Ten piedad de tu Iglesia, también en ella Adán, el hombre, cae una y otra vez". El cardenal también escribió que la cristiandad en su historia reciente ha abandonado a Cristo "y se está dejando llevar por las corrientes, creando un nuevo paganismo, que es peor, ya que queriendo olvidar definitivamente a Dios ha terminado por desentenderse del hombre".
   
Ratzinger, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe (ex Santo Oficio), pidió a Dios que libre al hombre del poder de la concupiscencia y que en lugar de un corazón de piedra, le dé uno nuevo de carne, un corazón capaz de ver.
   
"Destruye el poder de las ideologías para que los hombres puedan reconocer que están entretejidas de mentiras. No permitas que el muro de materialismo llegue a ser insuperable. Haz que te reconozcamos de nuevo, haznos sobrios y vigilantes para poder resistir la fuerza del mal", imploró.
   
Recorriendo las últimas horas de Cristo, el cardenal dijo que el Juez del Mundo fue humillado, deshonrado y expuesto indefenso ante el juez terrenal, y que los hombres, como suele ocurrir con frecuencia, miraron hacia otro lado.
   
"La justicia fue pisoteada por la bellaquería, por lo pusilánime, por miedo a la prepotencia de la mentalidad dominante. La sutil voz de la conciencia es sofocada por el grito de la muchedumbre", escribió el cardenal, que subrayó con amargura: "`Cuántas veces los hombres hemos preferido el éxito a la verdad, nuestra reputación a la justicia!".
   
El purpurado alemán denunció las veces en que el poder de los poderosos de este mundo es un insulto a la verdad, la justicia y la dignidad, y pidió a Dios que dé fuerza a los hombres para que no se unan a los que se burlan de los que sufren o son débiles.
   
Ratzinger constató que a lo largo de la historia ha ocurrido como con Jesús, "que los inocentes son maltratados, condenados y asesinados".
   
El Vía Crucis fue presidido por el cardenal Ruini, que llevó la cruz en las dos primeras y en la última estación y fue ayudado en las otras por dos frailes franciscanos, una religiosa india, una laica de Corea del Sur, una familia italiana, otra laica de Sri Lanka, una familia de Albania y una joven de Sudán.
   
El Vía Crucis fue instaurado en 1741 por orden del papa Benedicto XIV. Tras decenas de años de olvido, en 1925 volvió a celebrarse en el Coliseo de Roma, el famoso anfiteatro Flavio, que recuerda los sufrimientos de los primeros cristianos.

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