El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Además de salvar necesidades desesperantes como el hambre, obviamente lo principal, se busca en esta institución modelo en el país formar futuros ciudadanos hasta el límite de su propia capacidad de educarse pero que la valla no se las impongan las necesidades de su origen extremadamente humilde. Por eso la educación es estricta y el primer drama que trae diciembre son las notas escolares que significan que algunos niños repetirán el año o llevarán materias a marzo como en cualquier otro establecimiento educacional. El afán de darles condiciones lo más similar posible a cualquier chico sin tantos apremios es loable y la base de que se incorporen en el futuro a la sociedad sin menoscabo ni desventajas. Esta Fundación comenzó recién hace 8 años pero algún día la Argentina verá encumbrarse a alguien educado en su seno porque ni la genialidad ni la solidaridad se forjan necesariamente en una cuna con bienestar.
Pero no es fácil -nada fácil como ignoran los que la celan- mantener esa línea asistencial y educacional porque se trata de recuperar a niños o jóvenes que llegan con muchos problemas y traumas, desde familias pobres destrozadas, con golpes de padrastros, a veces con violaciones o con delitos cometidos a temprana edad por el entorno en que nacieron.
En este diciembre, por el tema de las promociones escolares, le rayaron el auto a uno de los profesores, le desinflaron las gomas a otro, una maestra tuvo que ser rescatada de un baño acosada por niñas no promovidas de grado. Conviviendo 24 horas permanentemente, sin el sosiego de un retorno al hogar por las noches son difíciles de controlar, más que en cualquier pupilaje.
No nos alarmemos por lo que es también la realidad de la vida. Sepamos también que la mayoría son chicos maravillosos, plenos, iguales o mejores que otros criados con lujo. Tampoco ignoremos que en el pabellón de niñas las hay de no más de 14 años con uno y hasta dos hijos algunas que mientras ellas tratan de recuperar su niñez interrumpida a sus pequeños se los cría en la propia guardería de la Fundación porque fueron expulsadas de sus hogares.
Diciembre suma otro problema para hacerlo «el mes más crítico» de los doce las fiestas de fin de año.
Entre los códigos de esa niñez y pubertad tan necesitada de cariño hay uno inviolable: se pueden entre ellos hacer chistes y cargadas sobre cualquier cosa menos sobre a quién sí o a quién no viene a buscar su padre o madre para pasar un fin de semana o las fiestas para restituirlos luego al hogar.
Cada 15 días recibo a jugar fútbol, comer asado, entrar en una pileta y despedirse con una merienda a alrededor de 25 chicos de la Fundación, a veces hasta a 30. Siempre los mismos con ausencia de algunos, quienes ese fin de semana los vinieron a buscar sus padres, algo que con satisfacción explican los restantes que concurren.
Dejá tu comentario