Charlas de quincho (De mitad de semana)

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Terminamos hoy la entrega de las charlas de esta semana, que por su profusión obligaron a dividirlas en dos partes. En Punta del Este se preguntan por las diferencias entre dos figuras de la oposición. ¿Son «raciales»? En la misma comida hubo jocosos comentarios sobre el método que habría utilizado un ex duhaldista devenido kirchnerista en las sombras, para concretar su «borocotización». En una chacra alejada del centro esteño, un grupo de banqueros escuchó la previsión de un economista sobre la inflación: «El superávit aguanta cualquier desborde». En Buenos Aires, un sindicalista cumplió años pero no logró reunir ni a su propia tropa (un mal común a los nacidos en enero). Y en Córdoba, dos cómicos se pelearon duro en un restorán, emulando de algún modo la durísima disputa entre el gobernador y un empresario metalúrgico. Veamos.

• ¿En qué se diferencia Ricardo López Murphy de Mauricio Macri?, dos socios políticos que se reunieron el fin de semana en Punta del Este, donde el economista pasó como un rayo y el ingeniero boquense se desaloja luego de 15 días de numerosas salidas nocturnas. «Ocurre que yo soy un irlandés, me gusta casi agarrarme a trompadas (se comparaba a «El hombre quieto», de John Ford, con John Wayne) y él es un hombre de estilete, florentino», explicaba López Murphy en un asado sobre la Brava con empresarios prósperos pero inquietos por ciertas condiciones políticas de la Argentina. Como si ganar plata no fuera la única condición a tener en cuenta (aunque, claro, eso normalmente se dice en ese tipo de reuniones, jamás en público).
La frase sobre las diferencias, según el economista, no le corresponde a él, sino al propio Macri, con quien asegura disfrutar de un trato personal envidiable. Aunque, obvio, ambos circulan por la vida con distintas urgencias: uno, establecido formalmente, con gracia alude a su devoción -hace 27 años- por Rossana Podestá sin que su mujer se inmute y, el otro, en trámites de divorcio, buscando amparos -es una forma de decir- mientras su ex, Isabel Menditeguy, parece que reencontró su destino con otro ingeniero de apellido Jacobs.

• Cierta pacatería del centro parece alarmada con la propensión a la fotografía de Macri en numerosas fiestas, como si no estuviera de vacaciones, pero en el balneario tuvo defensores. Por ejemplo, el empresario Javier Tizado -ex Techint y ex secretario de Industria- sostiene que ha conocido pocas personas tan aplicadas al estudio como Macri. Y exhibía hasta su propia docencia con él sobre áridos temas (sustitución de importaciones, convenios comerciales, etc.), «donde Mauricio se pasaba tres horas anotando y atendiendo, lo que no es común en los políticos». Lo mismo, en otra oportunidad, confirmó Miguel Angel Broda, quien parece que también le dio clases de economía: «De todos los dirigentes que traté, y no han sido pocos, fue el más aplicado y ordenado». Igual cuesta que estas opiniones se impongan en núcleos influidos por los semanarios del corazón.
López Murphy, quien había ido a misa -se encontró con Rosendo Fraga-, extenuado por conferencias y reuniones, se lamenta por lo que «Kirchner nos hace perder, a pesar de la fortuna internacional que lo acompaña y hace progresar al país». Hasta cree que, «si yo hubiera sido elegido presidente, con la situación de estos últimos años, me hubieran comparado con Adenauer». Para él, como para tantos, la situación energética se vuelve cada vez más complicada por falta de planes y solvencia y arguye que la inflación no es una cuestión menor: crece la velocidad de circulación, la gente empieza a no quedarse en pesos y Fridman (Milton) ya demostró en cientos de casos que ése es un final previsible si no se corrige. También se alertaba porque muchos, en Punta del Este, le exigen que sea más duro con el gobierno -«¡Más duro de lo que soy!», se justifica-, que le hablan «del mal» y lo inoculan en contra de las vinculaciones del gobierno con grupos disolventes (el eje siempre es Luis D'Elía) y la manguera de dinero que en ese aspecto se reparte desde Venezuela. «Yo trato -dice- de estar tranquilo frente a esto, pero veo los peligros.»

• Después, atendía a quienes se quejaban de la no devolución del IVA (y de la inmensidad de trámites que era necesario realizar en ese sentido), molestos porque hablan de créditos para las pymes y, si les devolvieran a esas 3.000 empresas lo que les corresponde (la mitad del IVA) estarían más contentas que con otras facilidades. Varios hombres de campo agradecían la lluvia para sembrar soja -otro alivio para las retenciones futuras de Kirchner-, pero se quejaban por la pérdida de la cosecha de maíz. En esas charlas aparecía Carlos Reutemann como protagonista, de su parquedad habitual, aunque uno señaló «que si lo dejan hablar de la primera soja, de la segunda soja, de los fertilizantes o lo que sea al respecto, no para durante 8 horas seguidas».
Otros pretendían darle clase sobre el precio de los combustibles, la barbaridad de que se le pague a Bolivia 3,30 el gas mientras se vende en el país a 0,50, el disparate del megagasoducto con Venezuela ( imposible de amortizar, según varios ingenieros) y de la importación del fueloil de Caracas. Nada nuevo, aunque más carne para que se alimente la oposición y, tal vez, lo convenza a Macri de que si se vuelve a debatir el caso Luis Patti en Diputados, en esta ocasión se vote a favor de su incorporación. «De lo que pueden estar seguros -afirmó- es que vamos a votar juntos.» Antes de la despedida, hubo espacio para el humor y codiciada información personalizada. Por un lado, se bromeó con alguien que todavía sigue en el índex de López Murphy, el ministro del Interior Aníbal Fernández. Es que en el asado se convino, con certeza, de que fue este funcionario quien doblegó a Carlos Ruckauf -parece que no hubo necesidad de esfuerzo- para que colabore con el gobierno con sus votos favorables en el Congreso. Otra «borocotización», seguramente más escandalosa. La pregunta era: ¿de qué modo ingresó Ruckauf a la Casa Rosada para celebrar ese trato, ya que jamás Kirchner quisiera hacer público ese vínculo? ¿O alguien lo imagina fotografiado como en la instantánea con el médico trasvasado?
Entonces, se preguntaban sonriendo, ¿habrá ingresado Ruckauf -como en alguna ocasión le atribuyeron a Fernández para evitar una causa judicial- de incógnito en el baúl de un auto? ¿O, simplemente, el convenio se efectuó extramuros, ya que el ministro se frecuenta con el legislador desde los tiempos en que era uno de sus principales colaboradores y, al mismo tiempo, entonces lo idolatraba casi con la misma pasión que hoy manifiesta para admirar al matrimonio presidencial?
Lo que está claro es que ese pacto de Ruckauf con Kirchner -otra alegría más para las Madres de Plaza de Mayo, la que se suma al pago al FMI- tendrá el mayor silencio de prensa, una protección doble: todos aceptan como natural el oficialismo de «Clarín» y nadie olvida al mismo tiempo que el monopolio fue graciosamente beneficiado por el Banco Provincia (cuando Ruckauf presidía la administraciónbonaerense), con más de 70 millones de dólares. A propósito de «Clarín», en la mesa se propagó otro interrogante: ¿por qué los opositores a la iniciativa de las papeleras en el Uruguay no protestan contra la contaminación de Papel Prensa (y otras) que, además, por su antigüedad tecnológica, deben corromper mucho más el medio ambiente que las orientales? Se distrae acaso el propio gobierno de su responsabilidad y participación en esta empresa con «Clarín», regalo de su odiada Junta Militar de Videla y Massera que ni se le ocurre revisar, aunque sí se empecina en castigar hasta la posible presencia de adolescentes en episodios de violencia castrense. En cualquier momento, se estima, desde Montevideo puede venir un misil crítico en ese sentido, un ataque a la comodidad hipócrita de quienes ven -como señalaban algunos empresarios- la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio.

• Para cerrar, había que abordar a otro personaje que suele ocupar los sueños o pesadillas de López Murphy: el ministro de Seguridad bonaerense, León Carlos Arslanian. ¿No será momento, bromeaban, para que este funcionario abandone sus inversiones en Punta del Este y también sus intentos de vacaciones?
Porque cada vez que vuela a este balneario, en la provincia de Buenos Aires estallan graves conflictos en su área y debe volverse a las apuradas -en el mejor sentido español del término- y casi simulando que no estaba en estas playas. Ya le ocurrió con el trágico caso Blumberg, episodio que lo sorprendió cuando lo masajeaban en el hotel Mantra, y ahora le volvió a ocurrir la última semana cuando los astutos ladrones del Banco Río le arruinaron la playa esteña y debió regresar a investigar en las procelosas aguas de San Isidro en busca de tesoros perdidos.
Quedó, como epílogo, alguna mención a la nueva ministra de Defensa, Nilda Garré -cargo que alguna vez ocupara López Murphy-, sobre la que merodeó sin morder sobre el cambio de algunos contratistas que reinaban en tiempos de José Pampuro (¿no es el mismo gobierno para los mismos negocios?) sino sobre una actitud docente de la funcionaria. Parece que la señora, en una visita que realizó a los mandos de la Fuerza Aérea, además de ciertas instrucciones, también les obsequió -para mejor formación, sin duda- una historia argentina del divulgador Norberto Galasso, hombre que abrevó en esa disciplina desde la «izquierda nacional», aunque con menos solvencia que Jorge Abelardo Ramos.
No se sabe si les tomará examen a estos hombres de 50 años después de la lectura -ellos, dóciles, ya digieren la monserga como si fuera verdad revelada-, si les concederá o no puntuación para proseguir en la carrera, aunque este regalo literario para nada modificará el pensamiento de quienes ya estudiaron con los textos de Jordán Bruno Genta (lo que no sucedió en Ejército ni Marina), ideólogo más nacionalista que Kirchner, Bendini y Garré juntos, al que la ministra apenas sí pudo conocer como lectora en su juventud de montonera, pero quien ejerció fuerte influencia en varias camadas de aviadores y, aun para su disgusto, en muchos de los iniciados en el movimiento guerrillero, aunque entonces resultaba más fashion llevar bajo el sobaco algún textito ajado de Juan José Hernández Arregui.

• Entretenida también fue la reunión en «Mamá Gansa», una chacra de ocio que el banquero Jorge Brito (Macro-Bansud) tiene en las afueras de La Barra, emprendimiento inmobiliario al que accedió hace unos años por consejo de los hermanos Stuart Milne (Richard y Jorge). Hizo buen negocio: hoy la cotización se ha elevado en grado superlativo y hay una densidad de pobladores con fuerte poder económico que han seguido los mismos pasos. Para comprobar este aserto basta una recorrida en helicóptero para descubrir esas notables inversiones, entre las que hoy se destacan 5 viviendas -con espejos de agua, palmeras y forestaciones propias-, que ha desarrollado el hermano del cantor Julio Iglesias (a propósito, ¿es cierto que Joan Manoel Serrat se compró un lujoso departamento en Puerto Madero?).
Esta costosa urbanización -a veces, por más que los impuestos no sean caros, se desconfía de su conveniencia económica- se extiende hasta más allá de José Ignacio (ya totalmente ocupado por construcciones) y avanza sobre Rocha. Aunque, allí, existe una traba: parece que importantes inversores (Santiago Soldati, Paolo Rocca con una inmensidad de hectáreas, Manuel Antelo) se oponen a la construcción de un mínimo puente (ahora se cruza en balsa) para impedir el ingreso de nuevos habitantes, a los cuales también se les bloquean las posibilidades porque hay un límite mínimo de hectáreas a comprar si se quiere ser vecino de la zona. Curiosidades del mundo adinerado para vivir lejos y aislados, como el de los turistas que viajan más de una hora para comer en restoranes exóticos («Nam», «Marismo»), a veces por caminos intransitables.

• Parte de la conversación de los banqueros -casi un encuentro de la entidad que los reúne, aunque faltaron otros que viven en el balneario- en lo de Brito, quien reunió a sus vecinos Milne, su cuñado y socio Ezequiel Carballo, Alejandro Estrada, la familia Meta del Banco Industrial, Luis Sánchez Córdoba, Guillermo Cerviño, el titular de las tarjetas VISA, Luis Schvimer, Néstor Ick (Banco de Santiago del Estero), Norberto Peruzzotti, el bodeguero Federico Benegas y, como invitado asesor, el economista Carlos Melconian. Quesos, chorizos, todo bastante espartano como las costumbres del Macro-Bansud, y corderitos que crió el propio Brito, quien asegura -al menos en Punta del Este- que son mejores que los patagónicos por menor tenor de grasa. Debe saber: él come de los dos.
Se hablaba de los problemas de River -cada vez más firme la teoría de que un grupo económico colabora con la actual dirigencia- y hasta de la soledad porteña del excluido Carlos «Mostaza» Merlo. Más tiempo hubo, claro, para dedicarse al robo de la sucursal del Banco Río, una obra de astucia e ingeniería, lamentos generalizados y, aunque no sea buena fama para los bancos, la realidad de que las cajas de seguridad en las sucursales no disponen de las estructuras que caracterizan al negocio en las casas matrices. Como si fuera un casamiento musulmán, a las mujeres las dispusieron en otra mesa, los banqueros se repartieron en una principal y otra ad-hoc, mientras arreciaban preguntas a Melconian sobre la suba o no de la tasa, la posible espiral inflacionaria y la tasa de crecimiento para este año.

• Se lo escuchó con atención, aunque no fue un solo parlamento; por momentos, se trabó en una ligera discusión con Estrada sobre la inflación, ya que el economista confía en que el superávit fiscal -si se mantiene- contendrá cualquier desborde. Charla más bien optimista que se completó con exposiciones del hombre de las tarjetas, Schvimer, quien en su momento aconsejó lanzar la venta en cuotas sin interés como forma de robustecer el sistema de ese dinero virtual en el que los bancos están involucrados. Pero ahora dispuso el fin de esa metodología, por la inflación. Después, los helados y la ensalada de frutas, algún chiste y una colección de frases famosas. Se destacaron una del bien parecido futbolista irlandés George Best, muerto hace pocos días, quien dijo: «En mi vida, he gastado mucha plata en mujeres, alcohol y autos. Lo demás ha sido malgastado». La otra corresponde a un documental del italiano Ettore Scolasobre la discriminación en Europa: «No es que nosotros, los italianos, seamos racistas. Es que ustedes son negros». Por lo visto, entre los banqueros hay inquietudes intelectuales y cinematográficas.

• Mal mes enero para cumplir años, por más que el horóscopo sostenga el privilegio de esa fecha. Al menos, en la Capital Federal, ya que por más redadas que se hagan es imposible conseguir concurrentes. Es lo que le pasó a Hugo Moyano, jefe de Camioneros y secretario general de la CGT, quien logró magra adhesión a un ignoto restorán de la avenida Entre Ríos -¡justo a él que le gusta el Vasco Francés!-, celebración que a los postres más bien pareció una devaluación (aunque en rigor, a partir de cierta edad, ése es un fenómeno reiterado).
Estaban su hijo Pablo, su consejero Héctor Recalde (quien le debe la diputación), casi por cortesía José Luis Lingieri (Obras Sanitarias), Abel Frutos de Panaderos, Antonio Basso de madereros y, eso sí, una novedad en el círculo aúlico del camionero: el municipal Amadeo Genta.
Como tantas veces anunció Moyano que «vienen por nosotros» (refiriéndose a Kirchner), seguramente el resto de los sindicalistas ha decidido esperarlos en las zonas de veraneo. Por su parte, él no parece preocupado por esa amenaza: siempre logra algún tipo de acuerdo para sí mismo y lo que lo rodea (el mundo del transporte, el traslado de basura), lo que ha empezado a hacerlo sospechoso entre sus compañeros de actividad. Hasta marzo, para que nada explote, quizá deba encontrar una salida; al menos para el mayor reclamo de sus colegas, un cambio en el mínimo no imponible de Ganancias ($ 1.800 para los solteros), ya que en gran parte de los gremios los aumentos salariales se los quedó el Tesoro. De ahí la frase: «Nosotros peleamos, hacemos paros y la plata va para Abad».

• Sobre quien convergen las críticas es sobre Recalde, abogado y consejero de Moyano, quien en Diputados votó a favor del oficialismo para no modificar el mínimo. Su excusa: «La instrucción me la dio la CGT», o sea, el propio Moyano, con la esperanza de que el gobierno revise luego la disposición (tiene esa prerrogativa). Pero pocos creen en ese favor, son 1.500 millones de pesos que ingresan a la recaudación del Estado y, como se sabe, el Presidente no es sensible a ese tipo de recortes. Por lo tanto, los aumentos a trabajadores que van a parar al presupuesto de Abad terminaron sumando fondos para poder pagarle al FMI.
Casualidades de la vida. De ahí que en la cena, Moyano escuchara -restándole importancia- ronroneos sobre el intento del gastronómico Luis Barrionuevo para reunir una alianza con «los gordos» que los haga enfrentar al gobierno por el tema de los impuestos.Hay un dato inquietanteigual para el camionero: si su coyuntural amigo Barrionuevo junta a Gerardo Martínez (Construcción) y a Andrés Rodríguez (Empleados del Estado), su propia estabilidad al frente de la CGT puede estar comprometida. ¿Artificios del verano? Nadie sabe.
Al margen del escaso quórum, Moyano está entre los dos hemisferios, entre el fracaso y la gloria. Es que, por un lado, lidia con sus socios de la CGT y mucho más con el gobierno -Kirchner lo remite a sus ministros y éstos a Kirchner-, siente que llegó a un techo y que puede quedarse sin combustible (lo que sería imperdonable para un camionero) y, por el otro, incorporó una quimera más a su carrera de gremialista: si Lula pudo en Brasil y Evo Morales en Bolivia, ¿por qué un hombre salido de la central obrera no puede aspirar a algo más que esa jefatura? En el verano no sólo se producen artificios: también alucinaciones. ¿O no?

• Lingieri, más observador que aliado, refunfuña con la suerte de Aguas Argentinas. La compañía ha quedado virtualmente en manos del gremio, son ellos las que la administran, pero entienden que la situación no puede prolongarse debido a la necesidad de inversiones. «A ver si después cargamos con las culpas que no son nuestras», alega, mientras entiende que el cuento de la buena pipa continúa en ejercicio: han descartado inversionistas por diversas razones y Suez insiste en que le compren, pero los que deberían comprar -el fondo que en apariencia encabezan Ignacio Rosner y David Martínez- no quieren comprar porque no les autorizan el incremento de tarifas. «Así no podemos», se excusan, «necesitamos esa venia para renegociar con los acreedores de la empresa». Desde el gobierno replican: «Los acreedores de la empresa son ustedes mismos ( Martínez y Rosner), ya que son los que recompraron la deuda en el mercado». Y no agregan a qué precio.

• También tuvimos quinchos serranos, en Córdoba por supuesto, en un restorán de Villa Carlos Paz, donde los actores Rolo Puente y Emilio Disi -quizá para promover sus espectáculos o por una sincera hostilidad- se acusaron de «ladrón y delincuente» en apariencia por un debate sin fin sobre cuál es la obra teatral (es una forma de decir) que lleva más público a la boletería (en verdad, va mucha gente al teatro y, lamentablemente, la producción de todos los espectáculos es de cuarta categoría). Profesionales al fin, sin embargo, Puente y Disi alegraron a los testigos turistas con su duelo verbal; quizá deban imaginar una remake como negocio complementario a la actividad.
Pero ésa era una anécdota en el universo político de la provincia, caldeada como nunca por rencillas del pasado y, sobre todo, expectativas futuras. No cesa, como se sabe, el interminable combate entre el intendente Luis Juez y el gobernador José Manuel de la Sota: ambos compiten por ver quién se alinea más con Kirchner (De la Sota ordenó votar todo lo que pida el Presidente, se dice que confía en que lo nominen como futuro candidato a vice del santacruceño) y, como corresponde, también está en juego la sucesión en la provincia. Allí, claramente, se postulan el segundo del gobernador, Juan Schiaretti, idea que no le fascina a De la Sota -por el contrario, parece que lo ofusca-, algunos kirchneristas sedientos que auspician a Eduardo Di Cola (titular del Correo, cargo que asumió hace dos años con carácter temporario), otros que postulan al diputado Eduardo Accastello mientras quien gana más puntos es Roberto Urquía, titular de Aceitera General Deheza (empresa que factura más de 1.200 millones de dólares), legislador que vota todo lo que pide Kirchner, pero que parecía disponer de más autonomía de vuelo. Parece que no sólo De la Sota influye sobre él: también los nuevos contactos con Julio De Vido, a quien acompañó a los Estados Unidos: allí, repentinamente, varios empresarios se prendaron del ministro, casi con la misma intensidad que muchos intendentes del Gran Buenos Aires a la hora de abandonar a Eduardo Duhalde. Sabrá Dios lo que en rigor piensa el Presidente, el que motoriza su Frente para la Victoria, coquetea con Di Cola, se ríe de los chistes de Juez, le pide los votos a De la Sota y cada tanto lo recibe a Schiaretti.
Mientras, comentaban en el restorán estimulado por el pleito de los actores, otro litigio casi porteño arrecia en la provincia: el gobernador, casi replicando a Kirchner, se lanzó contra el empresario metalúrgico Sergio Recchia, lo acusó de «mantenido» ( casado con la hija de un próspero empresario), de no pagar las deudas y hasta de buscar « negocitos». Razón del conflicto: Recchia encabeza una cruzada contra la ministro de Producción del gobierno, Adriana Nazario, justamente la novia del titular del gobierno. O sea que De la Sota no sólo salió a defender a una colaboradora, empeñó también otros intereses y hasta logró que algunas entidades empresarias lo acompañaran contra el colega metalúrgico. Ni Kirchner ha logrado tanto, obvio.
Pero, a diferencia de otros agraviados en el orden nacional, Recchia abandonó el manual del buen empresario -léase, el «empresario argentino»
- y, en lugar de callarse la boca, replicó con rayos y centellas. Gran escándalo entre cordobeses justo cuando los políticos de esa provincia se pelean entre ellos, como los cómicos porteños, hasta que Kirchner decida quién va de gobernador, de vice o de intendente. Como ya hizo en la elección pasada, cuando del desconocido mundo de la Capital Federal extrajo a Patricia Vaca Narvaja, casi una ignota en el distrito, y la hizo primera representante legislativa. Menos mal que no fue un porteño quien ejerció ese tutelaje, sino un santacruceño.

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