Sitrarepa: el joven sindicato que defiende a los repartidores y podría ser la pesadilla de Rappi y Pedidos Ya

Sociedad

El Sindicato de Base de Trabajadores de Reparto por Aplicación nació en el 2020, mientras regía el aislamiento obligatorio por la pandemia. La crudeza del oficio y la fuerte precarización laboral los obligó a organizarse y ahora sueñan con ser reconocidos por el Estado.

La secretaria adjunta del Sindicato de Base de Trabajadores de Reparto por Aplicación (Sitrarepa), el primero de su tipo en Argentina, se llama Belén. Prefiere que en el reportaje figure su nombre así, a secas, sin el apellido: nadie, ni los líderes de este nuevo gremio, quieren ser bloqueados de Rappi o Pedidos Ya, como represalia por organizarse. "Son despidos encubiertos", aclara.

Lejos de los Moyano o los Cavalieri, esta dirigente sindical se gana la vida entregando comida. Fue en ese andar, en ese pedalear, que junto a otros compañeros entendió que debían organizarse para dejar de normalizar la inmensa precariedad de su trabajo.

Historia de un gremio

La migración de mano de obra desocupada hacia las apps de delivery tuvo su 'boom' en la pandemia. Mientras el mundo se detenía, se abrían oportunidades laborales al alcance de un teléfono. Es que, para los de abajo, resguardarse en casa no era una opción.

"Notamos una gran contradicción. Teníamos que presentar un certificado de 'trabajadores esenciales' para circular, pero no teníamos ningún derecho como tales", comenta Belén. Eso, sumado a que ninguna aplicación les garantizaba ni siquiera insumos básicos para protegerse del coronavirus. "Estábamos expuestos, no había alcohol en gel y los barbijos empezaron a llegar más tarde", recuerda.

El sindicato nació en el 2020, en el momento más crudo del aislamiento social, al calor de las paradas solidarias para resguardarse del frío, o simplemente hablar con otro repartidor, en un rubro que fomenta el individualismo extremo. De hecho, su primer objetivo no fue un salario básico ni mucho menos un seguro para riesgos del trabajo. La lucha, era contra la soledad: "La organización empezó sobre la base de congregarnos para hacernos el aguante, en puertas de shoppings y casas de comida, como el Abasto o Plaza Serrano". Allí también pusieron puestos sanitarios.

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Hoy el Sitrarepa tiene 2.500 afiliados en todo el país. Entre ellos también se sumaron algunos trabajadores de Mercado Flex y Rapiboy. "Colaboradores", según la óptica empresaria. Su próximo paso, es ser reconocidos por el Ministerio de Trabajo, ganando la entidad para representar a los repartidores y disputar derechos, ante el Estado y las compañías del sector.

Para llegar a este punto, antes hubo reclamos en las oficinas de las firmas: "Nos dimos cuenta de que eran empresas fantasmas, nadie salía a darnos respuesta", repasa. Cuando llevaron su pliego de reclamos al Ministerio, también hubo decepción: "Ahí nos dijeron que no eran competentes, porque claro, nosotros somos 'colaboradores', a los ojos de cualquiera que vea la relación construida por la empresa". En efecto, tampoco estaban organizados bajo una estructura gremial.

Ahora, a fuerza de insistencia, el pedido del reconocimiento sindical figura en un expediente ministerial, que debería moverse.

Los reclamos básicos de los repartidores

En lo inmediato, el Sitrarepa pide un aumento de las tarifas que se cobran por cada envío. "No nos alcanza para llegar a fin de mes", describe la entrevistada. "En segundo lugar, pedimos nuestro reconocimiento laboral. Necesitamos ser reconocidos como trabajadores", agrega. Y, a partir de ahí, acceder a un régimen más regular: "Tener obra social, días por enfermedad, vacaciones pagas y todos los derechos".

Belén sigue: "Las herramientas de trabajo, tener seguro contra todo riesgo. Si nos pasa algo con la moto o la bicicleta, que alguien se haga cargo, porque somos nosotros los que debemos poner de nuestro bolsillo. También si se rompe el teléfono. Todos los costos del trabajo los ponemos nosotros, y las ganancias se las llevan las empresas".

Para que esos reclamos encuentren carril, dice Belén, se necesita "el reconocimiento de la herramienta gremial". Mientras tanto, todo se debate en las paradas solidarias de la calle.

¿Un trabajo sin horarios?

Lo más común es pensar que este trabajo 'free lance' no tiene horarios, pero esto no sería tan así. Si bien es cierto que los repartidores pueden adaptar sus horas de preferencia en Rappi, Pedidos Ya y Rapiboy, deben seleccionar franjas horarias para salir a repartir pedidos. Los turnos, explica Belén, pueden ser de tres o cuatro horas. Y hay que trabajarlas, a menos que se quiera ser sancionado en la aplicación. Muchos reservan una franja, descansan una hora, y vuelven a usar la franja siguiente.

"Un trabajador del reparto, para llegar a un salario de 80.000 pesos, tiene que estar mínimo 8 horas, seis días por semana", detalla. Como si fuese un videojuego, pero en la vida capitalista, la posición en el 'ranking' del repartidor es clave para ganar más dinero. Esta tabla de posiciones se determina por los recorridos y la productividad.

Por otro lado, al ser un trabajo informal, las empresas piden a sus deliverys que facturen para poder pagarles. Generalmente, se hace una vez cada 15 días. Esta es una forma para que la compañía justifique egresos de dinero ante el fisco, pero sin reconocer la relación laboral, ahorrándose todos los gastos que ello conlleva.

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Pero, ¿un esquema laboral clásico, con horarios fijos, sería compatible en el mundo de las plataformas? La flexibilidad también permite que, alguien en apuros, encuentre un oficio rápido. "Este trabajo por aplicación atomiza a los trabajadores, y nos hace estar solos contra el mundo, enfrentando toda la precariedad. Cómo debería ser el blanqueamiento, se tendría que debatir con el conjunto de las compañeras y los compañeros", contesta Belén.

Foro de Alternativas a la 'Uberización' en Bruselas

El avance de la tecnología 'versus' derechos laborales es un debate que no solo está presente en Argentina. De hecho, a inicios de septiembre se desarrolló en Bruselas el Tercer Foro de Alternativas a la Uberización, donde participó una representante del Sitrarepa. Allí se compartieron experiencias internacionales y se debatieron diversas posibilidades para dar más garantías a los trabajadores inmiscuidos en las pantallas de sus celulares.

Esto, mientras el Parlamento Europeo iniciaba una serie de paneles para exponer y analizar una posible regulación para los trabajadores por aplicación, considerando el papel que tiene el algoritmo y la automatización en el control empresarial. En concreto, existe la posibilidad de que se redacte un proyecto desde el 'Viejo Continente', que podría tener su rebote en el resto del mundo.

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