Espectáculos

Urquijo vuelve a las fábulas de Mamet sobre el poder

Anteriormente había dirigido "Oleanna" (que también fue un film), una inquietante obra sobre un presunto episodio de acoso. La actual se ocupa de un psiquiatra que se niega a ir a declarar a favor de un paciente en un juicio.

“Mamet me atrae por varias cuestiones, el tema del poder en él es nodal, y además se vale del drama psicológico”, dice Hugo Urquijo, quien estrena mañana “La culpa”, del prolífico dramaturgo y director David Mamet (“Los intocables”, “El precio de la ambición”, “Oleanna”), con las actuaciones de Adriana Salonia, Diego De Paula, Martín Urbaneja y Gabo Correa, en el Centro Cultural de la Cooperación.

“La culpa” (The penitent) se estrenó en el off Broadway hace dos años y cuenta la historia de un psiquiatra que es llamado a declarar en un juicio a favor de uno de sus pacientes, acusado de cometer una terrible masacre. Por convicción, se niega a hacerlo y este hecho será el desencadenante de una serie de acontecimientos inesperados. Dialogamos con Urquijo.

Periodista: ¿Que le cautiva de este autor? ¿Qué temas aborda la obra?

  • Hugo Urquijo: Es un autor prolífico, de quien aquí se conocen pocas obras pero hizo más de 35, muchas de las cuales fueron filmadas, como la adaptación de la novela de James Cain “El cartero llama dos veces”, con Jessica Lange; “Hoffa”, “El precio de la codicia”, que es muy interesante, sobre el mundo de los vendedores inmobiliarios, con Al Pacino y Jack Lemmon. Aquí hice “Oleanna” con Gerardo Romano y Carolina Fal, que merecería reponerse por la vigencia del tema, una denuncia de acoso de una alumna a su profesor. El eje del poder es muy central en la dramaturgia de Mamet, en esta obra, un psicoanalista, cuyo paciente mató a diez personas, es llamado y presionado a declarar en juicio y él, amparado en el juramento hipocrático, se resiste hasta el final. Es acosado además por las corporaciones mediáticas y la Justicia.

P.: ¿Qué más le atrae de su escritura?

  • U.: Es el inventor de la interrupción del texto del otro. Escribe con puntos suspensivos y en el momento en que el personaje está por completar la idea el interlocutor interrumpe, el pisar al otro hace que el diálogo se agilice. Estamos haciendo 60 minutos de obra en 60 páginas, cuando en general se hacen dos minutos por página. Tiene ritmo acorde a las tensas situaciones, son todos contra el analista, su mujer, su abogado, el abogado del paciente, todos quieren convencerlo de que firme, de que presente un descargo. Además este chico, el asesino, deduzco del texto que pertenece a una familia de poder económico porque un diario importante accede a publicarle una carta, eso sólo se logra con influencias. Y es un chico que hace psicoanálisis, algo a lo que no se accede si no se tiene dinero.

P.: Sigue ejerciendo como psicoanalista, ¿qué puntos de contacto encuentra entre el teatro y esa disciplina?

  • U.: Las prácticas son muy dispares. El teatro es una actividad pública, abierta, la dirección implica tomar decisiones, en el consultorio el terapeuta ayuda al paciente a encontrar las motivaciones para tomar decisiones, él no toma ninguna. El psicoanálisis me ha sido útil además para el manejo de grupos, en general, sin proponérmelo, genero climas grupales propicios para la creación. Hay que tener en cuenta que no en cualquier situación el actor se pone creativo, si lo apurás o maltratás se cierra.

P.: Dice que el psiquiatra de la obra padece de tolerancia y paciencia como defectos cuando esas parecen ser virtudes en cualquier persona..

  • U.: Creo que la mayor virtud de una persona puede ser su máximo defecto, aunque sea tolerancia o generosidad. Si es patológica es un defecto, como esa gente que no puede dejar de dar; se mira al espejo y piensa en su generosidad, eso pega una vuelta narcisista. En el caso de la obra, si el psicoanalista en su práctica ha sido tolerante con un paciente de rasgos criminales eso se le vuelve en contra. Alguien que tiene impulsos homicidas habla de eso en terapia y ahí el analista tiene que intervenir muchas veces más allá de lo verbal. Una vez un paciente mío vino con un arma en su maletín diciendo que quería matarse, le retuve el portafolio y llamé a un hijo para que lo retirara. Allí la tolerancia habría sido funesta.

P.: Hace tiempo no está en el teatro oficial, ¿por qué?

  • U.: Porque no me llaman o porque no presento proyectos, los voy a presentar a ver si tengo suerte. Creo que las gestiones del Complejo Teatral y el Cervantes han del sido buenas, pero hay un descuido enorme de la cultura en los últimos años. Los teatros alternativos se sostienen sólo por la vocación de los actores, a pulmón. La pequeña ayuda que puede aportar el INT o Proteatro o el Fondo de las Artes, que son los tres subsidios que puede pedir un elenco, son cada vez mas magras y tardías en su ejecución.

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