Era una soleada tarde de otoño en el Buceo y desde las oficinas del World Trade Center (WTC) la vista era clara, con los yates y veleros del puerto, y el mar, ofreciendo un panorama de especial tranquilidad. “Tranquilidad es lo que falta en el mercado global”, dijo una experta financiera argentina, mientras no dejaba de recrearse con la vista. Invitada a Uruguay por una de las firmas de inversiones que operan en el WTC, llegó acompañada de un colega, especialista en mercados energéticos, para una charla a fondo para saber “realmente” lo que está pasando con la economía global y regional, por el impacto de la crisis en el Golfo Pérsico.
Charlas de quincho: escenarios bélicos, aumentos en puerta y una interna sin solución
Uruguay parece salir bien parado a nivel internacional pese al conflicto en Medio Oriente, aunque la suba del petróleo se hará sentir. En el Frente Amplio, ahora la pulseada política es por movilidad.
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Charlas de quincho: movilidad trancada, almuerzo picante y el drama de la frazada corta
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¿Hasta cuánto pueden subir los combustibles por los efectos de la guerra en Medio Oriente?
La guerra en Medio Oriente y el aumento del petróleo amenaza a la economía global, aunque Uruguay parece salir a flote.
Con un rico café con masitas, la charla con los ejecutivos uruguayos —y un periodista que logró colarse a costa de un riguroso “off the récord”— se centró en los efectos de la guerra y posibles escenarios. “Hay un escenario de conflicto relativamente corto, con recomposición de la situación y que efectivamente lo de la suba del petróleo sea circunstancial, transitorio. En ese escenario, el barril de crudo bajaría a 85 dólares hacia el mes de mayo y luego a 70 hacia julio… relativamente rápido”, dijo la experta, mirando a su colega especialista energético, que tomó la palabra.
“Si esa hipótesis se concreta, la región puede incluso salir con alguna ventaja, porque Argentina y Brasil se han fortalecido en su producción petrolera y energética en general, con más producción y exportaciones”, apuntó el experto.
“Pero también hay un escenario de guerra por más tiempo…”, retomó la palabra la profesional argentina, con tono más sombrío. “Hasta ahora la economía global, y particularmente la región, han mostrado una llamativa resiliencia. Pero si la guerra se alarga, el escenario de estanflación aumenta su probabilidad, en especial en la economía de Estados Unidos”, advirtió. Remarcó que hay que seguir de cerca la tasa de interés que pagan los bonos, que también ha subido por toda la incertidumbre generada.
Su colega agregó: “Además, en la medida que la guerra se alarga, aumenta la probabilidad de que se involucren otros contendientes, lo cual sería muy grave. Este escenario tenía una probabilidad casi cero hace una semana, ahora tiene más posibilidades, aunque no es la primera hipótesis”.
Los uruguayos se miraron entre ellos, preocupados por el impacto local. “Uruguay tiene grado inversor y —en el mapa regional— es considerado el mejor de la clase”, dijo la experta. “Es cierto que está creciendo poco y tiene un problema fiscal, pero créanme: a nivel externo no se lo ve con preocupación. Está muy lejos de la situación, por ejemplo, de Argentina, cuyo riesgo país está en 600 puntos y no tiene acceso al financiamiento internacional”, agregó. Las masitas ya eran menos, pero la charla siguió un rato más, incorporando otros factores que están actuando en simultáneo. “No hay que olvidarse que las guerras —aunque duele decirlo— son promotoras de las mayores innovaciones; y ésta no es la excepción, desde la Inteligencia Artificial (IA) hasta cuestiones vinculadas a la energía”, remató la invitada, que ya emprendía el regreso a Buenos Aires.
Combustibles
La pantalla del operador del trader internacional lo mostraba claramente: Ancap había comprado petróleo —denominado Medanito, originario de Neuquén, Argentina— en dos embarques por un total de un millón y medio de barriles a un precio orientativo de 107 dólares por barril. “Ya llegó la guerra a la economía uruguaya”, planteó uno de los operadores que está observando el mercado petrolero minuto a minuto.
“Con esto, el aumento de los combustibles ya es inevitable ¿verdad?”, inquirió. Su colega le preguntaba, aunque ya sabía la respuesta. “Obviamente estimado: ya la nafta de paridad de importación está entre 15 y 20% por arriba del precio en Uruguay; y, en el caso del gasoil, la brecha es mucho mayor porque —acordate— esta guerra del Golfo ha provocado también una fuerte suba en el precio internacional del gas, cuyo sustituto inmediato es el gasoil”, explicó.
“La paridad de importación de gasoil en Uruguay hoy está 40% arriba del precio último fijado, que fue obviamente antes de la guerra”, remarcó el trader, sin mover la vista de la pantalla. “Lo que hay que ver es en qué proporción se traslada el aumento externo a los surtidores en Uruguay, pero no tengas dudas que habrá aumento, y será pronto”, vaticinó.
El ejecutivo, conocedor a fondo del mercado petrolero, continuó describiendo. “Además, los embarques comprados previamente a la guerra fijan su precio definitivo al momento de descargarse en la boya de José Ignacio; de manera que los últimos petróleos descargados ya tienen el ajuste de precio con los nuevos valores, mucho más elevados”, señaló.
El trader abrió luego otra pantalla, que mostraba la evolución del precio de los principales fertilizantes a nivel global. "Esto otro es,tal vez, hasta incluso más preocupante que lo del petróleo: desde el Golfo Pérsico sale el 30% de la urea que se comercializa a nivel global y los precios han subido más de 50% por el conflicto y el cierre del estrecho de Ormuz”, alertó. “Varios países importadores de alimentos están con el corazón en la boca por esta situación y se está arriesgando una crisis alimentaria a nivel global”, dijo en tono docente y preocupado.
“¿Y aquí, en Uruguay?”, preguntó más preocupado todavía su amigo. “Acá la urea, que valía algo más de 500 dólares por tonelada antes de la guerra, ya superó los 700 dólares y hay valores de hasta 800. El aumento es escandaloso”, respondió. “Si esto no para pronto, la economía global va a entrar en un escenario muy preocupante”, remató.
Interna
“Le torcieron el brazo, no nos engañemos”. Así, entre la resignación y la rabia, una legisladora del MPP describía cómo quedó la posición de la ministra de Transporte, Lucía Etcheverry, luego de que el Presidente de la República, Yamandú Orsi, aceptara los reparos del intendente de Montevideo, Mario Bergara, al Plan de Movilidad que venía promoviendo el gobierno, que incluía un túnel bajo 18 de Julio. El túnel quedó descartado, a pesar de que en el gobierno nacional había una convicción clara acerca de sus virtudes.
“Yamandú no quiso tener lío con Mario. Es cierto que el túnel era una apuesta costosa y —por lo tanto— arriesgada, pero parece claro que el túnel era esencial para el plan. Veremos ahora cómo queda la propuesta, toda en superficie”, agregó.
Desde otros grupos del Frente Amplio (FA), se valoró mejor la decisión de Orsi. Un veterano frenteamplista de todas las horas, con varios kilómetros de experiencia política recorridos, y conocedor de los temas del transporte y las inversiones, comentó entre amigos: “Primero habían salido empresarios con propuestas de tren tram, y otros con tren elevado, etc.. Luego apareció el Cinve con un proyecto mucho más ambicioso y —por tanto— mucho más costoso. Se nota la mano del BID en esa propuesta. Los organismos multilaterales quieren ampliar su cartera y cuanto más dinero esté involucrado mejor”, agregó.
“Pero el interés de Uruguay no siempre coincide con los de los empresarios o los de los organismos multilaterales. Por eso, Yamandú decidió seguir con el plan, pero sin túnel; y creo que actuó bien: se harán mejoras pero sin afectar tanto al centro con obras. Esperemos que se mantenga en esa línea”, agregó el militante, defendiendo a su presidente. Aún así, la interna del FA quedó afectada.


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