El panorama político ha tenido horas de altísimo voltaje por el giro que ha tomado el caso Marset a partir de las declaraciones en fiscalía de la exviceministra de Relaciones Exteriores Carolina Ache. La exjerarca grabó charlas con el ministro Francisco Bustillo en la que este le pedía eliminar pruebas de sus diálogos con el subsecretario de Interior, Guillermo Maciel. En esos diálogos vía WhatsApp, Maciel advertía a Ache de que Marset era un narcotraficante peligroso. Más aún, Ache informó que Roberto Lafluf, asesor del presidente Luis Lacalle Pou destruyó un acta notarial incorporada en un expediente de Cancillería que precisamente tenía las transcripciones de esos WhatsApp. la fiscalía instruyó ahora una nueva investigación para determinar si hubo obstrucción a la justicia. Veamos:
Charlas de quincho en Uruguay
Los empresarios digieren el golpe el escándalo Bustillo-Marset en la imagen del país. Las cuentas fiscales agobian y los márgenes de acción se estrechan.
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El excanciller Francisco Bustillo y su exvicecanciller, Carolina Ache.
A nivel político el asunto ha causado un terremoto. A nivel empresarial, ha causado asombro en algunos, indignación en otros, preocupación en todos. Si bien la evolución de los negocios responde a la propia dinámica empresarial, la firmeza o debilidad del gobierno de turno, cualquiera sea su signo político, es un dato clave para los empresarios y la toma de decisiones. Los WhatsApp de gerentes, directores ejecutivos, o empresarios de empresas de diverso porte estallaron en comentarios sobre el acontecimiento y especulaciones sobre el futuro.
“Ya está, vuelven los muchachos”, escribió en un intercambio, con cierto tono de resignación, un industrial veterano, aludiendo a que el Frente Amplio retomará el gobierno en la próxima elección, luego de este duro golpe político para el oficialismo. Lo de muchachos era un signo de la confianza que tenía con jerarcas de los gobiernos previos frenteamplistas, aunque no de sintonía política. Esto quedó claro en su siguiente frase: “Agarrate”.
Su interlocutor, hombre del mundo financiero, se animó a discrepar: “al final la gente vota con el bolsillo y los salarios se han recuperado, lo mismo que el empleo. A la larga eso tiene mucho peso”, respondió. El intercambio siguió, mientras también seguían las idas y vueltas políticas de un caso que está lejos de cerrarse.
Déficit
Otra cosa que está lejos de cerrar son las cuentas del Estado: el déficit fiscal subió al 4,3% del PBI en setiembre, cuando hace no mucho tiempo la ministra decía que su proyección era finalizar el año con un déficit del 3,2%. “¿Viste? por eso el gobierno estaba tan duro con el tema Caja Profesional y no dejó mucho margen de maniobra en el Parlamento: no existe el menor margen para ampliar gastos en ninguna área”, comentó un economista cercano a la Torre Ejecutiva y muy preocupado por la evolución de la situación fiscal. ”Fijate, además, que era uno de los emblemas del gobierno: cuidar las cuentas”, señaló contrariado mientras llamaba al mozo en un céntrico bar montevideano, donde departió con otros profesionales.
Sin margen
Mientras, los problemas de la economía y en particular los sectores exportadores siguen reclamando decisiones en materia de competitividad. Ya resignados respecto a que el gobierno no hará nada en cuanto al atraso cambiario, plantean otro tipo de paliativos, que en muchos casos tiene que ver con exoneraciones fiscales. Pero chocan nuevamente con la misma piedra. “Nos dicen que no hay margen”, expresó un empresario exportador que estuvo reunido recientemente con la ministra Azucena Arbeleche. Entre legisladores oficialistas preocupa lo que ven como cierta intransigencia de la ministra, lo que puede generar problemas políticos. Sin embargo, el economista del bar, que a esa altura estaba terminando su cappuccino, sentenció: “es posible que le falte cintura, pero ahora no hay margen para regateos”.
En cualquier caso, en el gobierno no se resignan y emprenden iniciativas para hacer más eficiente el gasto y la administración. A nivel de la Agencia de Monitoreo y Evaluación de Políticas Públicas (que dirige el Ing. Hugo Odizzio) se impulsó la contratación de un software común para todas las unidades ejecutoras del Estado, que haga más eficiente la gestión de recursos humanos y la gestión de gastos. Ya se ha implementado el sistema en 120 de las cerca de 500 unidades ejecutoras que hay en todo el Estado; los avances han sido especialmente significativos en ASSE. El software del caso es de licencia libre, se llama ODOO y es de origen belga. “El tema del software libre es controvertido en el ambiente de las Tecnologías de la Información, pero esta decisión parece fundamentada”, decía una ingeniera de software que analizó el asunto, mientras aprontaba una presentación en su laptop, tecleando peligrosamente cerca del cappuccino de su marido.
“Bienvenido sea -comentó él- pero son cosas de largo plazo. El déficit actual exige tratamiento urgente y no creo que haya voluntad de ajuste a fondo; menos en un año electoral”, apuntó mientras pagaba la cuenta. Los economistas saben que no hay almuerzos gratis.
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