La actual situación de falta de lluvias y déficit hídrico en el sur y el este del país comienza a encender alarmas, sobre todo en el sector agropecuario que apenas comenzaba a recuperarse tras la histórica sequía de 2023; sin embargo, y pese a las afectaciones, una situación como la de hace tres años estaría lejos de darse.
Crece la preocupación por el déficit hídrico, pero descartan una sequía como la de 2023
Para la presidenta del Instituto Uruguayo de Meteorología, la situación actual no se encuadra técnicamente como sequía, aunque afecta la falta de lluvias.
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La preocupación por el déficit hídrico crece, pero el Instituto Uruguayo de Meteorología descarta una sequía como la de 2023.
El país entero está alerta por la llegada de La Niña, el fenómeno climático que se caracteriza por la mayor sequedad en el hemisferio sur y, por lo tanto, en Uruguay. De hecho, en los departamentos del sur y el este del país ha llovido cerca de la mitad de lo habitual, y tanto desde los sectores rurales como desde la oposición, reclaman que se declare la emergencia agropecuaria; algo que el gobierno analiza de cerca.
Es entendible: la producción local apenas comenzaba a recuperarse de los estragos causados por aquella histórica sequía del 2023, que todavía tiene efectos en sectores como la ganadería y la faena, con menor disponibilidad de cabezas; o los cultivos como el arroz, por la menor humedad en los suelos. Sin embargo, desde el Instituto Uruguayo de Meteorología (Inumet) descartaron que pueda darse una situación extrema como la de hace tres años.
Así lo explicó la presidenta del organismo climático, Madeleine Renom. Para ella, si bien el escenario de déficit hídrico es real y afecta a la producción agropecuaria, con diferente magnitud, la situación actual no se encuadra, técnicamente, en lo que se puede considerar sequía agropecuaria —falta de humedad en los suelos—, ni sequía hidrológica —impacto en los cursos de agua.
Un escenario complejo, pero sin sequía
Las previsiones climáticas del grupo de monitoreo de la situación hídrica apuntan que, a partir de febrero, se retomen las precipitaciones dentro del rango normal en la región sur del país, donde Canelones, Montevideo y una "parte importante" de San José, Lavalleja, Maldonado y Rocha son las zonas más afectadas por el déficit acumulado.
Este escenario, que se arrastra desde agosto pasado, se ve complejizado por las altas temperaturas en las áreas afectadas, poca humedad en la región, y el poco contenido de agua a nivel del suelo, con valores entre el 10% y el 30% cuando el estrés hídrico comienza a afectar a la vegetación en niveles por debajo del 50% o el 40%.
Pese a esto, Renom insistió en que la coyuntura actual no se puede comparar con la sequía de 2023: según explicó en conferencia de prensa, aquella inédita situación se dio en un contexto de tres años seguidos bajo la influencia del fenómeno La Niña; y, si bien se está dando la misma incidencia climática, este año es "muy débil" y se prevé que termine entre fines de enero y principios de febrero, a la vez que está prevista su contraparte, El Niño —lluvias por encima de lo normal— también para este 2026.
La presidenta del Inumet consideró que, pese a que "se hace mucha referencia a la última seca, no estamos en esa situación": "De hecho, a nivel de índices globales no está declarado esto como un fenómeno de La Niña, pero tenemos que comprender que los déficits de precipitación pueden venir por distintos modos de variabilidad climático que impactan en las lluvias en nuestro país". Al respecto, señaló la oscilación Madden-Julian (OMJ), un patrón de lluvias que se mueve alrededor del Ecuador, cuya onda en los últimos meses derivó en un déficit de lluvias en esta región, como una explicación más plausible detrás de la situación actual.


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