El Banco Central del Uruguay (BCU) defendió la estrategia de flexibilización monetaria aplicada en los últimos meses tras la última pausa en las tasas y aseguró que el país logró avances significativos en materia de credibilidad, anclaje de expectativas inflacionarias y desarrollo del crédito en moneda nacional, en un contexto internacional marcado por la volatilidad energética y la persistencia inflacionaria.
El BCU anticipa inflación en la meta y expectativas ancladas por la credibilidad de la política monetaria
Tras la baja de tasas, el Banco Central del Uruguay resaltó los avances pese al contexto global. ¿Es posible un objetivo del 3%?
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El Banco Central del Uruguay pone la mira en la inflación y sectores del mercado descuentan subas en las tasas
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El Banco Central del Uruguay volvió a mantener las tasas de interés con proyecciones de inflación en el rango meta
El Banco Central del Uruguay defendió la credibilidad de la política monetaria.
Técnicos del organismo consideran que Uruguay logró consolidar expectativas de inflación en torno al 4,5%, algo que hoy diferencia al país de buena parte de la región. Uno de los elementos destacados fue el impacto amortiguador que tiene la matriz energética, prácticamente 100% renovable, frente al aumento internacional de los precios de la energía y del petróleo. Según analizan, esto reduce el traslado a precios internos y mejora las perspectivas inflacionarias en comparación con otros países donde el incremento de las tarifas eléctricas será mayor.
En esa línea, señalan que la inflación subyacente no ha mostrado sorpresas relevantes y recordaron que la eliminación de algunos precios administrados que habían quedado fuera de rango ya fue absorbida por el sistema.
Inflación, expectativas y una eventual reducción de la meta
Desde el BCU subrayan, además, que hoy existe un mayor consenso entre empresarios y analistas respecto a la trayectoria de la inflación, con una menor dispersión entre las respuestas. “Uruguay es de los pocos países de la región que logró mantener expectativas firmemente ancladas cerca de ese nivel”, señalaron, destacando que la credibilidad construida por la autoridad monetaria permite enfrentar shocks de oferta sin desbordes inflacionarios.
En ese sentido, reconocieron que en el corto plazo los precios de la energía podrían generar cierta presión al alza, aunque insistieron en que el horizonte de convergencia hacia la meta inflacionaria sigue manteniéndose por los próximos dos años.
Pese a los avances, el Comité de Política Monetaria (Copom) reconoció que el balance de riesgos para la inflación se inclinó “levemente al alza”, principalmente por la persistencia del precio internacional del petróleo.
Desde el organismo aclararon que el análisis refiere a la proyección futura y no al dato actual. Aunque algunos componentes volátiles como frutas y verduras mostraron bajas recientes, el escenario base contempla que el IPC vuelva a aumentar y se ubique cerca del objetivo, aunque con mayores probabilidades de superar el 4,5% hacia el final del horizonte de proyección.
A su vez, reiteraron que el objetivo de largo plazo sigue siendo converger hacia estándares internacionales de inflación cercanos al 3%, aunque advirtió que el proceso debe hacerse gradualmente.
Las autoridades exponen que existen restricciones fiscales derivadas del sistema de indexación y de la reforma constitucional de 1989, particularmente por el ajuste automático de las jubilaciones. Por ello, admiten que el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) está dispuesto a asumir el costo fiscal de una meta más baja cuando las condiciones macroeconómicas sean más favorables, mientras tanto el proceso continuará “con prudencia y bases sólidas”
El cambio de estrategia de la política monetaria
Las autoridades recordaron que hasta mediados del año pasado la política monetaria se mantenía en un tono muy restrictivo debido a que las expectativas estaban desancladas y cualquier reducción de tasas terminaba trasladándose rápidamente a inflación vía depreciación cambiaria.
“El canal de transmisión de la política monetaria no funcionaba correctamente”, explicaron. Según detallaron, bajar la tasa de interés en ese contexto solo generaba una depreciación nominal del peso sin mejoras reales de competitividad.
Ahora, en cambio, sostienen que la situación cambió: la caída del peso ante el dólar responde a una política monetaria más expansiva que logró impulsar la actividad y las exportaciones sin provocar un aumento significativo de la inflación.
El organismo también hizo referencia a experiencias pasadas, como las intervenciones cambiarias de 2014, que, según evaluaron, no consiguieron mejorar la competitividad y terminaron desanclando expectativas, con impactos negativos sobre el empleo y la actividad.
Crédito en pesos y desdolarización
Otro de los puntos enfatizados por el BCU fue el crecimiento del crédito en moneda nacional, con datos que muestran que el financiamiento en pesos representa actualmente el 55% del total y las empresas acceden a tasas históricamente bajas. Las autoridades entienden que esto democratiza el acceso al crédito, reduce la dependencia de préstamos en dólares y fortalece el funcionamiento de la política monetaria.
Este crecimiento se observa no solo en el consumo, sino también en distintos sectores productivos, lo que según estimaron está contribuyendo a una expansión económica cercana al 1% del PIB en el primer trimestre, impulsada principalmente por el consumo y la industria.
En paralelo, el Banco Central ratificó su estrategia de desdolarización y fortalecimiento de los mercados en pesos, una política que viene desarrollando desde hace dos décadas y que recientemente se profundizó junto al gobierno mediante incentivos al ahorro en moneda nacional y cambios regulatorios.
Entre las medidas mencionadas aparecen modificaciones en los encajes bancarios, nuevas alternativas de inversión y el impulso a la utilización de la Unidad Indexada (UI), especialmente en el sector vivienda. El objetivo de mediano plazo es avanzar hacia una economía más nominalizada y menos indexada, destacaron.
Tasas de interés e impacto fiscal
Las fuentes del organismo también defendieron el impacto fiscal de la reducción de tasas de interés. Según estimaciones del organismo, la baja aplicada permitió generar un ahorro anual de unos 400 millones de dólares solo en pago de intereses. “El hecho de que Uruguay tenga una política monetaria creíble e independiente hace que pague mucho menos interés que países como Brasil, Colombia o México”, indicaron.
Asimismo, sostuvieron que una eventual independencia legal plena del BCU podría acercar al país a los niveles de economías como Chile o Perú en materia de costo financiero.

