25 de octubre 2023 - 09:39

Uruguay ante el cambio en las condiciones financieras globales

Países desarrollados y en vías de desarrollo aún no superan la crisis de inflación. Se encarece el endeudamiento en un clima de aumento del déficit fiscal.

Bolsa de Nueva York Reserva Federal
Foto: Reuters

El ataque terrorista de Hamás en Israel ha generado una importante conmoción global, que se agrega al escenario de conflicto en Ucrania y otros problemas latentes en otras partes del mundo, con importante incidencia en la economía global.

Más allá de estos graves problemas, las condiciones financieras mundiales han ingresado en un nuevo escenario, que no se conocía desde hace muchos años. Por impacto del empuje de inflación posterior a la pandemia -acentuado por el conflicto en Ucrania y la suba de varios precios internacionales-, los principales países desarrollados y también muchos países en desarrollo tuvieron episodios complicados de inflación, que se combatieron con subas en la tasa de interés.

En Estados Unidos -principal economía mundial- el combate a la inflación sigue adelante y todo indica que, por la dinámica reciente de los precios y por un desempeño económico mejor al esperado, la tasa de interés seguirá alta por más tiempo del previsto. En concreto, la tasa del bono estadounidense a 10 años, que es el referente global en términos de rendimiento financiero, se ha acercado al 5%, algo que no sucedía desde el año 2006.

Poco después de aquel año irrumpía la crisis de las hipotecas, de la cual EEUU salió con una gran expansión monetaria con tasa de interés en cero. Comenzó a salir de ese escenario hacia 2018, pero la irrupción de la pandemia llevó a un nuevo episodio de expansión monetaria y caída a cero de la tasa de interés, para sobrellevar la crisis sanitaria y su impacto en la actividad global. Recién ahora los Estados Unidos encaran una política monetaria restrictiva firme para bajar la inflación, con el margen que da una economía que -al menos hasta ahora- se ha mostrado más firme de lo esperado. Lejos están las finanzas estadounidenses de una situación robusta: la expansión del gasto ha llevado el déficit fiscal a niveles preocupantes, de tal manera que EEUU perdió recientemente la mayor nota de grado inversor por las calificadoras, con advertencias sobre la situación fiscal mencionada.

¿Cómo está parado Uruguay en el nuevo escenario financiero global?

En este contexto resulta clave preguntarse cómo Uruguay ingresa en este nuevo escenario de mayores tasas de interés a nivel global. En el recorrido por los principales indicadores de endeudamiento del Estado uruguayo (cuadro), las cifras son positivas y coherentes con el grado inversor que posee el país, que incluso ha tenido mejoras recientes en las notas de las principales calificadoras. Después de estar varios años en el primer escalón del grado inversor, Uruguay ha subido un escalón más o dos, según la calificadora que se considere.

Indicadores de la deuda en Uruguay a octubre 2023
Indicadores de la deuda en Uruguay.

Indicadores de la deuda en Uruguay.

En primer lugar, el 95% de la deuda uruguaya está en títulos a tasa fija. Esto quiere decir que la reciente suba de la tasa de interés global no tiene un impacto inmediato en la cuenta de intereses. Por supuesto, la tasa promedio se irá elevando, en la medida que se vaya venciendo y renovando deuda, pero eso es un proceso paulatino y manejable por los buenos oficios de la Unidad de Gestión de Deuda del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), que se ha destacado por su buena gestión. La tasa promedio en dólares que paga Uruguay para los títulos en esa moneda están hoy en el entorno de 5% y seguramente irá subiendo, pero con el riesgo país en mínimos históricos la suba no debería ser grande.

En segundo lugar, la deuda uruguaya tiene un perfil de vencimientos de largo plazo, lo que permite también en este plano una gestión ordenada y sin apremios (el día y la noche comparado con Argentina). El plazo medio de madurez es 12,6 años, y si bien se ha reducido un par de años en los últimos tiempos, esto se debe principalmente a que se ha colocado más deuda en pesos a plazos que resultan de los mayores históricos para la deuda en moneda nacional. Y allí hay otro factor de fortaleza de la estructura de la deuda uruguaya: el porcentaje en moneda extranjera no supera el 45%, indicador que ha seguido mejorando en los años recientes, según se ve en el cuadro adjunto. Hay que recordar que -desde que irrumpió la pandemia- Uruguay ha salido al mercado global con títulos de deuda en cuatro oportunidades, en tres de las cuales la emisión fue en moneda nacional.

Luces amarillas

Todo este panorama no hace otra cosa que destacar los buenos fundamentos del Uruguay en materia de gestión de deuda. Sin embargo, no todas son glorias: por efecto de la pandemia y los problemas de crecimiento previos y actuales, la deuda uruguaya tuvo un crecimiento significativo en relación al PBI. El déficit fiscal cercano al 6% en el año 2020, y años subsiguientes que siguieron acumulando déficit llevaron a un aumento significativo, tanto en el endeudamiento bruto como neto.

Esto hace crecer la carga de intereses de deuda sobre el presupuesto del Estado. Medida en porcentaje del PBI, esa carga ha ido bajando (está en 2,6% del PBI) porque -precisamente- se fue dando un proceso paulatino de renovación de deuda a tasas menores en los últimos años, en coherencia con el grado inversor. Pero comenzará a incidir el referido aumento en la tasa de interés global con que comenzamos este análisis y los costos (gastos) por intereses aumentarán “automáticamente”, lo que implicará una mayor presión sobre los recursos futuros con que pueda contar el Estado. Si a eso se agrega una situación fiscal que se ha vuelto cada vez más incómoda (el déficit está en 4% del PBI), surge una lógica preocupación.

En los próximos meses, Uruguay deberá salir nuevamente a los mercados globales y deberá “competir” con títulos de EEUU que ahora pagan bastante más. Quienes conocen los mercados financieros y estructuran emisiones, saben además que -más allá de los ratios y notas de la calificadoras- hay una cuestión de volumen: si las necesidades de renovación y endeudamiento se hacen mayores porque la deuda es más grande, eso puede implicar (al menos en el margen) aceptar más tasa de interés. La pericia de quienes hacen la gestión de deuda será cada vez más relevante.

Más allá de esto, lo esencial es el plano fiscal: el contexto global se ha vuelto más difícil y los decisores políticos deben incorporarlo y estar a la altura de las circunstancias. Porque a la larga, el grado inversor y la estabilidad financiera del país se basan en políticas responsables, aunque no sean simpáticas. Si nos preocupa la situación social actual y particularmente la de las futuras generaciones, la sostenibilidad de las finanzas públicas y el endeudamiento son claves.

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