6 de octubre 2026 - 08:39

El crédito para comprar autos eléctricos se multiplicó por más de 40 veces en los últimos cuatro años

El préstamo bancario en este segmento dio un salto cuantitativo y pasó de menos de 20 operaciones mensuales a picos cercanos a los 900 contratos.

La transformación de la matriz energética y la estabilidad del suministro eléctrico respaldaron la aceleración del crédito bancario.

La transformación de la matriz energética y la estabilidad del suministro eléctrico respaldaron la aceleración del crédito bancario.

El financiamiento bancario para la compra de vehículos eléctricos en Uruguay mostró una trayectoria "claramente expansiva" entre 2022 y 2026, según el Reporte del Sistema Financiero del Banco Central del Uruguay (BCU).

El informe, que releva información de cuatro instituciones bancarias con participación activa en este segmento, muestra que la cantidad de préstamos mensuales pasó de menos de 20 operaciones en los primeros meses de la serie a superar las 500 operaciones mensuales hacia el final del período, con un máximo de 875 préstamos en marzo de 2026.

Entre 2022 y comienzos de 2023 el financiamiento para vehículos eléctricos tuvo una actividad escasa. A partir de ahí comenzó un crecimiento sostenido que "se aceleró significativamente" durante 2024 y 2025, hasta llegar a los niveles actuales. Ese salto en la cantidad de operaciones estuvo acompañado por un incremento igualmente importante en los montos desembolsados, que alcanzaron aproximadamente 610 millones de dólares en el último mes relevado por el informe.

Casi todo el crédito se otorga en UI, no en dólares

Un dato que destaca el reporte es la composición por moneda del financiamiento, por ejemplo, a lo largo de todo el período, los créditos denominados en Unidades Indexadas (UI) concentraron generalmente más de 90% del monto total financiado. Los préstamos en dólares, si bien crecieron en términos absolutos, mantuvieron una participación relativa acotada.

El BCU explica esa preferencia por la indexación en pesos como parte de la estructura habitual del crédito a los hogares, donde las operaciones en moneda nacional presentan mayor correspondencia entre la moneda de los ingresos de las familias y la moneda en la que se endeudan, lo que reduce el riesgo de descalce cambiario. Según el informe, esto sugiere que tanto bancos como compradores perciben ventajas en el uso de instrumentos indexados para este tipo de operaciones de mediano y largo plazo.

Crece la base de usuarios, no tanto el monto por préstamo

El monto promedio por operación se mantuvo relativamente estable pese al fuerte crecimiento en la cantidad de préstamos: los créditos en UI se ubicaron, durante gran parte del período reciente, en torno a 700.000 pesos por operación, mientras que los préstamos en dólares mostraron mayor volatilidad por su menor volumen de operaciones.

Para el BCU, esto significa que el crecimiento del mercado estuvo impulsado principalmente por una ampliación de la base de usuarios que accede a este tipo de financiamiento, más que por un aumento en el tamaño promedio de los préstamos, algo que el propio informe interpreta como "una señal favorable respecto a la profundización del acceso al crédito para inversiones asociadas a la movilidad sostenible".

El reporte atribuye el crecimiento del crédito a una combinación de factores: el creciente interés de los hogares por alternativas de movilidad más sostenibles, la fuerte demanda de vehículos 0km y una respuesta favorable a las ventajas económicas de su uso, en particular el menor costo relativo de la energía eléctrica frente a los combustibles fósiles. A eso se suma, según el BCU, la amplia disponibilidad y confiabilidad del suministro eléctrico del país, resultado de la transformación de la matriz energética uruguaya de las últimas décadas, que creó un entorno propicio para la movilidad eléctrica tanto en el transporte privado como en el público.

El organismo enmarca este crédito dentro de la creciente incorporación de criterios ambientales en las decisiones de financiamiento bancario, y señala que su evolución constituye "un indicador relevante" del avance de las finanzas sostenibles en el sistema financiero, en línea con la capacidad de las instituciones de canalizar recursos hacia la transición energética.

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