El encalado de suelos tiene el potencial de transformarse en un motor para la economía nacional al permitir recuperar productividad en una gran proporción del área agrícola afectada por la acidez, generar encadenamientos industriales y aumentar la recaudación, aunque su adopción a gran escala enfrenta limitaciones por los altos costos iniciales y la baja rentabilidad privada sin incentivos.
El encalado de los suelos podría aportar 0,5% del PBI y generar 1.000 empleos, aunque requiere de inversión
Un informe indica que el 25% del área agrícola está afectada por altos niveles de acidez y esa pérdida puede ser recuperada con la mezcla de cal en los suelos.
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El encalado de suelos podría sumar 0,5% al PBI y generar más de 1.000 empleos.
Un informe de Ceres destaca que la acidez del suelo es un problema extendido y creciente en el país: alrededor del 25% del área agrícola ya presenta niveles que comprometen la productividad, mientras que otro porcentaje similar avanza hacia esa situación. Esto implica una pérdida de eficiencia productiva que impacta directamente en el desempeño del sector agropecuario, clave para la economía del país. En este contexto, el encalado surge como una herramienta para revertir ese deterioro y recuperar rendimientos perdidos más que para generar aumentos extraordinarios.
Desde el punto de vista económico, el potencial de escalamiento es significativo. El estudio estima que una expansión del encalado a unas 500 mil hectáreas podría generar un aumento de 0,5 puntos porcentuales del PBI, acompañado de unos 20 millones de dólares adicionales de recaudación anual. Este impacto no sólo responde a mayores niveles de producción agrícola, sino también a las inversiones necesarias para abastecer la demanda de cal y a los efectos indirectos sobre otros sectores vinculados.
En términos de empleo, la adopción masiva de esta práctica también abre oportunidades relevantes. El informe proyecta la creación de más de 1.000 empleos directos asociados tanto a la producción de cal como a su transporte, aplicación y servicios conexos. A esto se suma el efecto multiplicador sobre actividades industriales y logísticas, en particular en el interior del país, donde se concentrarían buena parte de estas nuevas oportunidades laborales.
Los costos de implementación, el gran desafío
Sin embargo, uno de los principales obstáculos para su implementación es el costo. La inversión inicial por hectárea es elevada y se concentra al del ciclo productivo, incluyendo la compra de cal, el flete que representa una porción sustantiva del costo, y su aplicación. Si bien el encalado permite ahorros importantes en fertilización — con reducciones de hasta 50% a 70% en el uso de nutrientes y un ahorro cercano a 300 dólares por hectárea en cuatro años—, estos beneficios se distribuyen en el tiempo.
El estudio señala que la producción nacional de cal tiene potencial para responder a un aumento significativo de la demanda, ya que existe capacidad instalada y posibilidades de expansión mediante nuevas inversiones en extracción, acopio, logística y transporte. Sin embargo, señala el informe, para concretar estas inversiones y consolidar la expansión, es necesario que haya demanda.
El análisis muestra que, sin incentivos fiscales, la inversión se amortiza en un plazo cercano a 3,8 años, prácticamente el mismo período en el que se mantienen sus efectos productivos. Esto limita su atractivo económico para los productores, especialmente en contextos de alta proporción de tierras arrendadas o restricciones de financiamiento.
Por este motivo, el informe plantea que el desarrollo del encalado como política productiva requiere instrumentos que mejoren su rentabilidad privada, como incentivos fiscales o mecanismos de apoyo a la inversión. En este sentido, Ceres señala que bajo estos esquemas no solo se facilitaría la adopción, sino que además el impacto fiscal neto sería positivo, dado que la mayor actividad económica generaría más ingresos para el Estado que el costo de los incentivos.
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