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25 de abril 2024 - 09:45

El FMI llama a la austeridad fiscal en año electoral, ¿cuál es el escenario en Uruguay?

El organismo internacional apunta a un endurecimiento de las políticas fiscales, pero el país enfrenta varios desafíos en medio de las presiones electoralistas.

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Uruguay se enfrenta en año electoral a desafíos que advierte el FMI.

La situación económica mundial se encauza poco a poco, pero todavía queda un largo camino por recorrer, advierte el Fondo Monetario Internacional (FMI). Los elevados niveles de deuda pública y de déficit fiscal, en medio de un contexto en el que todavía muchos países trabajan por controlar la inflación de manera sostenida y frente a pronósticos de desaceleración del crecimiento a corto plazo suman ahora la dificultad extra de que en muchas naciones se avecinan elecciones. Y Uruguay es un ejemplo de ello.

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“En nuestro último Monitor Fiscal se pide a los gobiernos evitar las desviaciones de las políticas y centrar más la atención en reponer las reservas y salvaguardar la sostenibilidad fiscal a mediano plazo”, recuerda el organismo internacional en un blog publicado en su página web. Esto, porque advierte que la política se tornó más expansiva durante el año pasado. Basta con ver el camino de baja de tasas en América Latina, encabezado por el Banco Central del Uruguay (BCU) que, si bien no abandonó la política monetaria contractiva, sí llevó a cabo un recorte de 250 puntos básicos en total durante el 2023.

Mayores niveles de gasto público a los proyectados antes de la pandemia junto con un aumento de la deuda pública son las consecuencias que señala el FMI y los motivos por los cuales pide endurecer las políticas fiscales, sobre todo en un año en el que el clima electoral lleva a flexibilizar medidas y superar en 0,4% del Producto Bruto Interno (PBI) las proyecciones de déficit.

El panorama para Uruguay en un año de desafíos

Uruguay viene de cumplir por cuarto año consecutivo su regla fiscal en los tres pilares establecidos, a pesar de haber atravesado una sequía histórica que repercutió duramente en su economía; haber recortado considerablemente su Tasa de Política Monetaria (TPM) a partir de una mejora en la inflación; y haber tenido la incidencia de otros factores tales como la diferencia cambiaria con Argentina —y su impacto en el consumo interno y la recaudación— y una menor demanda por la situación económica china.

Si bien hubo críticas por parte de la oposición respecto del manejo de esta regla fiscal, señalando que el gobierno “corrió el arco” en referencia a los ajustes en las metas fiscales a lo largo del año para garantizar su cumplimiento; lo cierto es que el FMI ha reconocido el trabajo uruguayo para la consolidación de la sostenibilidad económica, dentro del cual se destaca, por ejemplo, la reforma de la seguridad social.

El 2024, año electoral, trae desafíos para el mantenimiento de este equilibrio, partiendo de la coincidencia de los analistas y asesores económicos respecto de la dificultad de cumplir las “exigentes” metas fiscales planteadas, con un Resultado Fiscal Efectivo (RFE) del 2,9% del PBI. “Vamos a estar jugando muy cerca de los bordes de los tres pilares, y supone riesgos de incumplimiento o de desvío en algunos de ellos”, señaló al respecto Alfonso Capurro, miembro del Consejo Fiscal Asesor (CFA) del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF); que apuntó además a la incertidumbre en torno a los ingresos tributarios de este año.

La situación fiscal uruguaya, mientras tanto, no da demasiado margen para una reforma impositiva, mucho menos en el último año del gobierno; si bien es un tema que se ha colocado en el centro de la agenda electoral de campaña.

“Los cimientos sólidos y sostenibles de las finanzas públicas requieren que la planificación y ejecución presupuestaria se realicen con un enfoque a mediano plazo”, considera el FMI en su trabajo. Pero el año electoral y la incertidumbre respecto de la continuidad o no de un proyecto político impide pensar, en principio, más allá de los próximos meses.

Basta con ver la reciente medida del BCU que, si bien estuvo apoyada en buenos resultado inflacionarios —diez meses consecutivos dentro del rango meta y en niveles bajos dentro de lo pretendido—, sorprendió: el recorte de 50 puntos básicos en la TPM luego de haber anunciado una pausa en el ciclo bajista, que no solo ocurrió luego de un anticipo del presidente Luis Lacalle Pou, sino que, además, llevó a la política monetaria a un terreno levemente expansivo.

Cabe recordar que el FMI ya había advertido el año pasado al BCU respecto de mantener “una postura monetaria estricta” y no intervenir en el tipo de cambio; algo que no parece estar alineado con la última iniciativa.

A esto se le suma, además, que el déficit se mantiene relativamente alto, en torno al 4% —los analistas coinciden en que debería converger alrededor del 2% en el mediano plazo, pero no hay perspectivas de que vaya a suceder este año—; y que el agotamiento de la recuperación de China supondrá un mayor impacto en la balanza comercial uruguaya.

Mientras tanto, los niveles de deuda pública —un punto también señalado como preocupante por el Fondo en ocasiones previas— siguen altos.

Esto no quiere decir que la economía uruguaya vaya a tener un mal 2024. De hecho, el FMI pronostica un crecimiento del 3,7% en su último informe de Perspectivas económicas mundiales. Si bien es bajo, representa un importante cambio respecto al 0,4% que el país creció efectivamente el año pasado. Eso sí: los desafíos en año electoral serán muchos.

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