La UCU Business School (Universidad Católica del Uruguay) y Equipos divulgaron el Índice de Confianza del Consumidor (ICC) correspondiente al mes de febrero, que tuvo una leve suba respecto a la medición anterior, ubicándose en 50,6 puntos (gráfica).
El Índice de Confianza del Consumidor evita caer en zona de pesimismo
Mejoró la percepción de la situación económica personal y del país, pero el índice está 8% por debajo de su nivel de hace un año.
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La confianza del consumidor está en su menor nivel en más de dos años
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Comercio y servicios crecen menos del 1% y se aguarda una merma de consumo por el efecto Medio Oriente
La confianza del consumidor mejoró en los últimos meses.
El Índice es un indicador que concita especial atención en ámbitos empresariales por predecir muy bien las tendencias de consumo e inversión de las personas y las familias a futuro.
Tomando la misma metodología que se utiliza en otras economías clave a nivel global, el ICC en Uruguay tiene tres pilares o subíndices: la percepción sobre la situación personal, la percepción sobre la situación del país y la predisposición a la compra de bienes durables. Los tres componentes se complementan y compensan entre sí, para tener de una manera directa, y a la vez relativamente sencilla cuál es el estado de situación de los consumidores para consumir y/o invertir.
Puede haber una mala percepción de la economía, pero una buena percepción de la situación personal; o puede haber una visión negativa de la situación personal (por diversas circunstancias) pero una disposición efectiva a comprar bienes durables, a pesar de lo anterior. El ICC busca equilibrar estas visiones para una previsión lo más acertada posible de las actitudes de gasto.
El ICC va de 0 a 100 y tiene como eje central los 50 puntos, que es el nivel de neutralidad. Por encima de eso hasta los 60 puntos se denomina zona de “moderado optimismo” y arriba de 60 puntos en zona de “optimismo”. Por el contrario, entre 50 y 40 puntos encontramos la zona de “moderado pesimismo” y debajo de 40 zona de “pesimismo”.
Como se observa en la gráfica adjunta, durante buena parte de los años 2016, 2017, 2018 y 2019 el Índice se movió en zona de moderado pesimismo con algunos puntos especialmente bajos sobre 2018. Llegó luego la pandemia, que también arrastró el Índice a la baja; pero en los años subsiguientes -con lógica variabilidad- el ICC fue marcando una trayectoria positiva que lo llevó a niveles de optimismo ya en el año 2023, y con mayor contundencia en 2024.
Sin embargo, desde fines de 2024 y hasta estos últimos meses el Índice mostró una caída permanente que lo llevó casi hasta el punto de neutralidad. En el último dato esa tendencia se frenó y hay una corrección al alza que -si bien aún está lejos de configurar un cambio de tendencia- evitó que el ICC caiga en zona de pesimismo moderado.
Componentes
El aumento del índice en febrero se basó en una mejora de la percepción de la situación económica personal y de la situación económica del país, mientras que la predisposición a comprar bienes durables cayó. Hay que recordar que en febrero el dólar frenó la caída que había venido mostrando en semanas previas, luego de que el Banco Central del Uruguay (BCU) decidiera (a fines de enero) adelantar una baja en la tasa de interés ante la caída aguda del billete verde. Esto puede haber desalentado la predisposición a comprar bienes durables (que en general cotizan en dólares), respecto al escenario previo de dólar muy barato.
De todas maneras, en la comparación interanual el Índice de Confianza del Consumidor está 8% debajo de lo que estaba un año atrás. Este descenso interanual se explica —sobre todo— por una fuerte baja en la percepción de la situación económica del país, subíndice que cae 14% respecto a febrero de 2025. La percepción de la situación personal también baja, pero de manera más moderada (un 3% interanual), mientras la predisposición a comprar bienes durables cae un 6%.
De manera que el dato de febrero podría interpretarse como un freno en la tendencia previa al deterioro de la Confianza del Consumidor, más que como un cambio significativo en su trayectoria. Ya en marzo, habrá que ver la incidencia no sólo de cuestiones locales sino la percepción sobre el efecto de la guerra en Medio Oriente, que se verá ya más directamente en abril con la suba de los combustibles.



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