El Índice Líder Ceres (ILC) cayó 0,3% en julio y anotó su segundo retroceso consecutivo, en una señal negativa que enciende las alarmas sobre el futuro de la actividad económica durante lo que resta del año en el país.
El Índice Líder Ceres cayó 0,3% y suma dos meses consecutivos en baja
El indicador volvió a retroceder y hace saltar las alarmas sobre el futuro de la actividad económica en el país.
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El Índice Líder de Ceres bajó y rompió la tendencia alcista del 2023
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Creció la actividad económica, ¿pueden mantenerse los resultados durante el año?
El Índice Líder de Ceres cayó por segundo mes consecutivo, en una señal negativa para la actividad económica en Uruguay.
Desde Ceres precisaron que todavía es pronto para hablar de una tendencia a la baja, más aún cuando el indicador venía de cinco meses seguidos al alza entre enero y mayo. No obstante, alertaron sobre la situación, ubicando como principales problemas el impacto de la sequía, los problemas de competitividad que afectan las exportaciones y la diferencia cambiaria entre Uruguay y Argentina, que se siente sobre todo en el litoral.
El ILC es un indicador del Centro de Estudios de la Realidad Económica y Social (Ceres), que toma en cuenta un conjunto de variables que contemplan el panorama interno y el contexto internacional, las cuales tienden a cambiar de dirección antes de que lo haga el Producto Bruto Interno (PBI), por lo que puede dar una señal de la tendencia de la actividad económica en tiempo real.
Por su parte, el Índice de Difusión (ID) de junio, que toma en cuenta la proporción de variables con tasas positivas, fue de 40% el mes pasado, lo que representa una suba si se compara con el mes anterior, cuando el ID fue de 30%. De todos modos, desde Ceres consideraron que es una señal negativa, ya que las variables con resultado positivo no llegaron a la mitad de los componentes.
El impacto del déficit hídrico y el atraso cambario para el sector agropecuario
Al analizar las proyecciones a la baja para lo que queda del año, el Índice Líder puso el foco en la sequía, el déficit hídrico y el atraso cambiario, lo que impactó en varios cultivos, principalmente el de la soja, que tuvo una caída de 84% interanual con respecto a 2022.
Para este año, las estimaciones oficiales son que la actividad crecerá 1,3% en promedio. Además del impacto de la sequía, desde Ceres lo atribuyeron a “los problemas de competitividad que perjudican las exportaciones y el efecto del diferencial cambiario con Argentina sobre el consumo interno, particularmente en departamentos fronterizos”.
Entre los argumentos, advirtieron que “la finalización de la construcción de la segunda planta de UPM, el menor dinamismo en el empleo por concepto del Ferrocarril Central y la parada de la refinería de Ancap desde septiembre y por cuatro meses, representan presiones bajistas para la actividad”.
El salario real retornó a niveles prepandemia
Finalmente, entre lo positivo, el ILC resaltó que “el salario real retornó a niveles prepandemia, y el número de empleados alcanzó un máximo histórico, lo que incentiva el consumo interno”. Al mismo tiempo, se observó que “el dato de Ingreso de Hogares, que suma al salario ingresos como pasividades, ganancias, rentas y otros, mostró un aumento en términos reales de magnitud aún mayor que el promedio salarial”.
“Además, hay proyección de recuperación de la demanda externa en los próximos meses, la construcción de edificios y obras de vialidad contrarrestan el descenso de empleo en el rubro de la construcción e industrias conexas y la puesta en marcha de la planta de celulosa en el centro del país impulsará la producción”, concluyeron desde Ceres.
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